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domingo, 25 de agosto de 2013

No hay consuelo en la soledad

Lo terrible de la vida no es el miedo a la muerte, sino a la vida misma. ¿Qué pasa si vuelo demasiado alto y caigo? ¿Qué pasa si no logro llegar tan alto como pretendo? ¿Qué pasa si llego, pero sola?

Todavía a veces me da por pensar que tal vez no merezco esta vida, que tal vez para mi pesa demasiado. No, no se preocupen, no haré nada al respecto. Es sólo que a veces se me olvida que tengo pies y que sé caminar, que no tengo por qué esperar que nadie me ayude ni camine conmigo. Pero pesa. Siempre me consideré ágil, inteligente, o al menos lo suficiente para sobrevivir, a penas sobrevivir. Pero nunca me he pensado fuerte, esa fortaleza que otros ven en mi, estoy casi segura, es solamente miedo. A veces uno se cansa de sobrevivir y le dan ganas de volar. Siempre pensé que en el futuro habría otros cielos, más tiempo, que era joven y la vida no se me acabaría jamás. De pronto el tic tac del reloj comienza a aterrarme, cuando veo mi futuro en las frustraciones y limitaciones de todos a mi alrededor. Eso es lo que me pasa por conseguirme amigos de treinta en adelante. Luego me dio por pensar que los niños de mi edad podrían ser la respuesta, pero descubrí que ellos tampoco tienen alas. Nadie tiene alas. No sé por qué me da por esperar tenerlas yo. Y me da por enojarme con la vida, con querer gritarle, golpearla, hacer que se rompa un poco y que sienta el dolor que ella me causa a mi. Pero sé que no tiene la culpa. Culpo a los aviones sin corazón que se marchan, que pueblan los cielos de soledades y de ausencias, y a esta estúpida idea que tiene la gente de que tal vez en otros cielos podrán ser felices. No funciona así, y se los digo, pero se marchan de todas formas, me abandonan. No sé si me merezco esta vida, sólo sé que a veces vivir duele, pesa. Cuando éramos niños decíamos que no podíamos esperar para ser adultos, pensabamos que ellos hacían las cosas divertidas, que ellos lo sabían todo, lo podían todo. No nos dijeron que crecer duele, que uno debe aprender a estar solo, acostumbrarse a las ausencias, muertes y abandonos, dejar atrás los sueños y sacrificar sonrisas por éxitos. ¿Por qué no nos dijeron los adultos que vivir duele?, nos atrajeron a la vida con mentiras, fantasías. Se les olvidó advertirnos que los vivos sangran, sufren. ¿Por qué demonios celebran los nacimientos en este maldito mundo mal encuadrado, aséptico, roto? No hay consuelo en la soledad ni en abrazos de desconocidos. A veces tampoco en los brazos amados, y yo, todavía no sé cómo abrazarme a mi misma. Al final, terminaré tal vez sola en una casa grande, blanca, con alberca. Tal vez siempre lo supe y es ese mi destino, tal vez no merezco más. Nadie me empujará en las subidas, ahora lo sé. Tal vez porque yo así lo quise, pero, ¿Cómo vivir dando explicaciones?, ¿Cómo vivir haciendo feliz a todo el mundo y feliz a uno mismo? Eso no se puede, no se puede, mucho menos cuando al final no sabes siquiera qué es lo que te hará feliz. La vida no es un maldito libro de matemáticas. Sabes que el teléfono dejó de sonar porque tú lo ignoraste, y ahora no tienes el valor de levantarlo tu misma y hacerlo sonar del otro lado. Eso te hace cobarde, eso es lo que eres. No hay consuelo en tu habitación, con las cortinas cerradas y la luz apagada, ya pasaste por ahí, ya conoces el círculo, conoces el encierro, pero cuando te ofrecen alas resulta que no sabes cómo volar. Nunca nadie te enseñó a volar, en tu vida, sólo conoces cadenas, eso es todo lo que te ofrecen y todo lo que puedes pedir. Tú no sabes volar como ellos que se marchan. Tal vez eres tú la que está equivocada y si hay felicidad en otros cielos. Tal vez los aviones son sabios y saben que sí hay consuelo en la soledad. Yo no les creería, no puedo hacerlo. No, no hay consuelo en la soledad. Yo no sé por qué la busco tan estúpidamente como ellos buscan en otros cielos. Y me dejan, oh, pobre de mi, niña estúpida que no sabe que en esta vida, todos nacimos y morimos solos.


