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domingo, 25 de agosto de 2013

No hay consuelo en la soledad

Lo terrible de la vida no es el miedo a la muerte, sino a la vida misma. ¿Qué pasa si vuelo demasiado alto y caigo? ¿Qué pasa si no logro llegar tan alto como pretendo? ¿Qué pasa si llego, pero sola?

Todavía a veces me da por pensar que tal vez no merezco esta vida, que tal vez para mi pesa demasiado. No, no se preocupen, no haré nada al respecto. Es sólo que a veces se me olvida que tengo pies y que sé caminar, que no tengo por qué esperar que nadie me ayude ni camine conmigo. Pero pesa. Siempre me consideré ágil, inteligente, o al menos lo suficiente para sobrevivir, a penas sobrevivir. Pero nunca me he pensado fuerte, esa fortaleza que otros ven en mi, estoy casi segura, es solamente miedo. A veces uno se cansa de sobrevivir y le dan ganas de volar. Siempre pensé que en el futuro habría otros cielos, más tiempo, que era joven y la vida no se me acabaría jamás. De pronto el tic tac del reloj comienza a aterrarme, cuando veo mi futuro en las frustraciones y limitaciones de todos a mi alrededor. Eso es lo que me pasa por conseguirme amigos de treinta en adelante. Luego me dio por pensar que los niños de mi edad podrían ser la respuesta, pero descubrí que ellos tampoco tienen alas. Nadie tiene alas. No sé por qué me da por esperar tenerlas yo. Y me da por enojarme con la vida, con querer gritarle, golpearla, hacer que se rompa un poco y que sienta el dolor que ella me causa a mi. Pero sé que no tiene la culpa. Culpo a los aviones sin corazón que se marchan, que pueblan los cielos de soledades y de ausencias, y a esta estúpida idea que tiene la gente de que tal vez en otros cielos podrán ser felices. No funciona así, y se los digo, pero se marchan de todas formas, me abandonan. No sé si me merezco esta vida, sólo sé que a veces vivir duele, pesa. Cuando éramos niños decíamos que no podíamos esperar para ser adultos, pensabamos que ellos hacían las cosas divertidas, que ellos lo sabían todo, lo podían todo. No nos dijeron que crecer duele, que uno debe aprender a estar solo, acostumbrarse a las ausencias, muertes y abandonos, dejar atrás los sueños y sacrificar sonrisas por éxitos. ¿Por qué no nos dijeron los adultos que vivir duele?, nos atrajeron a la vida con mentiras, fantasías. Se les olvidó advertirnos que los vivos sangran, sufren. ¿Por qué demonios celebran los nacimientos en este maldito mundo mal encuadrado, aséptico, roto? No hay consuelo en la soledad ni en abrazos de desconocidos. A veces tampoco en los brazos amados, y yo, todavía no sé cómo abrazarme a mi misma. Al final, terminaré tal vez sola en una casa grande, blanca, con alberca. Tal vez siempre lo supe y es ese mi destino, tal vez no merezco más. Nadie me empujará en las subidas, ahora lo sé. Tal vez porque yo así lo quise, pero, ¿Cómo vivir dando explicaciones?, ¿Cómo vivir haciendo feliz a todo el mundo y feliz a uno mismo? Eso no se puede, no se puede, mucho menos cuando al final no sabes siquiera qué es lo que te hará feliz. La vida no es un maldito libro de matemáticas. Sabes que el teléfono dejó de sonar porque tú lo ignoraste, y ahora no tienes el valor de levantarlo tu misma y hacerlo sonar del otro lado. Eso te hace cobarde, eso es lo que eres. No hay consuelo en tu habitación, con las cortinas cerradas y la luz apagada, ya pasaste por ahí, ya conoces el círculo, conoces el encierro, pero cuando te ofrecen alas resulta que no sabes cómo volar. Nunca nadie te enseñó a volar, en tu vida, sólo conoces cadenas, eso es todo lo que te ofrecen y todo lo que puedes pedir. Tú no sabes volar como ellos que se marchan. Tal vez eres tú la que está equivocada y si hay felicidad en otros cielos. Tal vez los aviones son sabios y saben que sí hay consuelo en la soledad. Yo no les creería, no puedo hacerlo. No, no hay consuelo en la soledad. Yo no sé por qué la busco tan estúpidamente como ellos buscan en otros cielos. Y me dejan, oh, pobre de mi, niña estúpida que no sabe que en esta vida, todos nacimos y morimos solos.


Se cayó mi colibrí, se le rompió el pico. No quiero tomarlo como una señal.

miércoles, 21 de marzo de 2012

El pasado que me acecha desde el cajón

Hay quien dice que todo miedo se reduce una vez que se le ve de cerca. Es difícil para mi creer esto verdad cuando tantas veces han sido ya las que he lo intentado, las que he visto este miedo particular, desde adentro, desde las entrañas; y cada vez ha sido más vil su tracto digestivo.

