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sábado, 31 de agosto de 2013

Un pez con plumas

Para los que no lo saben, septiembre es mi mes favorito del año. Comienza el otoño y el aire vuela distinto, huele distinto, la luz cambia de color y da la impresión de que el ambiente se vuelve más silencioso. Es el atardecer del año, atardecer todo el día. No hay mejor cielo para volar. Cada año escribo a cerca de él, y prometo no cansarme. Prometo darme el tiempo un día de estos para tumbarme por la tarde a observar las nubes solamente, como hace tantos años solía trepar el capulín junto a la casa y dejar el tiempo pasar. Entonces, cuando sí podía. Curioso, que los mejores años de mi vida, hayan sido también los peores. Extrañaba ese ambiente melancólico otoñal, tanto como las últimas lluvias del verano. No entiendo cómo esperaba encontrar en la tierra a alguien que tuviera alas, si todos los ellos están allá arriba volando. Tenía que aprender a volar para encontrar a quien volara conmigo.

Venía pensando hace rato, de camino a mi casa, con la lluvia golpeteando los cristales del vagón y la voz de una compañera de la escuela resonando en mis oidos. Siempre he sido una persona retraida y silenciosa, no pretendo cambarlo, pero noté que no recordaba de dónde salieron la mitad de mis miedos. Entre ellos la claustrofobia. Hasta hace no mucho creí no tenerle miedo a nada, o decía que no sabía a qué le temía. Era más bien que no sabía cómo llamarle a la ansiedad que me provoca estar en un lugar desconocido y con las puertas cerradas. Y comencé a recordar, ¿De dónde había salido? Mi primera impresión fue que había salido de la nada, a diferencia de la mayoría de la gente que queda marcada después de un encierro prolongado o traumático. Pero luego recordé, el momento en que el maestro salía del salón de la secundaria y entonces no sabía de dónde llegaría la primera bola de papel, el primer golpe, las primeras palabras hirientes. No, no es que hubiera olvidado el evento, sino que hasta hoy no había relacionado la sensación. Quiero creer que es el primer paso para sanarlo, para aprender a quitarme un miedo más.

Siempre me han gustado los peces, desde muy niña. Me identifico con ellos, ágiles, libres, pequeños. Recuerdo cuando una vez en la primaria una niña llevó a la escuela una de esas revistas para adolescentes con cuestionarios estúpidos, estilo test de personalidad. Uno de ellos se suponía que te diría qué elemento eras. Cuando lo respondí me dio como resultado tierra. Y yo pensé que aquello era estúpido, si yo soy agua. Siempre he sido agua, siempre lo seré. Curioso que un pez, como yo, esté tan obsesionado con volar, ¿No crees?



Volar es como andar en bici, estoy casi segura, casi casi segura.
A veces me gustaría poder soltar el manubrio, extender los brazos, dejarme llevar.
Me da miedo, pero tal vez un día lo haga.

jueves, 27 de junio de 2013

Cicatrices

La primera vez que me quité las muñequeras me sentí desnuda. Como, completamente desnuda, todos mis secretos al descubierto, todo lo que siento y lo que soy, desnuda. Metía mis manos en los bolsillos, usaba blusas de manga larga porque, a pesar de que había tomado la desición, las cicatrices me daban vergüenza, una vergüenza que me era antes desconocida. Estaba desnuda, en especial mi muñeca izquierda. Me preocupaba que en una de esas alguien me preguntara por ella, ¿Qué le diría? ¿Cómo mentir a cerca de algo así? ¿Cómo ocultar lo que realmente era?. Me tomó bastante más de un año acostumbrarme, y tal vez lo logré porque nunca nadie preguntó. Los que me conocían realmente, lo sabían, los que no, nunca lo harían. Eventualmente se convirtieron en un recordatorio de algo que deseaba nunca haber sido, jamás, un pasado tormentoso del que me arrepentía, un pasado que las cicatrices nunca me permitirían olvidar. Solía pensar que sería así el resto de mis días, que era como el tatuaje que no me atreví a hacerme, algo que me definiría toda mi vida y que no me arrepentiría. Claro que, en realidad, sí me atreví y sí lo hice, me hice el tatuaje. Y sí, también me arrepentí, y mucho. A pesar de que ahora no trato de esconderlas como antes, sino que al contrario, procuro no usar ni una pulsera -no por exhibirlo, sino por no negarlo-, siguen siendo algo de lo que me avergüenzo.

Alguna vez escribí cómo era, con lujo de detalle. El momento antes, durante y después. No sé si me gustaría saber dónde lo escribí, no sé si me gustaría volverlo a leer. No sé si sería capaz, pero recuerdo algunos fragmentos. Hace poco, un paseo de fin de semana con mi primo de 9 años, recordé de dónde salió ese afán mío de no olvidar detalle de mi vida. Cuando era niña la gente ignoraba lo que decía, me trataba como idiota, no me tomaban en cuenta para nada, me decían que era tonta en cada oportunidad que tenían, que rompía cosas, que era mala en matemáticas, que sacaba malas calificaciones. Nadie me entendia cuando hablaba, era tartamuda. Nadie a excepción de mi madre. Un día sentí que de alguna manera estaba creciendo, que estaba madurando, sentí mucho miedo. El mundo comenzó a encogerse ante mis ojos y yo le temí a las alturas, temí que si me convertía en uno de esos hombres adultos que me ignoraba, tal vez un día yo podría herir a un niño como me habían herido a mi. Y sentí más miedo. Decidí  que no podía olvidar lo que era ser niña, decidí que jamás me permitiría olvidar, y comencé a escribir. Estaba en la secundaria, mismo tiempo en que comenzaron a aparecer, una a una, las cicatrices.

Alguna vez me preguntaron por qué lo hacía, si quería sentir dolor, por qué no hacer algo que no dejara tantas marcas. La verdad es que nunca dolió. Otra vez me preguntaron que por qué no esperaba para ver mi sangre cada mes. Y ese tampoco era el punto, esa pregunta sólo logró ofenderme. Lo hacía porque me hacía sentir más cerca del final, de la muerte, de ese punto en el que todas las tormentas quedarían atrás. No hacerlo realmente profundo no era cobardía ante la muerte, sino ante la vida. La media-muerte era el refugio que me quedaba ante un mundo hostil y mal encuadrado que me atacaba sin darle yo alguna razón aparente. Solía emborracharme sola en las noches para escapar de la realidad, y temí que en alguna de esas noches la navaja fuera a llegar más lejos de lo esperado. Un día decidí vivir y dejé de tomar, dejé de fumar, y dejé de cortar mi muñeca, pero pasaron años para que esto pasara.