Se cayó mi colibrí, se le rompió el pico. No quiero tomarlo como una señal.

viernes, 27 de enero de 2012

25 de enero 2012, 2:35 pm

Me acostumbré a verte, creyéndote bolita de pelos en el piso de mi cuarto. Pensé que siempre estarías ahí, esperando a que llegara en las noches, esperando para saludarme. Sabía que un día te irías, y que por saberlo, no dolería tanto. Pensé que estaba preparada. Te lloré antes de tiempo, pero lloro más ahora que ya no tenemos tiempo. Me encierro en mi cuarto, que era nuestro cuarto, y todo lo que veo eres tú. Me siento como respirando agua, te siento aquí a mi lado. Juro que te escucho, pero volteo y ya no estás. Se me olvidó abrazarte más cuando aún teníamos tiempo, caminar a tu lado, rascarte detrás de la oreja que era todo lo que querías. Siempre dije que no tenía amigos de la infancia, vaya día vengo a enterarme de que eso era una mentira.

Dos medallas de obediencia y una de guardia y protección para un poodle de treinta centímetros y una niña de siete años. Un collar blanco nacarado y uno de cadenita. Tres correas amarillas, una almohada deshecha y un swetercito café. Un plato de comida negro y vacío, vacío como mi cuarto sin tí.



Cindy
1997-2012

martes, 6 de diciembre de 2011

Somiatruites

Si tratara de contar la cantidad de gente que ha pasado por mi vida, y se ha marchado, seguramente me volvería loca. No acabaría esta noche de contar todas esas historias y francamente no tengo ganas. Todo se resume a que la gente siempre me ha importado poco, y yo sé que he dicho esto muchas veces antes. Volvería a decirlo, no porque me guste sino porque esa ha sido la condición que ha marcado mi vida desde que era niña. Dejar de comer carne, de tomar, de fumar, no parecen cambios significativos cuando se ven desde afuera, uno no pensaría que esa sería una medida para decir cuánto a cambiado alguien con el pasar de los años. Los cambios que realmente valen, los que realmente importan, son los que se ven desde adentro; los que no se ven pero se sienten. Estaba pensando que tal vez si encontrara a uno de esos fantasmas, de esos humanos que dejaron mi vida años atrás, probablemente no pensarían que he cambiado tanto como he cambiado, que no se darían cuenta, que me tratarían como si siguiera siendo la misma, como si siguiera pensando lo mismo, como si siguiera haciendo las mismas cosas. Supongo que sobra decir que así fue cuando me encontré con uno de ellos en facebook el otro dí: Como mirarse en un espejo por el que el tiempo no pasa, en el que el tiempo se ve congelado. Y déjame decirte, que no me gustó lo que ví, y cuando lo ví por un momento me pregunté si todavía puedo ser feliz, después de todo lo que ha pasado estos últimos meses. Me pregunté si los sacrificios valieron la pena, si me gusta el lugar donde estoy parada. La respuesta a todo fue sí, un sí de esos que van seguido por un "¿En serio me preguntaste eso?".

