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miércoles, 2 de marzo de 2011

Te quiero

Yo no digo "te quiero". Ya no, a veces ni siquiera cuando realmente quiero. Y no querer de querer decirlo, sino cuando quiero. Cuando quiero a alguien no se lo digo. Y no porque no quiera, porque sí quiero (si quiero decirlo), sino porque sé que mis "te quiero" pueden ser efímeros. Mucha gente cree que yo no quiero. Que yo no quiero de querer, de querer a la gente, pero los pocos a los que quiero saben que sí he llegado a querer a algunos pocos. Pocos, sí, pero los quiero/quise mucho. Yo no digo "te quiero", y no sólo porque mis "te quiero" pueden ser efímeros. La verdad es que me cuesta trabajo decir "te quiero", pero no sólo por eso no lo digo. Lo digo sólo cuando vale la pena, cuando sé que no es efímero, cuando realmente quiero y no sólo quiero querer o quiero decir "te quiero" por compromiso. No, yo no digo te quiero, a nadie, mucha gente piensa que yo no quiero. Pero es como los dieces de aquella maestra que decía que los dieces son sólo para Dioses. Si un día escuchas de mi un "te quiero", será porque te quiero. Si un día escuchas de mi un "te quiero", jamás me preguntes de nuevo si te quiero, por que te diré que no. Pero, ten por seguro que ese no, es un "te quiero".



Publicado originalmente en: Somewhere only we know

lunes, 15 de noviembre de 2010

why?

Romper las reglas no sirve de nada cuando se tiene memoria fotográfica. ¿Por qué nos es más fácil recordar las cosas que sabemos que debemos olvidar?

martes, 5 de octubre de 2010

Romper las reglas

No sé por qué, no sé si hasta la fecha me ha funcionado o sólo ha causado problemas, nunca me he puesto a pensar en eso, pero tengo cierta manía de establecer reglas. Reglas en mi vida, en las cosas que hago, en las que no hago, cosas que me prohibo o me obligo a hacer (las reglas de mi cuarto, las reglas de mis mascotas, las reglas del blog, del msn, de facebook... etc, etc). No me preguntes por qué, supongo que es mi forma de hacerme sentir que tengo el control de mi vida, aún cuando a veces sé que no es así. Hay veces en que me gusta dejarme llevar por la vida, sólo, no sé, cerrar los ojos y tratar de sentir que vuelo de un día a otro, sin controlar nada, sólo flotando por la vida. Me gustaría creer que, como mis reglas, flotar por la vida también me ha funcionado. Al menos así ha sido estos últimos meses (Si has leido Somewhere only we know, sabrás que ha sido un tiempo un tanto... peculiar, por así decirlo). La cosa es que, mi vida, las cosas que hago y las que no hago, están todas llenas de pequeñas reglas, pequeños principios básicos. Todo está ordenado, por jerarquías o matices (historia larga y complicada). Mi mente funciona de una forma un tanto... peculiar, por así decirlo, y no trataré de explicarlo en una entrada de blog. Los pocos que me conocen sabrán que no sería una tarea fácil, ni siquiera para mi. De entre todas las cosas curiosas que hay en mí, está el Baúl. Este baúl es una caja de madera que contiene cosas, pequeños retazos de mi pasado. Fue mi primera arma contra el tiempo, aunque el día que comencé a llenarla de recuerdos no tenía aún declarada una guerra contra él. Supongo que lo que sigue es predecible, pero el baúl tiene sus reglas. La primera, y tal vez más importante, es; Una vez que algo entra al baúl, no sale ni se modifica de ninguna manera. Y no sé si eso haya sido buena idea, significa que cuando vuelva a abrir el baúl, en una de esas tardes en las que no tengo nada qué hacer y estoy de humor para darle un repaso a mi vida, encuentre cosas que tal vez cuando metí al baúl por primera vez pareció buena idea hacer que ese objeto fuera algo o representara algo que jamás me daría permiso de olvidar, pero luego, después de haber dejado pasar una cantidad prudente de tiempo, resultó que era algo que, al fin y al cabo, no debía ser recordado. Hasta la fecha, con el baúl, no ha pasado. Y espero que nunca pase. Espero que nunca pase porque ha pasado antes. Hay cierta carpeta de imágenes en mi computadora, con la misma primera regla del baúl. No quiero tenerle miedo al pasado. No quiero tener miedo de abrir esa carpeta que contiene cosas que amo, cosas que no quiero olvidar, y una sola fotografía que no quiero ver otra vez en el recuento de mi pasado. Las reglas, como todas las cosas en mi vida, tienen también sus propias reglas. Una, a decir verdad, sólo una primera y más importante: Las reglas, no se rompen.

Qué hago? Qué harías tú en mi lugar?