Se llamaba María la chica que me enseñó que aquello era posible, aunque el suyo, el que me enseñó, era sólo un rasguño, como cuando te rascas con una uña rota. La primera vez que yo lo hice corté mi brazo completo, una sóla línea, larga. Mi hermano la vió y sospechó lo que era. Le dije que alguien me había rasguñado por accidente, jugando. Le mentí. Me compré una muñequera de piel negra en Coyoacán y reduje el tamaño de las heridas, pero aumenté su profundidad. No dolía, no. No temía al dolor antes de hacerlo, me emocionaba ver la navaja cerca de mi piel y poco a poco sentirla desgarrándome, recuerdo la sensación, ahora me parece bastante desagradable. Pero en ese entonces era mi alivio, mi refugio, de pronto empezaba a sangrar, y de alguna manera todo estaba mejor, como si fuera posible que así escapara algo, un poco aunque fuera, de esa maldita tristeza, de esa melancolía. No dolía hasta después, y entonces la culpa y la vergüenza ganaban, la tristeza golpeaba más fuerte y yo decidía encerrarme hasta que no se notara que había llorado. Y usualmente lo hacía más de una vez en un día, seguido no había sanado la anterior cuando hacía la siguiente. Podía pasar días encerrada en mi habitación, sin comer, a penas tomando agua, nadie notaba si yo no estaba alrededor, nadie se preocupaba por mi o nadie parecía hacerlo. Nunca jamás me sentí más sola, más invisible. Pensaba que no había nada en mi rescatable y me dedicaba a llorar mi soledad, decía que robaba el aire de los vivos, que yo no lo estaba, que sólo era un desperdicio de espacio, de carne, de aire, de comida, de tiempo, de humano. Y procuraba no respirar demasiado, no comer, no estorbar. Al principio dolía cuando algo o alguien tocaba la muñequera por accidente, cuando me vestía, siempre de negro. Eventualmente la zona se volvió insensible, hasta la fecha, ahí, todo lo que siento es temperatura. Es realmente extraño, por eso no me gusta que me toquen.

Recuerdo claramente algo que me dijo mi primer novio "oficial", me dijo, "me duele más a mi que a ti cuando haces eso", y tenía razón, a mi no me dolía. Traté de dejarlo entonces, pero no pude. Ahora sé que ese tipo de sustancias, esas sustancias que genera el cerebro, causan adicción, no muy diferente a la adicción al cigarro o al alcohol, no muy diferente de cualquier droga. Entonces no lo sabía y me llamé cobarde, seguí haciéndolo mucho tiempo después, aún hoy a veces me encuentro llamándome cobarde, sabiendo que la verdad es que no lo soy. Pasaron años todavía después de eso para que realmente dejara de hacerlo, años y mucho trabajo, trabajo que en su tiempo no me pareció que fuera a llevar a ningún lado.

Fue otro novio "oficial" el que me llevó, casi a la fuerza, a un lugar en el que enseñaban un "Método Silva de control mental". Le comenté que la cosa aquella existía, y él, cosa que yo no sabía, estaba desesperado por sacarme de ese torbellino oscuro del que me negaba a salir. Todavía escribía en cuadernos en lugar de un blog, un cuaderno totalmente privado que se suponía nadie vería jamás. No era, sin embargo, como un diario. En él procuraba retratar todo aquello que me negaba a olvidar, no eventos sino sensaciones, colores, aromas, sentimientos. Me retrataba a mi misma y mis ganas de volar lejos, lejos. Eran cuadernos de forma francesa, cuadro chico, scribe de esos de pasta plástica. En la hoja del final ponía un punto por cuadrito cada vez que pensaba en quitarme la vida, decía que si un día esa hoja se llenaba, antes de que se acabara el cuaderno en turno, lo haría, sin miedo, sin mirar atrás. Pensaba que si lo pensaba tanto era porque realmente lo quería, y que un día la hoja se iba a llenar y entonces ya nada valdría la pena. Más de una vez la hoja pasó de los tres cuartos. Un día él me confesó que abría mis cuadernos seguido para confirmar que esa hoja no se llenara, él tenía miedo, también, de mis pensamientos suicidas.

Fue en uno de esos cuadernos en el que tomé notas de aquél primer curso de cosas espirituales al que me llevaron a rastras a pesar que que fue mi idea en primer lugar. Entré al salón sin prejuicios y sin embargo sintiéndome ajena totalmente a esa gente que me decía que "pensara positivo", que "todo estaría bien", que "no había nada mal en mi". Una parte de mi decía "PENDEJADAS!", y procuraba escapar. Otra parte se sintió en casa y al final, fue esa pequeña Sofía en mi oido izquierdo, diciéndome que el camino está y siempre ha estado bajo mis pies, quien me mantuvo de pie, como los árboles, muriendo y naciendo a ciclos que aún hoy parecen interminables. Pasaron varios años antes de convencerme de la existencia de un mundo no-material, un mundo mejor y para nada inalcanzable, que podía hacer que ese torbellino oscuro se convirtiera en suave brisa rosa con brillos dorados. En ese entonces no lo sabía que eso fuera posible.

Se llama Diana la mujer que me dio uno de los mejores regalos que me han dado en la vida, una alberca tibia y sapos gigantes, aún cuando fue sólo un fin de semana. Se llama Diksha la cosa espiritual que me enseñaron. Aunque yo conocía ya algo de un mundo espiritual, inmaterial e inalcanzable, separado de mi y de Dios mismo, no encontré hasta entonces el impulso para por fin dejarme llevar por la corriente. Lo hice literalmente cuando, en el río que cruza el terreno, lancé lo más lejos que pude la última pulsera negra que usaría en mi vida. Fue entonces cuando llegué a creer que había encontrado el camino a casa, y no estaba en Coyoacán. Tampoco en la casita blanca junto al río, con su árbol de capulín y su techo con vista panorámica, sino aquí en mi pecho, latiendo día tras día sin cansarse y susurrando en cada impulso de vida que no nací para ser poca cosa, que no nací para pasar desapercibida, que nací porque merezco el aire que respiro y mucho más que eso.