viernes, 24 de junio de 2011

Cherry blossom

No recuerdo cuándo fue la última vez que comencé a escribir sin tener idea de qué es lo que quiero decir. Tenía tiempo también que no abría la ventana para ver llover, y hoy hago esas dos cosas como si nunca lo hubiera dejado de hacer. También encendí un cigarro y fumé casi bajo la lluvia. También eso lo extrañaba. Supongo que traté de olvidar un poco de quién era, de quién sigo siendo. Quise pensar que cambiaría de la noche a la mañana y a penas hoy me di cuenta de que las cosas simplemente no pasan así, de la nada. No, nada fue así, de la nada, no esperaba que lo fuera. Se me olvidó quién soy por un momento, se me olvidó que tuve mis razones para convertirme en la mujer que soy ahora, para dejar atrás a la niña que fumaba porque era poético, que traía las uñas pintadas de negro y el cabello rosa para llamar la atención. Sí, sé que dije que no lo hacía por eso, pero supongo que todos en algún momento debemos llegar al punto de reconocer nuestros nuestros desatinos, nuestros errores. Y supongo también que aquél que no lo hace seguirá siendo un niño por siempre. No, tampoco digo que ya no soy una niña, aunque eso sea lo que quiero creer.  Lo que digo es que ya no quiero ser esa niña, que si por alguna razón debería destacar, no es por mi cabello ni mi forma de vestir sino por lo que soy, porque debo ser la mejor aunque los demás no lo crean, que debo al menos intentarlo, sabiendo que aún si no lo logro seguiré siendo yo y que pase lo que pase, no me dejaré vencer por la vida. No de nuevo, no puedo dejarme caer, no otra vez, no pienso hacerlo. Y no pienso tampoco seguir sola por este camino que la vida puso bajo mis pies. Me tardé tal vez demasiado en comprender que, aunque la soledad sea cómoda, siempre será triste. Tienes que entender que pasé sola mucho tiempo y que es difícil para mi acostumbrarme, hacer espacio en mi vida para alguien más, sea amigo, pareja o familiar. Estoy acostumbrada a estar sola y quiero cambiar eso. Estoy acostumbrada a vivir por mi, para mi, como yo quiero y cuando yo quiero. Es cómodo, sí, but it gets really lonely. Y no quiero eso, no otra vez. Ya no quiero que me digan que soy una princesa, quiero tratar de tenerle fé a la humanidad de nuevo, aunque de nuevo me paguen con una mala moneda. Quiero arriesgarme a ser feliz otra vez, y no quiero hacerlo sola.



Would you come with me?

lunes, 6 de junio de 2011

De tormentas y soledades



Desde mi ventana se ve la luna, y en lugar de fumarme un cigarro, me como una manzana. No diré que un cigarro no fue mi primera opción. Apagué las luces por costumbre y comencé a escribir por inercia. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que escribí por gusto, con calma, sin miedo. Tenía mucho tiempo que no me sentía como yo, como lo que soy ahora. Tenía mucho tiempo sin ver la luna. Y ella, se ríe de mi con cariño. Se ríe conmigo. Por la ventana abierta entra una brisa fría, con unos cuantos moscos y el canto de los grillos. Afuera la noche se mece tranquila sin pensar que, aquí adentro, alguien piensa en ella. Alguien se mece con ella, se acurruca en ella. Aquí adentro todo parece volver a la normalidad, y nadie parece darse cuenta. A veces se me olvida que, las tormentas internas, suelen quedarse adentro, nacer, vivir y morir adentro. Y tal vez así es como debe ser. Tal vez al final siempre estuve y estaré sola, así que se me ocurre pensar que la única forma que tengo de ser feliz, es encontrar grata mi propia compañía. "¿Y eso cómo se hace?", suena una voz en mi cabeza. Y eso... cómo se hace?

lunes, 23 de mayo de 2011

Huir de las ganas de huir



Una de las cosas más difíciles que un humano tiene que  saber decir, creo que ya lo había dicho antes, es "lo siento". Yo no sé cómo decirlo, siempre acabo empeorando las cosas. A veces decir "lo siento" no es suficiente para lavar las culpas. A veces tampoco escuchar el respectivo "te perdono" o su equivalente. Hay cosas que duelen demasiado, que no necesitan un perdón ajeno sino uno propio. Y esos son los más difíciles, los más profundos. Y encima de todo no siempre puede hacerse. Hay gente que vive años, vidas enteras, sin encontrar ese truco, ese secreto, esa panacea para lavar las culpas que uno tiene con uno mismo. No quiero ser yo una de esas, no quiero vivir con culpas que no puedo tolerar. Lo hice muchos años y ya no puedo volver.