Esta tarde, en un vano intento de ordenar el librero blanco, abrí un cajón de esos que uno no abre si no tiene ganas de encontrarse con el pasado, y fue así como me encontré a mi misma tirando mi pasado a la basura. Déjame decirte que no fue tan malo, darme cuenta de que al final una buena parte de ese pasado era ya de por sí casi pura basura. En su mayoría trabajos de la preparatoria, la guía de la UNAM de aquella vez que intenté estudiar artes visuales, un par apuntes de cuando estuve de oyente en la ENAP y cositas que robé de mis compañeros del CETI's cuando me dio por creerme cleptómana. Llegué a la conclusión de que mi miedo al fracaso y ser la vergüenza de la familia, es infinitamente menor que mi miedo a la escuela. La verdad es que no puedo negar que admitirlo publicamente me cuesta trabajo, pero me reconforta saber que nadie que me conoce lee mi blog, y los que sí lo hacen, ya lo sabían. La última vez que traté de hacerme creer a mi misma que soy capaz de terminar (o al menos comenzar) una carrera, fue cuando a mi madre le dio por pensar que tal vez me gustaría ser fotógrafa. Ella no estaba equivocada, al final yo sí. Fueron esas cosas de la Activa de fotografía las que usé para rellenar el espacio vacío que quedó cuando tiré la prepa y la ENAP a la basura, aplazando la fecha, que sé que un día llegará, de tirar también ese pasado tan lejos como me sea posible.


Favor de comentar con gentileza.

viernes, 2 de marzo de 2012

Y sin embargo

Y sin embargo, escuchar Esa canción y mantenerme vacía de sentimientos, aún es todo un reto. A veces, de vez en cuando, todavía me da por preguntarme qué sería de mi si voviera, o si nunca me hubiera ido. No, no me malinterpretes, no pienso regresar. Ayer pensé muy seriamente en ir a buscarte, a propósito, pero como por accidente, para que me vieras hermosa con mi vestido azul y Esa sonrisa que hasta hoy, sólo él ha podido darme. Quería hacerte saber que soy feliz, más feliz de lo que ni tú ni nadie más pudo hacerme. Y sin embargo, no puedo negar que te amé, que te amé en la locura, tanto que pensé que jamás podría amar a nadie tanto como te amé a ti. No tienes una idea de lo feliz que me hizo saber que estaba equivocada, que fuiste solamente un amor de adolescente. Y sin embargo, escuchar Esa canción y no pensarte aún me resuta imposible. Recordar el olor de tu casa, a tabaco y marihuana, las tardes de dominó, los calimochos. Tu voz, esa voz, tu mirada. Dicen que el primer amor no se olvida, y tal vez tengan razón. Y sin embargo, de pensar que te amé, tanto como te amé, y de saber que desperté, que dejé de amarte a ti y todo lo que significabas, me reconforta en el hecho de que crecí, que te dejé atrás y que nunca más volveré.

A veces me da por preguntarme qué hubiera sido de mi, de nosotros, si la historia hubiera sido diferente. Las cosas que me dijeron, ahora sé que fueron mentiras. Y sin embargo te miro, miro hacia atrás y no puedo evitar sentir esa desconfianza que tú mismo creaste en mi. ¿Cuántas veces olvidaste llamarme? ¿Cuántas estuviste demasiado ocupado para pensar en mi? ¿Cuántas novias tuviste mientras no estuve contigo? ¿Cuántas buenas excusas? Yo sé bien que en aquellos días tú también eras un niño, a pesar de ser seis años mayor que yo. Eras un niño y te comportaste como tal. Y yo, siendo niña también, no me di cuenta. O me di cuenta demasiado tarde. Y sin embargo dicen que no hay amor más bravo, más profundo, que el primero, y tal vez tengan razón. Ayer pensé en ir a buscarte, y yo no sé todavía si es verdad que quiero volver a verte, yo qué sé por qué, tal vez sólo saber cómo has estado, tal vez restregarte en la cara lo feliz que soy. Me reconforté de saber que no sé dónde encontrarte, de no tener idea de quién eres hoy, de dónde estás. ¿Sigues estudiando? ¿Acabaste tu tesis? ¿Volviste a La Paz? ¿Te casaste?. Otra cosa que quisiera saber, es si es verdad que quiero saber. Y sin embargo, busco tu nombre en google y me frustra no encontrarte. Y si pongo tu canción, no puedo evitar recordarte. ¿Podríamos ser buenos amigos, como dijimos hace tantos años que podríamos ser?, que deberíamos ser. Yo que sé, si las cosas hubieran sido diferentes, tal vez hoy serías mi amigo. Un día te dije, con esas palabras exactas que tú y yo no podíamos ser amigos, y sin embargo hoy comienzo a pensar que tal vez, y sólo tal vez, me encantaría estar equivocada.

viernes, 26 de agosto de 2011

Polvos mágicos

(Primer cuento sobrepedido)

