lunes, 25 de julio de 2011

Yo sé que aún soy joven



¿Cuántas veces en la vida se puede ser joven?. No me mal entiendas, aún sigo siendo joven, aún me siento joven. Es sólo que a veces me da por ponerme a pensar, a navegar por el mar de la memoria. Y hoy me dio la impresión de que, gota a gota, ese mar se va volviendo océano. Me estoy sintiendo vieja. No lo soy. A veces es una canción la que me hace volver, lo que me hace recordar, como ya lo he dicho antes. No me había dado cuenta de cuánto tiempo llevaba sin recordarlo, hasta que escuché, casi por accidente, aquella canción de nuevo. Esa misma que escuchaba para sentirlo cerca el tiempo que estuve sin él, y lo quise. ¿Cuántas veces uno puede enamorarse como adolescente?, como de ese primer amor platónico que todos sufrimos pero pocos decimos. ¿Cuántas veces en la vida se puede ser joven?, y llorar una y otra vez por un hombre que no vale la pena. No me malinterpretes, yo sé que soy aún joven. Es sólo que a veces me confundo y me da por pensar que la vida se me acaba, y cuando miro atrás me doy cuenta de todo aquello que ha quedado en el pasado y no volverá, de todas aquellas gotas que van haciendo de mi mar un océano, de todas las marcas, cicatrices, fotos viejas, amores caducados, colillas de cigarro, manchas de pintura, óxido de joyas amadas, objetos del baúl y demás mementos de vidas pasadas, de mi vida pasada. Mi mar se vuelve océano y yo frente a mi computadora. Me encontré una cana el otro día, y no me pareció divertido.

¿Cuántas veces en la vida se puede ser joven?, para poder presumirle al mundo una piel perfecta, sin arrugas marcas ni cicatrices; esa inocencia que sólo un niño puede tener.



Yo sé que aún soy joven.

miércoles, 20 de julio de 2011

Muffin la rata

Modificación del comentario que publiqué en "una alimañan disfrazada de Ros, de Ros en su blog nomás uno era de muerte.


Cuando a la gente le cuento que tengo una rata de mascota, lo primero que me preguntan es si es blanca. Si no lo es, es callejera, les asusta y/o les da asco. Y yo no lo compreno. Ellos tampoco comprenden cuando intento explicarles por qué es mejor mascota que un hamster, que un cuyo o un húrón. Más que mi mascota es mi amigo, es mi Muffin, y amo su pelaje gris, gris rata.

Amanece en mi puerta, esperando para saludarme, o se cuela en las noches a mi cuarto para despertarme  en la madrugada. Siempre quiere que lo acaricie o le rasque detrás de las orejas, es como un perrito en miniatura, sólo que mejor. Durante el día se duerme en mi closset o debajo de mi cama, otras veces en el closset de mi madre. Su casita está en el pasillo entre las recámaras, pero nunca lo encontrarás ahí. De vez en cuado mientras trabajo en la computadora lo escucho estornudar. Y sé que está ahí, dormido, y no me atrevo a moverme porque no quiero despertarlo.

A veces salgo con él a la tienda, y siempre es curioso ver las diferentes reacciones de la gente, desde el asco a la fascinación. Me agradan los que sonríen, los que no simplemente me dan igual. Mide 21 centímetros de cola, y según wikipedia debía medir lo mismo de cuerpo. Yo no lo sé, si se hace bolita mide menos, cuando se estira mide más y nunca me ha dejado medirlo mientras camina. Mi madre le dice Ratito, y creo que él piensa que ese es su nombre. Le dice así porque cuando llegó a la casa siendo un niño, escribí en el pizarrón de la sala "Se busca nombre para rato", y alguien me contestó "al ratito te digo". Por si te lo preguntabas; Sí, es niño. Es mi niño.

lunes, 11 de julio de 2011

Lluvia una vez más

Qué cosa tan curiosa es la lluvia. Quién diría que algo tan simple, como agua que cae del cielo, sería capaz de obsesionar a tantos, de causar tal fascinación. La lluvia es una de esas cosas sencillas cuyo encanto no acabo de comprender. Es tal vez ese olor que causa la sensación de estar lavando por dentro los pulmones, llevándose el humo de los cigarros que no debí fumar. Tal vez que nos deja por un momento descansar del sol que quema y corroe. O su sonido que ríe o llora conmigo, que me arrulla, que me hipnotiza. Me pregunto si algún día podré cansarme, si tal cosa sería posible. Y lo dudo. Sería como cansarme de la vida misma, sería como dejar de lado mi parte poeta. Sería como crecer y buscar trabajo en una oficina. Sería madurar y cambiar mi paragüas morado por uno negro, negro como todos los demás. Sería como uniformarme con todos aquellos que andan por la vida como zombies, con todos aquellos que, por no mojarse, no salen de casa.