Tal vez a la fecha no sé quién soy en su totalidad. Tal vez hay cosas que nunca cambian y pasarán varios años más para que se terminen los torbellinos del todo. Tal vez de eso se trata la vida y no termine hasta mi muerte. Tal vez hay cosas del pasado que por más que no queremos nos marcan en el alma, y por eso no tendría sentido borrar las cicatrices físicas, porque siguen en mi corazón. Al menos hoy me conozco un poco más y me agrado, soy adorable, pero no creo haberme visto nunca de frente. Sin embargo el camino ante mis pies se extiende y planeo seguirlo, aún con miedo, con manías depresivas, dislexia y déficit de atención. Es verdad que mi cerebro es defectuoso pero es él mismo el que me hace especial, diferente a los demás, por él sobresalgo. Recorreré este mundo con la mirada en alto porque sé lo que hay debajo, porque conozco los torbellinos y conozco esa soledad, ese mundo al que ya no pertenezco. Uno de estos días me saldré a volar para encontrar allá, en el cielo, cerquita de Dios, la felicidad. Usaré un traje que me haga libre, para volar lejos, lejos, un traje Violeta Jacaranda.

martes, 17 de abril de 2012

Inventario

Tengo tiempo suficiente para escribir hasta que se acabe la batería de la computadora, pero no suficientes cosas para escribir en tanto tiempo. Tengo una coneja, dos jerbos, dos peces beta, cada uno en su respectiva copa, en el lavabo del baño de arriba. Mañana por la mañana tal vez ocupen su lugar en la repisa de las tortugas. Tengo una cama con su mosquitero, mi colección de velas y una que otra caja curiosa, cada una con sus respectivas cosas curiosas en el interior. Tengo cuatro cajones de cartón y una caja llenos de materiales de dibujo, de pintura y un restirador, cuatro juegos de escuadras completos y dos incompletos. Una lámpara de estudio, luz eléctrica y una computadora con illustrator, photoshop y algunos otros programas de diseño que uno uso y/o desconozco. Una cámara reflex 35mm y más cuadernos de los que uso para escribir. Tengo más recuerdos desagradables de los que me gustaría contar, dos casi-muertes y varias despedidas amargas. Tengo en los ojos un brillo especial que muchos han tratado de describirme y yo aún no alcanzo a comprender. Tengo una soberbia del tamaño del mundo, más paciencia de la que soy capaz de tolerar y menos gula de la que me gustaría tener. Un librero lleno de libros, un tercio literatura, un tercio artes y otro tercio espiritualidad. Menos amigos de los que se cuentan con una mano, no suficientes conocidos y pocas ganas de conocer gente. Ocho dedos que uso para escribir en teclado y dos que no se creen suficientemente fuertes. Tengo más tiempo del que necesito para vivir y menos del que me gustaría tener. Ganas de conocer el mundo y tomarle fotos, tanas como de quedarme hasta tarde cada mañana acurrucada en mi cama. Tengo un techo sobre mi cabeza, más ropa de la que necesito y más comida de la que puedo comer. Tengo un novio maravilloso, una madre incomparable y un hermano que me ama.


¿Qué más podría pedir?

viernes, 27 de enero de 2012

25 de enero 2012, 2:35 pm

Me acostumbré a verte, creyéndote bolita de pelos en el piso de mi cuarto. Pensé que siempre estarías ahí, esperando a que llegara en las noches, esperando para saludarme. Sabía que un día te irías, y que por saberlo, no dolería tanto. Pensé que estaba preparada. Te lloré antes de tiempo, pero lloro más ahora que ya no tenemos tiempo. Me encierro en mi cuarto, que era nuestro cuarto, y todo lo que veo eres tú. Me siento como respirando agua, te siento aquí a mi lado. Juro que te escucho, pero volteo y ya no estás. Se me olvidó abrazarte más cuando aún teníamos tiempo, caminar a tu lado, rascarte detrás de la oreja que era todo lo que querías. Siempre dije que no tenía amigos de la infancia, vaya día vengo a enterarme de que eso era una mentira.

Dos medallas de obediencia y una de guardia y protección para un poodle de treinta centímetros y una niña de siete años. Un collar blanco nacarado y uno de cadenita. Tres correas amarillas, una almohada deshecha y un swetercito café. Un plato de comida negro y vacío, vacío como mi cuarto sin tí.



Cindy
1997-2012

martes, 6 de diciembre de 2011

Somiatruites

Si tratara de contar la cantidad de gente que ha pasado por mi vida, y se ha marchado, seguramente me volvería loca. No acabaría esta noche de contar todas esas historias y francamente no tengo ganas. Todo se resume a que la gente siempre me ha importado poco, y yo sé que he dicho esto muchas veces antes. Volvería a decirlo, no porque me guste sino porque esa ha sido la condición que ha marcado mi vida desde que era niña. Dejar de comer carne, de tomar, de fumar, no parecen cambios significativos cuando se ven desde afuera, uno no pensaría que esa sería una medida para decir cuánto a cambiado alguien con el pasar de los años. Los cambios que realmente valen, los que realmente importan, son los que se ven desde adentro; los que no se ven pero se sienten. Estaba pensando que tal vez si encontrara a uno de esos fantasmas, de esos humanos que dejaron mi vida años atrás, probablemente no pensarían que he cambiado tanto como he cambiado, que no se darían cuenta, que me tratarían como si siguiera siendo la misma, como si siguiera pensando lo mismo, como si siguiera haciendo las mismas cosas. Supongo que sobra decir que así fue cuando me encontré con uno de ellos en facebook el otro dí: Como mirarse en un espejo por el que el tiempo no pasa, en el que el tiempo se ve congelado. Y déjame decirte, que no me gustó lo que ví, y cuando lo ví por un momento me pregunté si todavía puedo ser feliz, después de todo lo que ha pasado estos últimos meses. Me pregunté si los sacrificios valieron la pena, si me gusta el lugar donde estoy parada. La respuesta a todo fue sí, un sí de esos que van seguido por un "¿En serio me preguntaste eso?".

lunes, 25 de julio de 2011

Meme para una mañana de lunes (o Entrada número 100)

meme robado de nomás uno era de muerte... ya se me va haciendo costumbre :$


Primer paso:
-Deletrea tu nombre con canciones:
Somiatrutires - Albert Plá
O' Children - Nick Cave & The bad seeds
Far far - Yael Naim
Immune - Tinfed
Angels on the moon - Thriving Ivory


Segundo paso:
- Nombre: Sofia Jacques
- Fecha de nacimiento: 17 de Julio, año desconocido
-Apodo: No tengo uno, pero hay quien me dice Irinkah
- Color de ojos: Café oscuro, como color ébano
- Color de cabello: Castaño oscuro
- Signo del zodiaco: Tortuga en el maya, Cáncer en el occidental... me gustan más las tortugas