Habían pasado ya años desde la última vez que había estado allá. No reconocía el camino y le daba la impresión de que ella no era conocida para él tampoco. Miraba a través de la ventanilla y de tanto en tanto se topaba con su reflejo. Cuánto la habían cambiado los años, ella misma se sorprendía. Vagamente recordaba el olor de las frutas con piloncillo, que su madre cocinaba en navidad. Su segundo primo, recién nacido, que a medida que crecía iba robando uno a uno sus juguetes, que junto con su infancia, poco a poco se iban desvaneciendo. ¿Quién diría que llegaría el día en que crecería tanto, que dejaría de caber en la vieja casa de muñecas tamaño real que de niña le construyó su papá por no comprarle una marca Barbie? ¿Quién diría que un día esa misma casa de muñecas, se convertiría en un cuartel militar? Esta navidad, volver a casa se le antojaba viajar en el tiempo, a un pasado remoto de papeles amarillentos y fotografías viejas. Se preguntó qué sería de ella el día que, por azares del destino, tuviera que volver a la universidad de la qué, hacía no más de unos meses, se había graduado. Se preguntó qué sería de ella cuando este presente se convirtiera, como su casa de muñecas, en un pasado remoto. Puso atención entonces al camino, del que de tanto vagar en el tiempo, se había distraído. No faltaba ya casi nada para llegar a casa. Se preparó entonces para bajar del autobús, ahí, en la esquina de siempre, la estaban esperando.

La tarde transcurrió tranquila, la casa ya no era la misma. En el jardín crecía verde la maleza bajo el columpio que colgaba del capulín, el mismo en el que siendo una niña había aprendido a leer. Lo había olvidado casi por completo. Sus primos habían crecido tanto, y se comportaban ahora como finos caballeros. No más pucheros en la mesa ni crayolas en las paredes. Y ella no sabía decir si eso le agradaba o no. A la hora de la cena todos se sentaron educadamente y oraron como si creyeran en Dios. Había pasado ya tanto tiempo desde su última cena de navidad en familia que todo aquello le parecía surreal. Fue tal vez por eso que no supo si reír o llorar cuando su madre anunció que vendían la vieja casa. Con toda la felicidad del mundo explicó que ella y su nuevo novio se mudaban a vivir a la playa.

A la mañana siguiente despertó en su vieja habitación. La cama le quedaba chica y más de una vez durante la noche pensó que caería al piso. Con la espalda adolorida se puso de pie, caminó como quien camina dormido al jardín. Debía volver esa misma tarde a la ciudad y decidió pasar el tiempo que le quedaba contemplando el jardín. Llegó a su antiguo columpio y se sentó con parsimonia. ¿Cómo podía ser que lo hubiera olvidado? Que hubiera olvidado aquellas tardes soleadas en su pequeño jardín. Quien la hubiera visto habría pensado que cayó del columpio, pero la verdad era que deliberadamente se había echado a la hierba. Tomó una piedra de ahí cerca y de entre planta y planta raspó un poco de tierra. Se la puso en la mano izquierda y con ella corrió a la cocina a buscar un frasco pequeño de cristal. Lo contempló largo rato hasta que se quedó dormida.

Años más tarde una niña pequeña de grandes ojos y cabello negro le preguntaría que había en aquél frasco. "Polvos mágicos", le respondería ella, y ante la carita de incredulidad de la niña, agregaría, "Te lo juro, hija, que si los miro fijamente vuelvo a tener tu edad".


lunes, 25 de julio de 2011

Yo sé que aún soy joven



¿Cuántas veces en la vida se puede ser joven?. No me mal entiendas, aún sigo siendo joven, aún me siento joven. Es sólo que a veces me da por ponerme a pensar, a navegar por el mar de la memoria. Y hoy me dio la impresión de que, gota a gota, ese mar se va volviendo océano. Me estoy sintiendo vieja. No lo soy. A veces es una canción la que me hace volver, lo que me hace recordar, como ya lo he dicho antes. No me había dado cuenta de cuánto tiempo llevaba sin recordarlo, hasta que escuché, casi por accidente, aquella canción de nuevo. Esa misma que escuchaba para sentirlo cerca el tiempo que estuve sin él, y lo quise. ¿Cuántas veces uno puede enamorarse como adolescente?, como de ese primer amor platónico que todos sufrimos pero pocos decimos. ¿Cuántas veces en la vida se puede ser joven?, y llorar una y otra vez por un hombre que no vale la pena. No me malinterpretes, yo sé que soy aún joven. Es sólo que a veces me confundo y me da por pensar que la vida se me acaba, y cuando miro atrás me doy cuenta de todo aquello que ha quedado en el pasado y no volverá, de todas aquellas gotas que van haciendo de mi mar un océano, de todas las marcas, cicatrices, fotos viejas, amores caducados, colillas de cigarro, manchas de pintura, óxido de joyas amadas, objetos del baúl y demás mementos de vidas pasadas, de mi vida pasada. Mi mar se vuelve océano y yo frente a mi computadora. Me encontré una cana el otro día, y no me pareció divertido.

¿Cuántas veces en la vida se puede ser joven?, para poder presumirle al mundo una piel perfecta, sin arrugas marcas ni cicatrices; esa inocencia que sólo un niño puede tener.