Tengo que salir y está lloviendo. Lo haría aún si no tuviera una razón.

jueves, 7 de julio de 2011

Una taza de chocolate me hace pensar que...



Siempre me ha parecido curiosa la forma en que se desarrollan las cosas, las formas en que uno evoluciona, las formas en que cambia la vida. Si he de ser honesta, hace un par de años, cuando me preguntaron qué quería hacer de mi vida, jamás me hubiera imaginado que sería la mitad de lo feliz que hoy soy. No te podría decir si me arrepiento, si me gusta o no, si hubiera querido otra cosa. Estoy segura de que si las cosas hubieran sido diferentes y la realidad hubiera sido otra, no tendría idea de que esta "realidad alterna" fuera siquiera posible y no lo extrañaría, no lo sentiría perdido porque en realidad, nunca fue una opción. No podría expicarte porqué es que siento que esta vida que hoy vivo, no estaba destinada a ser. Que en algún momento de mi pasado, tomé a la derecha cuando en el libro decía que debía tomar a la izquierda, ¿Me explico? No sabría cómo explicarte qué es eso que me hace pensar que hay algo, un registro de posibles futuros, un libro de direcciones pre-programadas, un plan para cada uno de nosotros y que, esto, que estoy viviendo, no era parte del plan. No era parte de mi plan.


Y te diré que no se me ocurre una forma en que las cosas podrían haber sido mejores...

miércoles, 6 de julio de 2011

La primera tortuga


Habré tenido unos 6 o 7 años, fue en una de tantas salidas de vacaciones que recuerdo con mi familia durante mi infancia. Mi papá, mi mamá, mi hermano y yo, embarcados en un coche que ya era viejo cuando lo compraron; un LeBaron guinda, si mi memoria no falla. En sea ocasión fuimos a Acapulco, en un tiempo en el que sus playas aún no olían a petroleo. He de decir que es poco lo que recuerdo de ese viaje, y casi podría decir que la única razón por la que lo recuerdo es por mi tortuga-alahero de barro.

Me hospedé con mi familia en un hotel que, a los ojos de una niña de 6-7 años, era enorme. Recuerdo paredes blancas y jardines, no lo suficiente como para reconocerlo hoy. La cosa es que una tarde apareció por ahí un señor con figuras de barro, pintadas de blanco con líneas negras. La idea era que cada quién debía pintar la suya. Yo elegí una tortuga, y por supuesto, la pinté de muchos colores. El señor nos dijo que nos dejaría nuestras figuras en la recepción para que pasaramos por ellas en la mañana, porque debía hornear la pintura y barnizarlas. Lo curioso del caso fue que al día siguiente, cuando bajé por mi tortuga, resultó que alguien más se había llevado la que yo había pintado y dejado la suya en su lugar. Todos opinaban que la mía había quedado mejor, para empezar porque era simétrica y la base no era verde, como sería lo lógico. Claro que me entristeció y mucho, pero aún así quise la tortuga que me quedaba, y aún hoy la considero uno de mis más grandes tesoros.

domingo, 3 de julio de 2011

Café, lluvia, tortugas y demás clichés...

Comencé a escribir esta entrada como un comentario a una entrada de otro blog; (inserte olorsito café-canela)

Recuerdo que de niña, cuando pasaba en las noches por la casa del niño que me gustaba (el primero), siempre olía a café con canela. Su mamá lo hacía, cada noche. Al final recuerdo más los paseos nocturnos que al niño aquél. Ese año llovió mucho, fue más o menos en ese tiempo que aprendí a mojarme con la lluvia y a saltar a los caracoles que, en las noches de lluvia, salen al cemento por alguna razón que aún hoy desconozco. Nunca me ha caido bien la gente que camina bajo la lluvia sin tener cuidado de no pisar los caracoles. Fue mucho tiempo después que encontré los paragüas, y me enamoré de ellos. Descubrí que existía una forma de caminar bajo la lluvia y no tener frío que, a demás de todo, se ve genial. Mi paragüas actual es morado, el anterior fue rojo si mal no recuerdo y el siguiente será rosa o amarillo; Me prometí a mi misma que nunca usaría un paragüas aburrido. Un paragüas extravagante está en la lista de cosas que jamás sería un error regalarme, como las tortugas o las bufandas o las cajas o los candados y en general cualquier cosa curiosa, que se salga de lo ordinario, que tenga algo de divertido. Tengo una colección de cada una de esas cosas y cada una de ellas tiene su historia particular. Un día de estos empezaré a clasificarlas y escribir sobre ellas, sería divertido, al menos para mi. Probablemente lo haga aún si nadie más piensa que es divertido.