Sería fácil, muy muy fácil mandar al mundo al diablo. Lo he hecho antes, he encontrado la manera de huir y olvidarme de la culpa. Podría hacerlo de nuevo, podría dejar ir gente que quiero para no tener que solucionar nada. ¿Cómo se supone que se perdona uno un error que ya ha cometido antes, y ni siquiera entonces se supo perdonar?. Perdí de nuevo, y aposté de más. Y lo siento, lo siento y no dejaré de decirlo. Pero tampoco podría mentir y decir que si pudiera volver en el tiempo, no repetiría mis errores. Y también por eso lo siento.

A veces envidio a los alcohólicos, al menos ellos tienen la opción de perderse del mundo. Me gustaría pensar que yo también puedo hacerlo, me gustaría poder escapar, desaparecer por un momento, dejar de sentir. Olvidarme de la culpa y del pasado, de las cosas que dije y no debí, de las cosas que no hice y me hicieron falta. Y lo siento, lo siento porque no puedo volver. No puedo estar acompañada y no quiero estar sola. Sigo dando vueltas en círculos y de nuevo estoy sola. Me estoy volviendo loca y de nuevo tú no estás aquí.

¿Cómo se supone que debe uno pedirse perdón a uno mismo? ¿A caso se puede? ¿Cómo puedo esperar que alguien me perdone si no encuentro la forma de perdonarme a mi misma?

Y lo siento... lo siento tanto...

martes, 17 de mayo de 2011

The wisdom of the fool wont set you free



Tengo un millón de cosas qué contarte, y tú no estás. Tengo quejas, de tí, de él, del mundo, de todo. Tengo un par de caricias y no sé dónde dejarlas. Me siento sola de nuevo y no sé qué hacer conmigo. Estoy cansada, pero no tengo sueño. Me siento sola de nuevo y no sé qué hacer contigo. Te extraño. Más de lo que me gustaría admitir, más de lo que debería. Y tú no estás. Y no porque te hayas ido sino porque nunca estuviste. Nunca estuviste y siempre lo supe. Me siento sola de nuevo, y estoy cansada. Estoy cansada de sentirme sola. Estoy cansada de estar cansada. Está lloviendo y no puedo abrir la ventana. Quiero fumar pero no tengo cigarros. Estoy cansada, estoy sola y no sé qué hacer conmigo. No tengo ganas de escribir pero lo necesito. Te necesito. Y no sé cómo decirte, no sé si debo decirte.
It wouldn't change anything anyway.

lunes, 11 de abril de 2011

Mujeres

Nunca me vi a mi misma como una persona sociable. Eso ya todo el mundo lo sabe y lo he dicho antes. Siempre he preferido el canto de los grillos sobre las voces de los humanos. Los humanos me hacen sentir incómoda, y que yo recuerde siempre ha sido así. Lo que siempre me ha parecido curioso es que piensen que me gustan las cosas de esa manera y que yo lo quiero así. Tampoco puedo decir que sea lo contrario, no me desagrada ni trataría de cambiarlo. Los humanos me atormentan, me complican la vida, y en particular las mujeres me causan problemas; Nunca he encontrado una que me entienda, a excepción de mi madre, pero siendo mi madre no cuenta. Si bien me di el tiempo de comprender sus protocolos, sus códigos, la forma en que tratan entre ellas y se comunican, la forma en que reaccionan en ciertas circunstancias, un poco de la forma en que piensan y ven la vida, nunca logré convivir con una. Se burlan de mi diciendo que las trato como objetos de estudio más que como seres humanos, como amigas. No es muy diferente de cómo trato a los varones cuando todavía no llego a conocerlos bien. Los pocos que me conocen sabrán, o deberían saber, que hay una serie de requisitos que deben cumplir para ser considerados mis amigos; Nunca he encontrado nada parecido en una fémina. Podría llamarle desconfianza y pocas ganas de cambiar,  digamos evolucionar, lo que me mantiene creyendo que las mujeres, para mi, son y siempre serán objetos de estudio. Y muchas veces me he sorprendido usando esas artimañas que son típicas de las mujeres,  manipulando gente, usando esos beneficios de los que una mujer goza por el simple hecho de ser mujer. Lo soy y estoy orgullosa de ello, y esa podría ser una de las razones por las que encuentro tan inquitante el no poder convivir con ellas.