Yo sé que aún soy joven.

viernes, 24 de junio de 2011

Cherry blossom

No recuerdo cuándo fue la última vez que comencé a escribir sin tener idea de qué es lo que quiero decir. Tenía tiempo también que no abría la ventana para ver llover, y hoy hago esas dos cosas como si nunca lo hubiera dejado de hacer. También encendí un cigarro y fumé casi bajo la lluvia. También eso lo extrañaba. Supongo que traté de olvidar un poco de quién era, de quién sigo siendo. Quise pensar que cambiaría de la noche a la mañana y a penas hoy me di cuenta de que las cosas simplemente no pasan así, de la nada. No, nada fue así, de la nada, no esperaba que lo fuera. Se me olvidó quién soy por un momento, se me olvidó que tuve mis razones para convertirme en la mujer que soy ahora, para dejar atrás a la niña que fumaba porque era poético, que traía las uñas pintadas de negro y el cabello rosa para llamar la atención. Sí, sé que dije que no lo hacía por eso, pero supongo que todos en algún momento debemos llegar al punto de reconocer nuestros nuestros desatinos, nuestros errores. Y supongo también que aquél que no lo hace seguirá siendo un niño por siempre. No, tampoco digo que ya no soy una niña, aunque eso sea lo que quiero creer.  Lo que digo es que ya no quiero ser esa niña, que si por alguna razón debería destacar, no es por mi cabello ni mi forma de vestir sino por lo que soy, porque debo ser la mejor aunque los demás no lo crean, que debo al menos intentarlo, sabiendo que aún si no lo logro seguiré siendo yo y que pase lo que pase, no me dejaré vencer por la vida. No de nuevo, no puedo dejarme caer, no otra vez, no pienso hacerlo. Y no pienso tampoco seguir sola por este camino que la vida puso bajo mis pies. Me tardé tal vez demasiado en comprender que, aunque la soledad sea cómoda, siempre será triste. Tienes que entender que pasé sola mucho tiempo y que es difícil para mi acostumbrarme, hacer espacio en mi vida para alguien más, sea amigo, pareja o familiar. Estoy acostumbrada a estar sola y quiero cambiar eso. Estoy acostumbrada a vivir por mi, para mi, como yo quiero y cuando yo quiero. Es cómodo, sí, but it gets really lonely. Y no quiero eso, no otra vez. Ya no quiero que me digan que soy una princesa, quiero tratar de tenerle fé a la humanidad de nuevo, aunque de nuevo me paguen con una mala moneda. Quiero arriesgarme a ser feliz otra vez, y no quiero hacerlo sola.



Would you come with me?

domingo, 19 de junio de 2011

La imposibilidad de volver

¿He hablado antes del baúl?. No estoy segura, creo que sí, un par de veces. Creo que de sus reglas y alguna vez de su historia. Creo dije también que su razón de ser era mi miedo a olvidar. Y me estaba preguntando (hace unos minutos que elegí de entre la basura de mi cuarto un par de cosas que pondré en él) si es verdad que es eso, que es mi miedo a olvidar. Uno no vuelve a lo que ha olvidado, pensé. Uno por lo general no vuelve, y punto. Por un momento imaginé que, al abrirlo, de pronto todo aquello que guardo volvería; No el reloj rosa con una niña y un ganso, sino la mujer que me lo regaló siendo yo una niña; No el trozo piso de cemento de la primaria que guardé sino Laura diciéndome que acabando ese día no volvería a verme; No el listón de plástico amarillo sino el enorme girasol que mi madre me regaló el día que cumplí 18. Debo decir que me cuesta aceptar que hay cosas en la vida que son efímeras, momentos, flores que se marchitan y no vuelven. Lugares a los que no se vuelve, no porque uno no quiera sino porque ya no existen.

lunes, 6 de junio de 2011

De tormentas y soledades



Desde mi ventana se ve la luna, y en lugar de fumarme un cigarro, me como una manzana. No diré que un cigarro no fue mi primera opción. Apagué las luces por costumbre y comencé a escribir por inercia. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que escribí por gusto, con calma, sin miedo. Tenía mucho tiempo que no me sentía como yo, como lo que soy ahora. Tenía mucho tiempo sin ver la luna. Y ella, se ríe de mi con cariño. Se ríe conmigo. Por la ventana abierta entra una brisa fría, con unos cuantos moscos y el canto de los grillos. Afuera la noche se mece tranquila sin pensar que, aquí adentro, alguien piensa en ella. Alguien se mece con ella, se acurruca en ella. Aquí adentro todo parece volver a la normalidad, y nadie parece darse cuenta. A veces se me olvida que, las tormentas internas, suelen quedarse adentro, nacer, vivir y morir adentro. Y tal vez así es como debe ser. Tal vez al final siempre estuve y estaré sola, así que se me ocurre pensar que la única forma que tengo de ser feliz, es encontrar grata mi propia compañía. "¿Y eso cómo se hace?", suena una voz en mi cabeza. Y eso... cómo se hace?

lunes, 23 de mayo de 2011

Huir de las ganas de huir



Una de las cosas más difíciles que un humano tiene que  saber decir, creo que ya lo había dicho antes, es "lo siento". Yo no sé cómo decirlo, siempre acabo empeorando las cosas. A veces decir "lo siento" no es suficiente para lavar las culpas. A veces tampoco escuchar el respectivo "te perdono" o su equivalente. Hay cosas que duelen demasiado, que no necesitan un perdón ajeno sino uno propio. Y esos son los más difíciles, los más profundos. Y encima de todo no siempre puede hacerse. Hay gente que vive años, vidas enteras, sin encontrar ese truco, ese secreto, esa panacea para lavar las culpas que uno tiene con uno mismo. No quiero ser yo una de esas, no quiero vivir con culpas que no puedo tolerar. Lo hice muchos años y ya no puedo volver.