Tercer paso:
- Los zapatos que llevabas hoy: Son las 11am... no traigo zapatos todavía
- Tu miedo: Todavía no tengo idea
- Tu pizza perfecta: Una de quesos que probé en Oaxaca hace tiempo
- Qué objetivo deseas alcanzar?: A largo plazo, una familia feliz, a corto, ser una fotógrafa con todas sus letras



Cuarto paso:
- Tu mejor característica física: Mi novio dice que mis ojos, a mi me gusta mi cabello
- Tu hora de acostarse?: Depende, últimamente por ahí de la 1, 2 am, lo normal es a la media noche
- La mayor perdida de memoria?: Ninguna que yo recuerde



Quinto paso:
- Pepsi o Coca Cola?: Normalmente prefiero no tomar refresco
- McDonald's o de Burger King: Llámenme hippie...
- Adidas o Nike?: Ya han de ser unos 5 años que llevo usando panam
- Lipton Ice Tea o Nestea: No me gustan los tés artificiales, en eso de la comida estoy chapada a la antigua; me gusta hervir hierbitas
- Chocolate o Vainilla: Chocolate!! siempre chocolate!!
- Capuchino o café: Ahm, considerando que Capuccino es una forma de preparar café... diría que los dos me gustan, aunque el café me altera, demasiado



Sexto paso:
¿Tu ...
- Maldices: Sólo cuando estoy muy enojada, cosa que casi nunca pasa
- Cantas: Siempre que puedo, y que nadie me escuche
- Tomas una ducha diaria: Cuando hace mucho calor, hasta dos en un día, cuando hace mucho frío, un día sí uno no. Lo normal es que me sienta incómoda si no me baño
- Crees que has estado enamorado: Más de una vez, sí
- Quieres ir a la universidad: Nunca me ha gustado la escuela, pero nací con una necesidad antinatural de  aprender
- Quieres casarte?: Sólo una vez en la vida, sí
- Sales junto con tus padres?: Con mi madre, de vez en cuando



Séptimo paso:
En el pasado mes...
- Ido al centro comercial: Síiiii!!! al cine a ver Harry Potter :D
- Comerse una caja entera de Oreos: Ahm... no entiendo la pregunta...
- Comido Sushi: En 2x1 de SushiRoll -babeo-
- Estar en el escenario: No no no no no no -pánico escénico-
- Patinar: No, pero ya me dieron ganas
- Hecho en casa "cookies": No, pero ya me dieron ganas
- Nadaste desnudo: Será lo primero que haga en mi casa con alberca :D, pero en este mes, no
- Robo de cualquier cosa: No, no que yo sepa



Octavo paso:
Alguna vez ...
- Jugaste un juego que requiere la eliminación de la ropa: Noup
- Has sido golpeado: Noup
- Robado en tiendas: Noup



Noveno paso:
- A qué edad esperas casarte: La edad no es lo importante
- Número de niños: Tres, dos niñas y un niño o dos niños y una niña... pero nunca tres niños o tres niñas, me volvería loca :S. Una de las niñas se tiene que llamar Isabel
- Describir la boda de sus sueños: En un bosque, lejos de todo, con poca familia y amigos, algo así como una ceremonia celta, yo descalza y con un vestido como el de Fleur en la penúltima de Harry Potter, hecho por un modista profesional a mi medida, claro
- ¿Qué país/ciudad te gustaría visitar más?: Canadá, Nueva York, Londres, París... no necesariamente en ese orden



Décimo paso:
En el sexo opuesto...
- Mejor color de ojos?: No es el color, es la mirada, el color no importa siempre y cuando esté enamorada
- Mejor color de cabello?: Negro
- El cabello corto o cabello largo?: Largo, siempre largo
- Altura: Poquito más alto que yo, aunque es trampa si mido metro y medio...



Onceavo paso:
- Número de personas en las que puedo confiar mi vida: Mi madre, mi novio y mi hermano, nadie más.
- Número de discos que tengo: Han de ser como 5 back ups de todos los datos de mi lap, incluida la música
- Número de tatuajes: Considero muy seriamente tatuarme una flor de cerezo, pero eso ya lleva años en planes...
- Número de perforaciones: No, ninguna. De niña me hicieron para aretes, pero soy alérgica y por no usarlos se cerraron



Cuestionario personal:
- ¿Con quién estabas ayer?: Con mi nopio en la mañana, con mi madre en la noche
- ¿Qué te despertó esta mañana?: Yo solita
- ¿Dondé estás?: En mi cuarto, cantando como loca :D
- ¿Esperas que mañana sea un gran día?: No tiene pintas dé, pero sé que al menos será un buen día
- ¿Te gusta alguien?: No me gusta, estoy enamorada

Yo sé que aún soy joven



¿Cuántas veces en la vida se puede ser joven?. No me mal entiendas, aún sigo siendo joven, aún me siento joven. Es sólo que a veces me da por ponerme a pensar, a navegar por el mar de la memoria. Y hoy me dio la impresión de que, gota a gota, ese mar se va volviendo océano. Me estoy sintiendo vieja. No lo soy. A veces es una canción la que me hace volver, lo que me hace recordar, como ya lo he dicho antes. No me había dado cuenta de cuánto tiempo llevaba sin recordarlo, hasta que escuché, casi por accidente, aquella canción de nuevo. Esa misma que escuchaba para sentirlo cerca el tiempo que estuve sin él, y lo quise. ¿Cuántas veces uno puede enamorarse como adolescente?, como de ese primer amor platónico que todos sufrimos pero pocos decimos. ¿Cuántas veces en la vida se puede ser joven?, y llorar una y otra vez por un hombre que no vale la pena. No me malinterpretes, yo sé que soy aún joven. Es sólo que a veces me confundo y me da por pensar que la vida se me acaba, y cuando miro atrás me doy cuenta de todo aquello que ha quedado en el pasado y no volverá, de todas aquellas gotas que van haciendo de mi mar un océano, de todas las marcas, cicatrices, fotos viejas, amores caducados, colillas de cigarro, manchas de pintura, óxido de joyas amadas, objetos del baúl y demás mementos de vidas pasadas, de mi vida pasada. Mi mar se vuelve océano y yo frente a mi computadora. Me encontré una cana el otro día, y no me pareció divertido.

¿Cuántas veces en la vida se puede ser joven?, para poder presumirle al mundo una piel perfecta, sin arrugas marcas ni cicatrices; esa inocencia que sólo un niño puede tener.



Yo sé que aún soy joven.

domingo, 3 de julio de 2011

Café, lluvia, tortugas y demás clichés...