Muchas veces en mi infancia llegaron a compararme con un niño; jugaba con mi hermano con pelotas en lugar de aprender a peinarme y maquillarme, hacía aviones en lugar de jugar a "la comidita", me regalaban bolsas de mano de juguete y yo las usaba para guardar carritos de juguete. Y de eso culpo en parte a mi hermano, aunque he de decir que de ninguna manera me arrepiento. Tal vez podría decir que me avergüenza un poco el hecho de que aprendí a peinarme a los doce años, y eso porque un día me vi obligada o más bien me obligaron; Yo nunca vi necesidad de tal cosa. Y claro, como consecuencia el resto de las niñas me trataba como si yo fuera diferente. A veces creo que en realidad fui diferente, y que eso me dejó marcada por el resto de mis días. No diría que me arrepiento, claro que no, pero tampoco lo agradezco. Mientras que por un lado este escenario me dio la capacidad de ver las cosas desde un punto de vista diferente, también me hizo ser un alien; Como ha sido siempre, en muchos aspectos de mi vida, no pertenezco ni a un mundo ni al otro. Tal vez nunca lo haré.

lunes, 4 de abril de 2011

Maquillaje

No tiene mucho tiempo que descubrí que, si me maquillo, la gente me trata diferente; Me miran a los ojos cuando hablo, me toman más en cuenta, escuchan lo que digo. Nunca comprendí esa obsesión que tienen las mujeres con el maquillaje, siempre me pareció banal, antinatural, superficial. A decir verdad todavía no lo entiendo. No entiendo al ser humano. A veces siento que, maquillándome, voy en contra de todos mis principios, que abuso de una vanidad que no comprendo y a veces, maquillada, me siento como un  payaso. Es tal vez por eso que me duele tanto que gente que me importa, que no está acostumbrada a verme así, me diga que de hecho me veo como un payaso. Y no me maquillo para cualquiera.



Nunca me sentí a gusto en este mundo, nunca me sentí parte de nada,
 y últimamente me he estado preguntando por qué será.

domingo, 13 de marzo de 2011

Invisible

Cuál es la razón que me hace cambiar un "me estoy quedando dormida" por un "a qué hora piensas dormirte?" en una ventana de msn? No lo sé, ¿Cómo se supone que debería saberlo?. Supongo que a veces me da por tratar de ahogar mi soledad, aún cuando eso signifique hacer cosas que sé que no debo hacer. En este caso no es grave, dormir un poco tarde, pero a veces pasan cosas que me hacen pensar que tal vez soy un poco como los adolescentes que aprenden a fumar porque quieren pertenecer a un grupo. Yo, pocas veces me he sentido parte de algo. Aún hoy cuando me siento incluida en un grupo puedo llegar a sentirme incómoda; Estoy acostumbrada a ser invisible. No me gusta, nunca me gustó, y sin embargo era cómodo, aún lo es. No recuerdo mucho de cuando era pequeña. No sé qué tanto recuerde alguien normal de su infancia, pero siempre he tenido la impresión de que mi pasado es un video borroso, malgastado por el tiempo; Me llega a pasar que no importa cuánto me esfuerce en recordar, algunas historias simplemente se escapan entre mis dedos. Y eso que siempre creí tener buena memoria. Hay quien piensa que lo que uno es se define por su pasado, por las cosas que hizo o que no hizo cuando era niño, las cosas que aprendió y las que no aprendió. A veces me pregunto si hay algo en mi pasado, algo que no recuerdo, que me hizo crecer sintiéndome invisible, crecer sabiéndome invisible, ¿Pero cómo se supone que he de cambiar algo que no recuerdo?. Últimamente he considerado ir a terapia... pero me da miedo que vuelvan a decirme que estoy loca.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Trust