Sería fácil, muy muy fácil mandar al mundo al diablo. Lo he hecho antes, he encontrado la manera de huir y olvidarme de la culpa. Podría hacerlo de nuevo, podría dejar ir gente que quiero para no tener que solucionar nada. ¿Cómo se supone que se perdona uno un error que ya ha cometido antes, y ni siquiera entonces se supo perdonar?. Perdí de nuevo, y aposté de más. Y lo siento, lo siento y no dejaré de decirlo. Pero tampoco podría mentir y decir que si pudiera volver en el tiempo, no repetiría mis errores. Y también por eso lo siento.

A veces envidio a los alcohólicos, al menos ellos tienen la opción de perderse del mundo. Me gustaría pensar que yo también puedo hacerlo, me gustaría poder escapar, desaparecer por un momento, dejar de sentir. Olvidarme de la culpa y del pasado, de las cosas que dije y no debí, de las cosas que no hice y me hicieron falta. Y lo siento, lo siento porque no puedo volver. No puedo estar acompañada y no quiero estar sola. Sigo dando vueltas en círculos y de nuevo estoy sola. Me estoy volviendo loca y de nuevo tú no estás aquí.

¿Cómo se supone que debe uno pedirse perdón a uno mismo? ¿A caso se puede? ¿Cómo puedo esperar que alguien me perdone si no encuentro la forma de perdonarme a mi misma?

Y lo siento... lo siento tanto...

miércoles, 27 de abril de 2011

16 Pensamientos random



El otro día tuve que pasar un día entero sola en Coyoacán, por motivos que no voy a explicarte. Normalmente tengo la costumbre de llenar las páginas de mi cuaderno completamente, sin dejar espacios en blanco, aunque amontonando las letras de vez en cuando. Es por eso que notarás que todos los escritos con la etiqueta "versión escrita" son cortas; La cantidad de palabras depende del orden y tamaño de las mismas en el papel. Pero el lunes olvidé mi cuaderno en casa, así que lo que hice fue doblar una hoja carta en 8 y usar los cuadritos como si fueran páginas. El resultado fue una serie de pensamientos random, algo misántropos y con cierto sabor a enojo. Originalmente no pensaba publicarlos...



1
No tengo ganas de escribir.
Pero lo necesito. Últimamente
me siento más rara de lo
normal. Los humanos me
aburren, son todos iguales. No
los entiendo, no sé cómo ser
como ellos. Me dicen que no
tengo qué, pero me siento
sola. A veces me dan ganas de
volver al pasado. El presente
me encarcela, me corta alas que
nunca nacieron. Te extraño.
Más de lo que me atrevo a
admitir, más de lo que debería
permitirme. No. No digo que
estaría mejor contigo. Yo sé
que no, pero te extraño.


No sé qué pasa conmigo.


2
Estar rodeada de gente me hace
daño, me hace sentir que no
pertenezco a este mundo. Tal
vez es porque es verdad, tal
vez me gusta de esa manera. No
sé si me gustaría que fuera
diferente. Estar rodeada de
gente me atormenta, y nunca he
tratado de cambiar eso. Hay
quien piensa que la soledad es
triste. Ellos no saben cuánto
más triste es la gente. La
gente es impuntual,
imprudente, egoista, casi
todos, tontos. Lo más triste
es que ni siquiera lo saben.
No tienen por qué saberlo, no
les importa.


Me pregunto si son más felices
que yo.




3
Ya son varias las veces que,
en el msn, te escribo "te
quiero" y luego lo borro. Me
pregunto si algún día le daré
"enter" en lugar de "delete".
No lo sé. A veces me cuesta
trabajo distinguir entre
sensatez y cobardía. No llevo
la cuenta de cuántas veces he
dejado ir a gente que quiero,
por ser cobarde. A veces me
pregunto si es verdad que no
estoy sola. A veces no
recuerdo si sé con certeza qué
es la soledad.




4

(otras cosas que taché y/o no
entiendo)
De más joven me imaginaba a mi
misma como la clásica
"hipster", sentada frente al
café tomando café y
escribiendo en servilletas. Me
alegra saber que me equivoqué;
Ahora tomo chocolate.