Comencé a escribir esta entrada como un comentario a una entrada de otro blog; (inserte olorsito café-canela)

Recuerdo que de niña, cuando pasaba en las noches por la casa del niño que me gustaba (el primero), siempre olía a café con canela. Su mamá lo hacía, cada noche. Al final recuerdo más los paseos nocturnos que al niño aquél. Ese año llovió mucho, fue más o menos en ese tiempo que aprendí a mojarme con la lluvia y a saltar a los caracoles que, en las noches de lluvia, salen al cemento por alguna razón que aún hoy desconozco. Nunca me ha caido bien la gente que camina bajo la lluvia sin tener cuidado de no pisar los caracoles. Fue mucho tiempo después que encontré los paragüas, y me enamoré de ellos. Descubrí que existía una forma de caminar bajo la lluvia y no tener frío que, a demás de todo, se ve genial. Mi paragüas actual es morado, el anterior fue rojo si mal no recuerdo y el siguiente será rosa o amarillo; Me prometí a mi misma que nunca usaría un paragüas aburrido. Un paragüas extravagante está en la lista de cosas que jamás sería un error regalarme, como las tortugas o las bufandas o las cajas o los candados y en general cualquier cosa curiosa, que se salga de lo ordinario, que tenga algo de divertido. Tengo una colección de cada una de esas cosas y cada una de ellas tiene su historia particular. Un día de estos empezaré a clasificarlas y escribir sobre ellas, sería divertido, al menos para mi. Probablemente lo haga aún si nadie más piensa que es divertido.

sábado, 14 de mayo de 2011

Canciones prohibidas

Canción elegida al azar por winamp que por alguna bizarra razón, queda.


Todavía me acuerdo bien de cierto joven que, en su iPod, llevaba una carpeta que se titulaba "canciones prohibidas". Nunca me quedó claro por qué les ponía ese nombre, cuáles eran sus razones personales para prohibirse una canción, pero debo admitir que tengo yo también mi lista propia de canciones prohibidas. Por buenas y muchas razones, hay canciones, letras o melodías que evito escuchar, al menos en momentos comunes. Cada canción tiene su momento y hay momentos que no se repiten. Hay canciones que no deben repetirse. Hay canciones que, sin querer, hacen que los momentos se repitan. Hay momentos que no deben repetirse. No quiero ya atarme al pasado, no puedo seguir viviendo así y no sé cómo evitarlo. Y seguiré sin poder evitarlo si para empezar no dejo ir a las canciones que me atan al pasado. Me gusta mi pasado, lo extraño, lo encuentro cómodo pero no me deja seguir andando. Hay cosas, ciertos detalles, que me hacen pensar que tal vez me hubiera gustado jamás haber encontrado esa forma de viajar en el tiempo. Tal vez después de todo viajar en el tiempo no sea tan buena idea; Es sólo una forma de hacer permanente algo que al final no debió haber sido guardado. No puedo seguir viajando en el tiempo y no sé cómo detenerme.

¿Alguna vez has tratado de tener la mente en blanco, de no pensar en nada, y cuando lo haces no puedes evitar pensar "no pienses en nada"? O, ¿Alguna vez te ha pasado que prohibirte tener un pensamiento, lo único que logra es hacer que no puedas pensar en otra cosa?. Es tal vez por eso que los fantasmas no dejan de cazarme. Es tal vez por eso que no puedo evitar pensar en cosas que no quiero ya en mi vida. Estoy cansada. Cansada de ellos, de su recuerdo, de sus fantasmas. Estoy cansada de escucharlos en cada canción, de buscar sus rostros entre la gente sabiendo que no están ahí. Estoy cansada de que las calles me los recuerden, de encontrarlos en detalles de personas que no conozco. Estoy cansada y no sé cómo sacarlos de mi mente. No sé si eso sea posible del todo... sacar algo deliberadamente, lo que sea, de mi mente.

Winamp conspira en mi contra. Yo lo sé.

jueves, 28 de abril de 2011

Editar la vida

¿Y si tuviéramos el absoluto control sobre nuestra memoria? Si un día pasara algo y decidieras que quieres borrarlo permanentemente, ¿Lo harías? "Eternal sunshine of a spotless mind", se llamaba la película. Y me estaba preguntando cómo sería si aquello fuera posible. Me estaba preguntando si yo sería capaz de borrar un evento de mi memoria. Un evento tal vez agradable, importante, pero que, por el bien de todos los implicados, es mejor borrarlo, ¿Lo haría? Eso implicaría olvidar no sólo lo que pasó sino también lo que sentí, pensé y aprendí en el proceso. ¿Lo haría?, no lo sé. Me reconforta saber que no es posible, que tal tecnología no existe. Me reconforta poder confiar en mi buena memoria, que no hay forma de que, aunque quisiera, llegara a olvidar algo importante. Pero, ¿Qué sería de mi si, por ejemplo, olvidara todo lo que ha pasado hasta un tiempo en el que aún fumaba?, Si, un día, pensando que aún fumo, lo hiciera y me hiciera daño. O que sin saber que mi cuerpo ya no acostumbra comer carne roja y un día, sin saber eso, lo hiciera. Supongo que cada decisión en esta vida tiene sus riesgos y sus consecuencias. Esa podría ser precisamente una buena razón para borrar deliberadamente mi memoria; Ahorrarme las consecuencias de mis actos. Y podría ser que tenga sentido, probablemente lo tiene. Es decir, si algo no pasó, pues no pasó y ya, y eso no tiene nada de malo. Una vez que uno lo decide no hay vuelta atrás, una vez que algo se olvida, queda olvidado y ya nunca pasó. Pero siempre me quedará la duda de si he olvidado algo que no debía olvidar, algo que tal vez no quería olvidar. Pero, sólo por si acaso, si un día hago algo que sé que "nunca pasó", al menos haré que valga la pena. Me pregunto si, si es que alguna vez olvidé algo que pasó, algo que tal vez no debió pasar, mínimo valió la pena.