A veces me pasa que siento ganas de decir cosas a algunas personas, cosas que o no debo o no quiero decir. Lo que hago en esos casos, en el msn, es escribir todo lo que pienso, y luego, en lugar de dar enter, dar delete. Antes, cuando era más joven e ingenua, solía creer en los amigos para toda la vida. Varias veces pensé tener algunos, muchas veces sacrifiqué cosas para conservar a ciertas personas cerca de mi. Todas esas veces estuve equivocada. Y, a decir verdad, fueron muy pocas las veces que me sentí decepcionada, desde ese entonces ya sabía que una buena parte de los seres humanos son como fichas intercambiables. Sé que suena mal, me siento mal de decirlo, pero es la verdad, muchos incluso se comportan de esa manera, y me tratan como si yo, como ellos, fuera una ficha intercambiable. Ha pasado muchas veces antes, ambas cosas, que me traten como una y que yo los trate de la misma manera. No me gusta, nunca me gustó. Antes confiaba demasiado, ahora me cuesta trabajo imaginar un amigo para toda la vida. Tampoco me gusta eso. Recuerdo que de niña, siempre me sentí vulnerable. Y eso no cambió cuando crecí, cuando entré a la preparatoria y tuve que enfrentarme con el mundo por primera vez. Era una niña, más de lo que yo creía, mucho más de lo que me hubiera gustado saber. El que me lo dijeran sólo lograba ofenderme. No me arrepiento. Todavía, a veces, llego a encontrarme con gente de aquél pasado. Me causa un poco de gracia el que me traten como si siguiera siendo la misma de antes, como si creyeran que aún caigo en los mismos trucos en los que caía cuando era niña. Antes era más fácil que yo pensara que alguien valía la pena. No sabía leer a la gente, y todo lo que era verdad de ellos era lo que decían. En ese tiempo, no consideraba que la gente miente. Que muchos de los que dicen ser mis amigos, en realidad sólo quieren de mi una cosa. Tardé demasiado, más de lo que me hubiera gustado, en aprender a distinguir quién era quién en realidad, y a decir verdad, a veces todavía me equivoco. Eso, tampoco me gusta. No el no saber distinguirlos, sino el hecho de tener que hacerlo. El hecho de creer que tengo que hacerlo. Nunca fue fácil para mi, confiar en la gente. Tal vez nunca quise, siempre creí ser de porcelana. Que, mientras mi cuerpo es resistente y elástico, ágil, audaz, mi corazón está hecho de migajón, que me rompería fácilmente si alguien llegaba demasiado cerca de mi. Mi signo del zodiaco maya es Tortuga, y me enteré de eso después, mucho después de haber adoptado al animal como mi totem personal. Y tal vez me gustaría ser como una tortuga, tener su caparazón, ser dura y fría por fuera para mantener intacto mi interior, frágil. Tal vez lo soy y me gusta serlo... tal vez me escondo a propósito.

viernes, 29 de octubre de 2010

El escape perfecto

Se me ocurrió que podía sólo quedarme dormida y soñar que volaba. Pero no sería suficiente. Me imaginé una y mil veces el perfecto encuentro con el amor de mi vida. Aún en mis fantasías, el hombre perfecto nunca lo era. Es tal vez saber que no pasa nada en mi vida, y que no hago nada al respecto. Le llámare frustración, por el puro gusto de ponerle nombre. Yo no sé por qué gasto mi tiempo en perderlo. Desde muy niña quise ser de esos hippies que salen de viaje todos los fines de semana. Ya sabes, de mochila al hombro, de aventón, y regresar los lunes en la mañana bañada de tierra, y cada vez con una historia más qué agregar a la colección. Y tener una colección grande, digna de libros y libros. Me conformaría con mil entradas de blog. El problema es que, como muchas cosas en la vida, no tendría ningún caso hacerlo sola. Y es por eso que me canso de imaginar e imaginar, como si no hubiera vida más allá de mi cabeza. Como si no hubiera mundo más allá de mi habitación, fuera de mi computadora.

jueves, 21 de octubre de 2010

Volver.