5
Traté de marcarte al celular,
pero no tienes señal. Sigo en
la plaza y me aburro. Ya fui
por chocolate, ya me senté en
el kiosco, escribí un poco, y
se me agotan las ideas. Me
gusta mi tiempo a solas, no me
quejo. El ipod aún tiene pila
pero por ahora prefiero el
canto de las aves. Escucho un
ruido en la hojarasca, en el
jardín; Eso no es un ave, me
asomo. Una lagartija persigue
a una cucaracha, intenta
comérsela. Algo asusta a la
lagartija; Un gorrión. Él se
come a la cucaracha.


Iré a seguir a un extraño.






6
En esta ciudad es raro
encontrar a alguien
interesante. Casi nunca pasa,
y cuando pasa es raro que
ellos piensen que yo soy
interesante. Eso, o huyen
corriendo en el momento en que
yo menciono a mi novio. No me
molesta en realidad, ¿para qué
querría yo hablar con alguien
que sólo quiere de mi una
cosa? No le veo el caso.
Después de todo, ¿qué es lo
que hace a alguien
interesante? Tal vez algo en
su forma de vestir, su forma
de caminar, de mirar... yo qué
sé. No me gusta equivocarme,
pero pasa muy seguido que
alguien que creí interesante
me desilusione.










7
Me parece curiosa la manera en
que caminan los ciegos,
siempre con su bastón por
delante. ¿Qué sentirán? ¿Qué
pensarán de nosotros que
tenemos el regalo de la vista?
Todo sería diferente si todos
actuáramos con la precaución
de un ciego. Me pregunto cómo
sería mi vida si tuviera el
bastón de un ciego, que
pudiera salvarme de los
errores que he cometido en la
vida. Supongo que sería más
inmadura, más ingenua, pero,
¿para qué querría uno madurez
si tuviera el bastón de un
ciego?




8
No me gusta ver la fuente de
los coyotes apagada. Me hace
sentir que esta plaza es
aburrida. No lo es. No hay
forma de que lo sea, a pesar
de lo que diga cierta persona,
con la que por cierto hace
mucho que no hablo. Me gusta
esta plaza, sus fuentes, las
ardillas trepando en los
árboles, alimentar a las
palomas, el chocolate del
jarocho, sus cafés y sus
restaurantes, la gente rara
que viene aquí, sus
vagabundos, sus colores, la
historia de este lugar al que
llamo hogar, que es mi propia
historia.






9
"Tal vez no estaré aquí cuando
vuelvas", te dije, y tenía
razón. Normalmente no pienso
mucho en eso, pero hoy me
dejaron plantada y al parecer
tendré mucho tiempo de sobra.
Tenía rato que no pasaba un
día como este. Me agrada, me
hacía falta. Te diré la
verdad; No te extraño. Ni a ti
ni a él. Pero me da curiosidad
saber qué ha sido de tu vida;
¿Cómo está tu hijo? ¿Estás
estudiando lo que me dijiste
que querías? ¿Cómo está ella?
¿Volvieron? ¿Se separaron?,
pero, sobre todo, ¿Me extrañas?






10
Ya debería tener práctica en
eso de aguantarme las ganas de
llorar en público. La verdad
es que no. No puedo. Es por
eso que aún uso la excusa de
ir al baño para estar un
momento a solas.
Prometo lanzarme a los brazos
del próximo que me
trate como a una princesa, que
no piense que tratarme mal es
una forma de decir "Te quiero"




11
CENSURADO






12
CENSURADO




13
Son pocos los que saben lo que
significa para mi un abrazo,
lo que vale. Normalmente me
cuesta trabajo acercarme a la
gente. Tocar las manos de
alguien que no conozco puede
llegar a hacerme enojar. Pasa
muy seguido que rechazo o me
alejo de gente conocida, y lo
malinterpretan. No me gusta
que pase eso, como tampoco me
gusta que traten de tocarme
sin mi permiso. Si me pusieras
a pensar, a rebuscar en mi
pasado la razón psicológica,
sociológica de esto, te
respondería que no ----- te me
acerques.






14
CENSURADO


15
¿Qué es exactamente lo que
hace de un lugar cualquiera un
hogar? ¿Cuál es la diferencia
entre esta y cualquier otra
plaza? Sé que viniendo aquí me
arriesgo a encontrarme de
frente con los fantasmas de mi
pasado. Ya ha sucedido antes,
y tal vez lo hago a propósito.
Tal vez lo hago porque me da
miedo dejar atrás al pasado.
Podría nombrara a alguien que
quise por cada banca de este
lugar. Podría ->




16
señalarte los lugares en los
que he llorado, en los que he
reido, donde he dormido, el
billar en el que aprendí a
fumar, el lugar donde lo besé
por primera vez, donde aprendí
a alimentar a las palomas de
niña. Está aquí la casa de mis
sueños, la gente que conozco y
la que me falta por conocer.
¿Qué es lo que hace de un
lugar cualquiera un hogar? Te
diré algo; Me he mudado de
casa mil veces, y el único
lugar al que he podido
volver... está aquí.

martes, 29 de marzo de 2011

Extrañando...te

Extrañamos cosas que no deberíamos extrañar. Cierto. O extrañamos cosas que sabemos que no tiene caso extrañar, cosas a las que sabemos no tiene caso volver. Extrañamos cosas que se han vuelto más ecos, costumbre arraigada, sin avisar ni pedir permiso. Extrañamos no porque queramos sino porque así pasa. Y así pasa aún cuando no queremos.