A veces no se trata de olvidar, sino de dejar ir.

lunes, 11 de abril de 2011

Mujeres

Nunca me vi a mi misma como una persona sociable. Eso ya todo el mundo lo sabe y lo he dicho antes. Siempre he preferido el canto de los grillos sobre las voces de los humanos. Los humanos me hacen sentir incómoda, y que yo recuerde siempre ha sido así. Lo que siempre me ha parecido curioso es que piensen que me gustan las cosas de esa manera y que yo lo quiero así. Tampoco puedo decir que sea lo contrario, no me desagrada ni trataría de cambiarlo. Los humanos me atormentan, me complican la vida, y en particular las mujeres me causan problemas; Nunca he encontrado una que me entienda, a excepción de mi madre, pero siendo mi madre no cuenta. Si bien me di el tiempo de comprender sus protocolos, sus códigos, la forma en que tratan entre ellas y se comunican, la forma en que reaccionan en ciertas circunstancias, un poco de la forma en que piensan y ven la vida, nunca logré convivir con una. Se burlan de mi diciendo que las trato como objetos de estudio más que como seres humanos, como amigas. No es muy diferente de cómo trato a los varones cuando todavía no llego a conocerlos bien. Los pocos que me conocen sabrán, o deberían saber, que hay una serie de requisitos que deben cumplir para ser considerados mis amigos; Nunca he encontrado nada parecido en una fémina. Podría llamarle desconfianza y pocas ganas de cambiar,  digamos evolucionar, lo que me mantiene creyendo que las mujeres, para mi, son y siempre serán objetos de estudio. Y muchas veces me he sorprendido usando esas artimañas que son típicas de las mujeres,  manipulando gente, usando esos beneficios de los que una mujer goza por el simple hecho de ser mujer. Lo soy y estoy orgullosa de ello, y esa podría ser una de las razones por las que encuentro tan inquitante el no poder convivir con ellas.

Muchas veces en mi infancia llegaron a compararme con un niño; jugaba con mi hermano con pelotas en lugar de aprender a peinarme y maquillarme, hacía aviones en lugar de jugar a "la comidita", me regalaban bolsas de mano de juguete y yo las usaba para guardar carritos de juguete. Y de eso culpo en parte a mi hermano, aunque he de decir que de ninguna manera me arrepiento. Tal vez podría decir que me avergüenza un poco el hecho de que aprendí a peinarme a los doce años, y eso porque un día me vi obligada o más bien me obligaron; Yo nunca vi necesidad de tal cosa. Y claro, como consecuencia el resto de las niñas me trataba como si yo fuera diferente. A veces creo que en realidad fui diferente, y que eso me dejó marcada por el resto de mis días. No diría que me arrepiento, claro que no, pero tampoco lo agradezco. Mientras que por un lado este escenario me dio la capacidad de ver las cosas desde un punto de vista diferente, también me hizo ser un alien; Como ha sido siempre, en muchos aspectos de mi vida, no pertenezco ni a un mundo ni al otro. Tal vez nunca lo haré.

domingo, 27 de marzo de 2011

Never

Si hay algo que extraño de mi antigua yo es esa forma que tenía de convertir gritos en palabras. Hoy, por accidente, casi envié por correo escritos de aquella época que me gustaría nunca haber tenido razones para escribir. Ha pasado ya tanto tiempo que me cuesta trabajo pensar que esa fui yo. Me avergüenza un poco, de todas formas, saber que esa chica rebelde, explosiva, autodestructiva, aún vive amordazada en algún lugar dentro de mi. Me gusta pensar que vendrán tiempos mejores, mejores incluso que estos de los que no me quejo en absoluto. Me gusta saber que pase lo que pase, Diana no volverá.
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Cansancio (Sin editar ni corregir)


Estoy cansada de escribirte y de pensarte. Estoy harta de husmear en la memoria, de buscar tus labios, tus gestos, tu olor, tu sonrisa, tu mirada; fragmentos de ti que no supe guardar en cajones. Estoy cansada de mirar el cielo buscando tu luna, de esperar que seas tú quien se asoma en mi ventana.


Llegar al límite de la cordura
Palabras al aire sin sentido
Sonidos que no forman palabras
Sino llantos


Vacíos que desafían las leyes de la física
Y pesan.
Dolores del alma que no sanan
Porque no tienen principio ni fin


Susurros que gritan en silencio
Silencios que hacen eco en las paredes
Suicidios que no apagan la vida
Cobardía acechando debajo de la cama.


Un corazón
Hecho piedra, luego tierra, luego ceniza…
El sol que se cansa de mirar la tierra
Amarillo, luego rojo, luego explota.


Amores que caducan
En los refrigeradores del autoservicio
Amores que se pierden
En algún lugar de las ciudades
De las calles, de los mundos.


Estoy cansada de morir de pie.
Estoy a punto de rendirme y la culpa me carcome. Y respiro, pero cuesta. Y mi corazón se oxida de latir; pero él no lo merece. Estoy a punto de caer, y no encuentro en el pavimento dónde caer en blando. Miro hacia atrás y nada hay que me cobije, miro adelante y sólo encuentro todo lo que nunca será. Estoy cansada de perder el tiempo y no tengo ganas de nada. Y todo es tan fácil como dos cajas de aspirinas.

Irinkah.

domingo, 13 de marzo de 2011

Invisible

Cuál es la razón que me hace cambiar un "me estoy quedando dormida" por un "a qué hora piensas dormirte?" en una ventana de msn? No lo sé, ¿Cómo se supone que debería saberlo?. Supongo que a veces me da por tratar de ahogar mi soledad, aún cuando eso signifique hacer cosas que sé que no debo hacer. En este caso no es grave, dormir un poco tarde, pero a veces pasan cosas que me hacen pensar que tal vez soy un poco como los adolescentes que aprenden a fumar porque quieren pertenecer a un grupo. Yo, pocas veces me he sentido parte de algo. Aún hoy cuando me siento incluida en un grupo puedo llegar a sentirme incómoda; Estoy acostumbrada a ser invisible. No me gusta, nunca me gustó, y sin embargo era cómodo, aún lo es. No recuerdo mucho de cuando era pequeña. No sé qué tanto recuerde alguien normal de su infancia, pero siempre he tenido la impresión de que mi pasado es un video borroso, malgastado por el tiempo; Me llega a pasar que no importa cuánto me esfuerce en recordar, algunas historias simplemente se escapan entre mis dedos. Y eso que siempre creí tener buena memoria. Hay quien piensa que lo que uno es se define por su pasado, por las cosas que hizo o que no hizo cuando era niño, las cosas que aprendió y las que no aprendió. A veces me pregunto si hay algo en mi pasado, algo que no recuerdo, que me hizo crecer sintiéndome invisible, crecer sabiéndome invisible, ¿Pero cómo se supone que he de cambiar algo que no recuerdo?. Últimamente he considerado ir a terapia... pero me da miedo que vuelvan a decirme que estoy loca.

martes, 1 de marzo de 2011

Callar

Después de tanto escribir y borrar en el msn he adquirido práctica; Un par de veces me llegó a pasar que daba enter en lugar de delete. Eso me trajo más de un problema, y una que otra situación divertida. Un novio, de hecho, que todavía recuerdo. Pero sí, más problemas que diversiones. Me pregunto qué sería de mi vida si no tuviera ese filtro entre la lengua y los dientes, qué pasaría si dijera todo lo que pasa por mi mente. Llegué a la conclusión de que no quería saber, al final dije lo que dije porque quise y callé lo que creí apropiado callar, y nadie ni nada ha influido nunca en esa desición. Mis comentarios pueden ser hirientes para muchos, pero sólo cuando no es mi intención. Nunca he sido capaz de herir a alguien a propósito, ni cuando he querido ni cuando he debido; Simplemente no se me dá. Me gusta pensar que vale la pena callar, después de todo es lo que he venido haciendo todos estos años. He callado tal vez demasiadas cosas, más de las que me hubiera gustado. He borrado también cosas que no debí borrar, y hoy alguien me hizo preguntarme si, escribir y luego borrar es sinónimo de callar. No lo sé, honestamente no lo quiero saber.