Es curiosa la forma en que me relaciono más con animales que con seres humanos. Sé que suena raro, pero a veces me da la impresión de que ellos me entienden mejor que los seres de mi misma especie. No sabría explicarte por qué. Si nunca has hablado con un animal, probablemente no lo entenderías. Un animal no te critica porque no sabes maquillarte. A un perro no le importa si fumas o no, si vas a antros de moda o no. Un perro no te pregunta la marca de tus zapatos para saber quién eres, para ponerte una etiqueta. A un perro no le interesa si volviste o no con tu novio, no te pregunta dónde estuviste si llegas tarde a casa, no te juzga si todos tus amigos son hombres y tu eres mujer. A un perro no le importa si sabes vestirte, si los colores de tu ropa combinan, si vas o no a una escuela privada ni qué coche conduces. Ya van varias noches seguidas que se me cae el mundo casi por accidente, y no quiero que se haga costumbre. Hace poco escribí algo a cerca de las desiciones que uno toma en la vida, en cómo ellas pueden hacer que uno pueda o no vivir feliz en el futuro, en cómo ellas tienen el poder de dejarnos o no ser felices en el presente, de darnos o no la capacidad de poder dejar atrás el pasado. Y me quedé ahí, pensando en el pasado. En mi pasado. Cuando uno es niño no se da cuenta de lo que hace, cuando no se tiene pasado es difícil pensar en el futuro. Tal vez es por eso que siendo jóvenes no somos capaces de tomar las desiciones correctas. No sólo por irresponsabilidad, no porque nos importe poco la vida (al menos no en mi caso), sino porque no sabemos qué es el futuro. Porque no conocemos un futuro. Me refiero a que, cuando uno no conoce el concepto de pasado, no puede tampoco conocer el conceptro de futuro, a largo plazo, quiero decir. Cuando alguien es joven, no sabe de futuro. Lo malo del caso es que para cuando uno se da cuenta de sus errores, es demasiado, demasiado tarde. Demasiado tarde para volver. Es curioso que, en el camino de la vida, sólo se puede ir hacia delante. Frustrante, tal vez uno no pensaría entonces que el camino es realmente un camino. Es un camino de una sóla vía. Si hoy quisiera volver, no sabría cómo, ni a dónde, ni por dónde ni por qué. Sin embargo uno vuelve sin darse cuenta, uno vuelve, no cuando quiere volver, sino cuando no le queda de otra. Una vez le dije a alguien que recordar nunca es volver a vivir. No diré que me equivoqué, aún lo creo. Recordar no es volver a vivir. Y es tal vez por eso que volver duele tanto, porque en realidad no vuelves, no vuelves a vivir, no vuelves a ver, cuando uno vuelve a donde se fue feliz, nunca se está volviendo al mismo tiempo. Tal vez al lugar sí, con la misma persona, las mismas calles, las mismas casas, el mismo parque, la misma plaza. Pero el tiempo no perdona. Cuando te equivocas de camino, cuando tomas la desición incorrecta, no tienes forma de corregir, no tienes forma de volver a vivir. Nunca nadie me dijo que, si algún día intentaba volver, no sólo no podría, no sólo dolería, sino que ni siquiera sería capaz de volver. Cuando uno vuelve, vuelve por un camino diferente, y se marcha por otro nuevo. Uno se marcha con la frente marchita, y el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez.

