domingo, 4 de agosto de 2013

Lluvia

Siempre es más divertido de bajada. Escuchas el zumbido de las llantas golpeando el pavimento, pero pronto se interrumpe por el sonido del viento en tus oidos, primero brisa, luego tormenta. Y por un momento cierras los ojos. Si subes la cabeza, es más difícil respirar. Si te inclinas hacia delante, irás más rápido, y el viento ruge un poco más. Y entonces ves caer la primera gota. Dudas haberla visto y pones más atención. Y cae la segunda, la tercera. Sonríes. No hay duda, está lloviendo. Tu amigo te pregunta si quieres buscar refugio, niegas con la cabeza, él también, sonríe. Se adelanta y es como si estuvieras sola, sola solita, y sonríes de nuevo. Pronto estás toda mojada, y el viento te hiela la piel, alivia el calor que causó pedalear la subida. Y vuelves a cerrar los ojos. Quieres ir más rápido, cambias de velocidad pero te da un poco de miedo, dejas de pedalear. Tarde te decides, pero lo haces, aceleras, sientes que te vas a caer. No pasa nada. No pasa nada, pero poco después acaba la bajada. Pero no ves ya una subida, sino la bajada que vendrá después. A demás, está lloviendo. Sonríes de nuevo.

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