Mi vida gira en torno a marcas, huellas del tiempo, siempre ha sido así, desde que comencé a tener esa obsesión con la trascendencia. Llegué a pensar que lo único bueno, lo único valioso, era aquello que era permanente. Y pensé en tatuarme varias veces, una libélula, a veces todavía lo pienso. La cosa es que a veces me da miedo, la misma trascendencia que me obsesiona, hay cosas que me hacen preguntarme si todo aquello que es creado es digno de guardarse, aún cuando en el momento se siente bien, se siente correcto conservar ciertas cosas, ciertas marcas. A pesar de lo que algunos piensan, la verdad es que sí tengo tatuajes en mi cuerpo, tatuajes de esos que no se presumen sino que se guardan, se ocultan, dan vergüenza. Y sí, cuando los hice, pensé que estaban bien, pensé que era lo correcto, que siempre serían parte de lo que yo soy, que siempre sería lo que fui. Y estaba equivocada, demasiado equivocada. No me di cuenta de que hay marcas que no se dejan en la piel sino en el alma. Son las marcas del alma, y no las de la piel, las que me muero por borrar. Pero hay cosas que no pueden borrarse, no son como escritos, como fotos, sino tatuajes permanentes. Pero, ¿cómo saber? Qué debe conservarse y qué no, qué debe ser permanente y qué no. La verdad es que no lo sé. No creo que exista forma de saberlo. Por ahora me conformo con creer que nada debe ser permanente, hasta que el pasar de los años lo haga evidente. Pero hay cosas que no deben ser recordadas. Existen cicatrices que duelen más que la herida misma.

jueves, 17 de febrero de 2011

Tiempos mejores

Si hay algo que extraño de la casa en la que vivía antes, es mi ventana, el poder dejarla abierta en las noches demasiado cálidas, dormir con el arrullo de los grillos, fumar ahí como si estuviera fuera de la casa. Estoy segura de que, si no nos hubiéramos mudado, yo nunca hubiera dejado de fumar. Esta semana descubrí que sí tengo una fotografía de la vista desde mi ventana, pero no es suficiente. Recordar no es volver a vivir. Es un poco frustrante esta ventana que ni siquiera se abre, aún si se abriera, los mosquitos harían imposible dormir aquí. Alguna vez me dije que ningún tiempo pasado fue mejor, que no tiene sentido vivir recordando, vivir en el pasado. Me gusta pensar que vendrán tiempos mejores, con mejores ventanas y mejores vistas. Tal vez incluso un pequeño balcón...

domingo, 13 de febrero de 2011

Never



Y justo cuando pensé que la historia había acabado, acabado del todo y por última vez, aparece un nuevo mensaje en facebook. ¿Por qué? ¿Por qué no puede rendirse y dejarme ir? ¿Cómo es que no se da cuenta? ¿Qué demonios pasa por su cabeza? ¿Cómo se supone que yo debo seguir con mi vida si sigue apareciendo? Tal vez si lo ignoro se vaya de nuevo...
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You're beautiful, you're beautiful, its true... but is time to face the truth...
...I will never be with you...

sábado, 30 de octubre de 2010

The frame

No conozco muchos fotógrafos. A decir verdad ninguno de los pocos que he conocido ha sido alguien... para recordar, por decirlo de alguna manera. Uno, yo tenía 19 años y el ya le tiraba a los 40's, y aún así no tuvo reparo alguno en invitarme sutilmente a su cama. Creo que estaba ebrio, no estoy segura. Otro, resultó ser un poco más violento de lo que aparentaba, un perfecto animal. Uno un poco más reciente, que no hablaba con nadie que no tuviera un coche que costara más de 200,000 pesos... de este último obviamente no supe mucho. Pero hay uno en particular, que de hecho nunca conocí en persona, me dijo algo que aún hoy recuerdo cada vez que tomo una fotografía; "Siento que con una cámara en frente, me pierdo un poco de lo que está pasando frente a mis ojos". Y a veces me cuestiono si aquello es posible. Es decir, no pasó mucho tiempo de que conocí la fotografía, su verdadero significado, a que llegué a la conclusión de que todo cabe en un encuadre. De hecho, mi campo visual está siempre siendo recorrido por cuatro líneas, dos horizontales y dos verticales, y si esas cuatro líneas de pronto encuentran una buena imagen, detienen mi cerebro y todo lo que puedo pensar es "Cómo tomaría esa fotografía?". Cuando tengo suerte y hay una cámara cerca, la tomo. Cuando no, es como si en ese momento el mundo fuera a desaparecer. No sé, como una figura de hielo bajo el sol. No es que padezca de paranoia y realmente piense que el mundo va a desintegrarse. No confío en mi memoria, no volveré a vivir ese momento, no volveré a ver esa imagen; Este mundo se desintegrará en cuanto me de la vuelta. Y luego  vuelvo a pensar en aquél fotógrafo que me dice que vivir tras la cámara es perderse de la vida ¿Será?