Un perro no piensa que estás loca si te escucha gritar una canción, de esas que desgarran el alma. No dice nada si desentonas demasiado, ni te pregunta por qué lloras. Un perro sólo se calla y escucha.

martes, 12 de octubre de 2010

Only if I care



A veces, cuando la gente me preguta por msn "Cómo estás?", no me dan ganas de contestarles. Y no es que quiera ser grosera, la mayoría de las veces sólo respondo "Bien" por dar el avión. Y cuando me preguntan "Qué ha sido de tu vida?" lo más común es que diga "Nada interesante". Por lo general cuando eso pasa no me queda claro si es verdad que en mi vida no ha pasado nada interesante o si es en realidad que no quiero contarles qué ha sido de mi vida. Y no es que no quiera, porque no quiera decirles, porque me caigan mal o no los considere importantes. Es que la mayoría de las veces hacen esas preguntas más por compromiso que por que realmente les importe mi vida. Me doy cuenta por la forma en que me hablan, porque sé cómo habla/actúa alguien a quien le importa mi vida, aún por msn, me doy cuenta. Yo nunca pregunto "Cómo estás?" si no me importa la persona, muchos no se dan cuenta, pero el simple hecho de tener un lugar en mi msn significa que tienen un lugar importante en mi vida, que no es que tenga pocos contactos porque sea antisocial, sino porque aplico la regla de la economía: Si no me importa, si no lo quiero, si no me es útil, si no lo voy a usar, mejor me deshago de él/ella/eso para siempre. Aplica para objetos y para personas por igual, sé que suena mal pero es verdad. Tal vez es por eso que no me sorprende que esté tan sola. No es que me haga falta tener 584 amigos de facebook, ni 293 numeros de celular de gente que ni siquiera recuerdo o 948 contactos de msn con los que ni siquiera hablo. Como yo lo veo, hay gente que hace eso y está aún más sola que yo. Y no, no digo que me sienta completamente sola, como ha sido antes. Tengo un novio casi-perfecto (que si fuera perfecto ya no sería perfecto) y un buen y único amigo que, tal vez no conoce toda mi vida, tal vez no le cuento todo ni me cuenta todo, pero me reconforta sólo verlo conectarse y hablar de idioteces por las noches. No, no estoy completamente sola. Lo que no sé, es por qué aún así a veces me da por querer hablar con gente de mi pasado que enterré hace mucho mucho tiempo, que para hoy ya debieran estar completamente olvidados, gente que tal vez en el momento ni siquiera importó tanto como para volver a buscarlos. No sé ni siquiera por qué me molesta escribir para nadie, si tal vez yo así lo quise. Aunque tampoco veo por qué a alguien, cualquiera, podría importarle lo que escribo. Tal vez por eso no me sorprende no tener comentarios mas que cuando yo le pido a alguien que lea mi blog. Es ese tipo de cosas que si las explicas, que si las pides, pierden su sentido. Como cierto día que quise bajarme del taxi con mi novio sólo para tomar una foto, un atardecer con las nubes más perfectas del año. Él no quiso bajarse del taxi porque según él, los domingos ese tipo de fotos panorámicas quedan mejor por que el cielo no está tan contaminado. Hasta la fecha no he podido hacerle comprender que la foto, no tenía nada que ver con la foto. Y es que a veces se me olvida que la gente no entiende las cosas raras que yo hago. Raras como escribir un blog que sé que nadie leerá, sólo por el gusto (o disgusto) de hacerlo. Creo que podría hacer la cuenta de a cuántos les he dado el link de mi blog. Una de las reglas del blog, es que ese link es sagrado. No cualquiera lo obtiene, los pocos que lo obtienen no tienen el derecho de dárselo a nadie más, a nadie (o casi nadie) se lo doy más de una vez. Una vez que alguien lo obtiene, jamás le vuelvo a pedir que lo lea, si lo lee bien, si no también. Supongo que muchos no entenderían por qué o cómo es que un blog puede ser tan importante como lo es para mi, y nunca antes lo había explicado, jamás pensé que algún día lo haría, y no lo volveré a hacer nunca jamás. Son pocos seres humanos los que me importan en esta vida, y no sé por qué extraña razón, el que alguien lea mi blog me hace sentir que soy importante para esa persona. Sé que es estúpido, sé que no es normal. Es sólo que a veces me es extraño sentirme tan sola en un mundo tan lleno de gente. De gente rara que no entiende las cosas raras que yo hago. Raras como tener formas tan extrañas como esta de decirte que me importas.