Con esta entrada, tengo la misma cantidad de entradas del 2010 que del 2011. Eso qué significa?

A bad dream



Soné contigo esta noche. Te soñé tal y como te recuerdo, como si fuera posible volver a verte. Recuerdo que en mi sueño tenía presente que aquello era un sueño, y aún así actué como si fuera real. Y te dije que no mil veces, cuando lo que quería era lanzarme a tus brazos y besarte como si nada nunca hubiera pasado. Durante el día me han estado pasando cosas que me recuerdan a ti. Que me recuerdan por qué me alejé y por qué quiero volver. Por qué te quiero, te extraño, no te he podido olvidar. Me gustaría poder no cumplir esa promesa en particular, y enterrarte. Dejarte ir por completo como he dejado ir a tantos. ¿Por qué será que no puedo?, que todo el tiempo, justo cuando pensé que ya te habías ido, que no volverías, algo pasa que me obliga a volver. O a querer volver por lo menos. No quiero. No quiero repetir la misma historia, no quiero volver a lastimarte, a lastimarme. Que se nos haga costumbre rompernos el corazón uno al otro como ha sido siempre. Pero si quiero. Quiero volver para probarnos que sí se puede, que podemos querernos sin herirnos, quiero volver a sentirte, a besarte, a demostrarte que sí se puede, que nada es permanente. Pero sé que no se puede. Sé que no volverás, que no volveré. Y eso me está matando.
.
.
.



Fue sólo un sueño, nada más. Ya se me pasará.
Ya pasará.

domingo, 27 de marzo de 2011

Never

Si hay algo que extraño de mi antigua yo es esa forma que tenía de convertir gritos en palabras. Hoy, por accidente, casi envié por correo escritos de aquella época que me gustaría nunca haber tenido razones para escribir. Ha pasado ya tanto tiempo que me cuesta trabajo pensar que esa fui yo. Me avergüenza un poco, de todas formas, saber que esa chica rebelde, explosiva, autodestructiva, aún vive amordazada en algún lugar dentro de mi. Me gusta pensar que vendrán tiempos mejores, mejores incluso que estos de los que no me quejo en absoluto. Me gusta saber que pase lo que pase, Diana no volverá.
________________



Cansancio (Sin editar ni corregir)


Estoy cansada de escribirte y de pensarte. Estoy harta de husmear en la memoria, de buscar tus labios, tus gestos, tu olor, tu sonrisa, tu mirada; fragmentos de ti que no supe guardar en cajones. Estoy cansada de mirar el cielo buscando tu luna, de esperar que seas tú quien se asoma en mi ventana.


Llegar al límite de la cordura
Palabras al aire sin sentido
Sonidos que no forman palabras
Sino llantos


Vacíos que desafían las leyes de la física
Y pesan.
Dolores del alma que no sanan
Porque no tienen principio ni fin


Susurros que gritan en silencio
Silencios que hacen eco en las paredes
Suicidios que no apagan la vida
Cobardía acechando debajo de la cama.


Un corazón
Hecho piedra, luego tierra, luego ceniza…
El sol que se cansa de mirar la tierra
Amarillo, luego rojo, luego explota.


Amores que caducan
En los refrigeradores del autoservicio
Amores que se pierden
En algún lugar de las ciudades
De las calles, de los mundos.


Estoy cansada de morir de pie.
Estoy a punto de rendirme y la culpa me carcome. Y respiro, pero cuesta. Y mi corazón se oxida de latir; pero él no lo merece. Estoy a punto de caer, y no encuentro en el pavimento dónde caer en blando. Miro hacia atrás y nada hay que me cobije, miro adelante y sólo encuentro todo lo que nunca será. Estoy cansada de perder el tiempo y no tengo ganas de nada. Y todo es tan fácil como dos cajas de aspirinas.

Irinkah.

domingo, 13 de febrero de 2011

Never



Y justo cuando pensé que la historia había acabado, acabado del todo y por última vez, aparece un nuevo mensaje en facebook. ¿Por qué? ¿Por qué no puede rendirse y dejarme ir? ¿Cómo es que no se da cuenta? ¿Qué demonios pasa por su cabeza? ¿Cómo se supone que yo debo seguir con mi vida si sigue apareciendo? Tal vez si lo ignoro se vaya de nuevo...
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You're beautiful, you're beautiful, its true... but is time to face the truth...
...I will never be with you...

martes, 25 de enero de 2011

A pretty sunset...?



...I’ve changed my mind so much I cant even trust it
My mind changed me so much I cant even trust myself...

jueves, 21 de octubre de 2010

Volver.