En este momento, mi jerbo Teal'c está royendo su primer tubo de cartón, y no tengo mi cámara Jatzimi cerca... y es así como yo me pierdo de la vida. Se me pierde la vida. Se me olvida la vida.

jueves, 21 de octubre de 2010

Se retrocede con seguridad, pero se avanza a tientas

Tomar café de más a propósito, pero como por accidente. Tener miedo a dormir por no querer saber que será de mi mañana. Mirar hacia la ventana y sólo ver cortinas. Ganas de fumar, falta de cigarros. La única luz viene de la pantalla de la laptop. Dentdo de mi, aquel viejo vacío vuelve a reclamar su espacio. No lo dejaré, no debo dejarlo. Pero cómo?... Cómo?... Escribo en la oscuridad sin ver el teclado, como avanzo a tientas por la vida. Y sólo el sonido de mis propios dedos sobre las teclas me reconforta. Es como el sonido del aire escapando del globo, dejando escapar la presión de adentro del pecho, dejando escapar el olor de tu ropa y el sabor de tus besos. Debí enterrarte hace mucho, pero no supe cómo. A veces es malo cumplir promesas que no debieron haber sido hechas. Dije que jamás te olvidaría, lo prometí. Y me odio a mi misma por haberte guardado un rincón de mi alma. Ya no quiero volver, no quiero ser de nuevo la ilusa que te esperaba en la ventana. Te dejé ir, te marchaste y estuve a punto de olvidarte. Entonces, por qué vuelves de nuevo de entre el polvo y escarbas en mi pecho rincones que dejaste vacíos al irte, rincones que se llenaron de tierra tras tu partida. Por qué vuelves a complicarme la vida, por qué vuelves a que vuelva a echarte de nuevo. Te pedí que no volvieras, te pedí que me olvidaras. Te pedí que me dejaras ir. Déjame ir, no vuelvas que volver no es bueno. Vete ya, debiste irte, hace mucho, te dejé ir hace mucho. Vete ya, mi puerta está cerrada para ti.

Volver.



Es curiosa la forma en que me relaciono más con animales que con seres humanos. Sé que suena raro, pero a veces me da la impresión de que ellos me entienden mejor que los seres de mi misma especie. No sabría explicarte por qué. Si nunca has hablado con un animal, probablemente no lo entenderías. Un animal no te critica porque no sabes maquillarte. A un perro no le importa si fumas o no, si vas a antros de moda o no. Un perro no te pregunta la marca de tus zapatos para saber quién eres, para ponerte una etiqueta. A un perro no le interesa si volviste o no con tu novio, no te pregunta dónde estuviste si llegas tarde a casa, no te juzga si todos tus amigos son hombres y tu eres mujer. A un perro no le importa si sabes vestirte, si los colores de tu ropa combinan, si vas o no a una escuela privada ni qué coche conduces. Ya van varias noches seguidas que se me cae el mundo casi por accidente, y no quiero que se haga costumbre. Hace poco escribí algo a cerca de las desiciones que uno toma en la vida, en cómo ellas pueden hacer que uno pueda o no vivir feliz en el futuro, en cómo ellas tienen el poder de dejarnos o no ser felices en el presente, de darnos o no la capacidad de poder dejar atrás el pasado. Y me quedé ahí, pensando en el pasado. En mi pasado. Cuando uno es niño no se da cuenta de lo que hace, cuando no se tiene pasado es difícil pensar en el futuro. Tal vez es por eso que siendo jóvenes no somos capaces de tomar las desiciones correctas. No sólo por irresponsabilidad, no porque nos importe poco la vida (al menos no en mi caso), sino porque no sabemos qué es el futuro. Porque no conocemos un futuro. Me refiero a que, cuando uno no conoce el concepto de pasado, no puede tampoco conocer el conceptro de futuro, a largo plazo, quiero decir. Cuando alguien es joven, no sabe de futuro. Lo malo del caso es que para cuando uno se da cuenta de sus errores, es demasiado, demasiado tarde. Demasiado tarde para volver. Es curioso que, en el camino de la vida, sólo se puede ir hacia delante. Frustrante, tal vez uno no pensaría entonces que el camino es realmente un camino. Es un camino de una sóla vía. Si hoy quisiera volver, no sabría cómo, ni a dónde, ni por dónde ni por qué. Sin embargo uno vuelve sin darse cuenta, uno vuelve, no cuando quiere volver, sino cuando no le queda de otra. Una vez le dije a alguien que recordar nunca es volver a vivir. No diré que me equivoqué, aún lo creo. Recordar no es volver a vivir. Y es tal vez por eso que volver duele tanto, porque en realidad no vuelves, no vuelves a vivir, no vuelves a ver, cuando uno vuelve a donde se fue feliz, nunca se está volviendo al mismo tiempo. Tal vez al lugar sí, con la misma persona, las mismas calles, las mismas casas, el mismo parque, la misma plaza. Pero el tiempo no perdona. Cuando te equivocas de camino, cuando tomas la desición incorrecta, no tienes forma de corregir, no tienes forma de volver a vivir. Nunca nadie me dijo que, si algún día intentaba volver, no sólo no podría, no sólo dolería, sino que ni siquiera sería capaz de volver. Cuando uno vuelve, vuelve por un camino diferente, y se marcha por otro nuevo. Uno se marcha con la frente marchita, y el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez.

Un perro no piensa que estás loca si te escucha gritar una canción, de esas que desgarran el alma. No dice nada si desentonas demasiado, ni te pregunta por qué lloras. Un perro sólo se calla y escucha.

domingo, 10 de octubre de 2010

I will allways love you


¿Cuántas promesas hemos hecho que no nos es posible cumplir? No me lo tomes a mal, nunca hice una promesa que no quisiera cumplir. Sin embargo muchas veces hice promesas sin considerar las consecuencias que traería cumplir, las que traería no hacerlo. Muchas cosas me hacen suponer que no soy una persona impulsiva, normalmente no como nada que no pueda digerir, no digo nada que no pueda sostener, no compro nada que no pueda pagar, no hago nada sin pensarlo antes varias veces. El problema es que, no es así cuando estoy enamorada. Supongo que de eso ya te diste cuenta. Y me imagino que es normal en los humanos, me imagino que es normal en mi... que deje de pensar si me enamoro. Traté de escuchar de nuevo aquella canción que no pude despegarme el tiempo que estuve sin ti, extrañándonte. No pude. No pude sin volver a sentir, a sentirte. Y tal vez eso es lo malo de ligar canciones que me gustan a mi pasado, luego hacen que sea imposible escucharlas sin atarse uno mismo al pasado. Y me han dicho (he dicho) que eso no es bueno. Tal vez sea que todavía te extraño, aún cuando no quiero extrañarte. No quise que fueras uno más de la lista, de todos aquellos a los que he escrito en mi vida cosas que jamás leerán. No quise que fueras otro de aquellos a los que me niego a nombrar por miedo a querer volver, por miedo a llegar a pensar que tal vez sea posible que quiera volver. (En Comala comprendí, que al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de voler.). No quería hacer una promesa que no pudiera cumplir, quería que ese adios que no te dije, fuera un adiós con puntos suspensivos. El problema hoy es que ni dije adios ni quiero los puntos suspensivos. El problema ahora es que ya no puedo decirte que no quiero volver. Que te hice una promesa que debí saber desde el principio, que no debía cumplir.

Whatever words I say...