Es curiosa la forma en que me relaciono más con animales que con seres humanos. Sé que suena raro, pero a veces me da la impresión de que ellos me entienden mejor que los seres de mi misma especie. No sabría explicarte por qué. Si nunca has hablado con un animal, probablemente no lo entenderías. Un animal no te critica porque no sabes maquillarte. A un perro no le importa si fumas o no, si vas a antros de moda o no. Un perro no te pregunta la marca de tus zapatos para saber quién eres, para ponerte una etiqueta. A un perro no le interesa si volviste o no con tu novio, no te pregunta dónde estuviste si llegas tarde a casa, no te juzga si todos tus amigos son hombres y tu eres mujer. A un perro no le importa si sabes vestirte, si los colores de tu ropa combinan, si vas o no a una escuela privada ni qué coche conduces. Ya van varias noches seguidas que se me cae el mundo casi por accidente, y no quiero que se haga costumbre. Hace poco escribí algo a cerca de las desiciones que uno toma en la vida, en cómo ellas pueden hacer que uno pueda o no vivir feliz en el futuro, en cómo ellas tienen el poder de dejarnos o no ser felices en el presente, de darnos o no la capacidad de poder dejar atrás el pasado. Y me quedé ahí, pensando en el pasado. En mi pasado. Cuando uno es niño no se da cuenta de lo que hace, cuando no se tiene pasado es difícil pensar en el futuro. Tal vez es por eso que siendo jóvenes no somos capaces de tomar las desiciones correctas. No sólo por irresponsabilidad, no porque nos importe poco la vida (al menos no en mi caso), sino porque no sabemos qué es el futuro. Porque no conocemos un futuro. Me refiero a que, cuando uno no conoce el concepto de pasado, no puede tampoco conocer el conceptro de futuro, a largo plazo, quiero decir. Cuando alguien es joven, no sabe de futuro. Lo malo del caso es que para cuando uno se da cuenta de sus errores, es demasiado, demasiado tarde. Demasiado tarde para volver. Es curioso que, en el camino de la vida, sólo se puede ir hacia delante. Frustrante, tal vez uno no pensaría entonces que el camino es realmente un camino. Es un camino de una sóla vía. Si hoy quisiera volver, no sabría cómo, ni a dónde, ni por dónde ni por qué. Sin embargo uno vuelve sin darse cuenta, uno vuelve, no cuando quiere volver, sino cuando no le queda de otra. Una vez le dije a alguien que recordar nunca es volver a vivir. No diré que me equivoqué, aún lo creo. Recordar no es volver a vivir. Y es tal vez por eso que volver duele tanto, porque en realidad no vuelves, no vuelves a vivir, no vuelves a ver, cuando uno vuelve a donde se fue feliz, nunca se está volviendo al mismo tiempo. Tal vez al lugar sí, con la misma persona, las mismas calles, las mismas casas, el mismo parque, la misma plaza. Pero el tiempo no perdona. Cuando te equivocas de camino, cuando tomas la desición incorrecta, no tienes forma de corregir, no tienes forma de volver a vivir. Nunca nadie me dijo que, si algún día intentaba volver, no sólo no podría, no sólo dolería, sino que ni siquiera sería capaz de volver. Cuando uno vuelve, vuelve por un camino diferente, y se marcha por otro nuevo. Uno se marcha con la frente marchita, y el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez.

Un perro no piensa que estás loca si te escucha gritar una canción, de esas que desgarran el alma. No dice nada si desentonas demasiado, ni te pregunta por qué lloras. Un perro sólo se calla y escucha.

domingo, 10 de octubre de 2010

I will allways love you


¿Cuántas promesas hemos hecho que no nos es posible cumplir? No me lo tomes a mal, nunca hice una promesa que no quisiera cumplir. Sin embargo muchas veces hice promesas sin considerar las consecuencias que traería cumplir, las que traería no hacerlo. Muchas cosas me hacen suponer que no soy una persona impulsiva, normalmente no como nada que no pueda digerir, no digo nada que no pueda sostener, no compro nada que no pueda pagar, no hago nada sin pensarlo antes varias veces. El problema es que, no es así cuando estoy enamorada. Supongo que de eso ya te diste cuenta. Y me imagino que es normal en los humanos, me imagino que es normal en mi... que deje de pensar si me enamoro. Traté de escuchar de nuevo aquella canción que no pude despegarme el tiempo que estuve sin ti, extrañándonte. No pude. No pude sin volver a sentir, a sentirte. Y tal vez eso es lo malo de ligar canciones que me gustan a mi pasado, luego hacen que sea imposible escucharlas sin atarse uno mismo al pasado. Y me han dicho (he dicho) que eso no es bueno. Tal vez sea que todavía te extraño, aún cuando no quiero extrañarte. No quise que fueras uno más de la lista, de todos aquellos a los que he escrito en mi vida cosas que jamás leerán. No quise que fueras otro de aquellos a los que me niego a nombrar por miedo a querer volver, por miedo a llegar a pensar que tal vez sea posible que quiera volver. (En Comala comprendí, que al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de voler.). No quería hacer una promesa que no pudiera cumplir, quería que ese adios que no te dije, fuera un adiós con puntos suspensivos. El problema hoy es que ni dije adios ni quiero los puntos suspensivos. El problema ahora es que ya no puedo decirte que no quiero volver. Que te hice una promesa que debí saber desde el principio, que no debía cumplir.

Whatever words I say...