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domingo, 25 de agosto de 2013

No hay consuelo en la soledad

Lo terrible de la vida no es el miedo a la muerte, sino a la vida misma. ¿Qué pasa si vuelo demasiado alto y caigo? ¿Qué pasa si no logro llegar tan alto como pretendo? ¿Qué pasa si llego, pero sola?

Todavía a veces me da por pensar que tal vez no merezco esta vida, que tal vez para mi pesa demasiado. No, no se preocupen, no haré nada al respecto. Es sólo que a veces se me olvida que tengo pies y que sé caminar, que no tengo por qué esperar que nadie me ayude ni camine conmigo. Pero pesa. Siempre me consideré ágil, inteligente, o al menos lo suficiente para sobrevivir, a penas sobrevivir. Pero nunca me he pensado fuerte, esa fortaleza que otros ven en mi, estoy casi segura, es solamente miedo. A veces uno se cansa de sobrevivir y le dan ganas de volar. Siempre pensé que en el futuro habría otros cielos, más tiempo, que era joven y la vida no se me acabaría jamás. De pronto el tic tac del reloj comienza a aterrarme, cuando veo mi futuro en las frustraciones y limitaciones de todos a mi alrededor. Eso es lo que me pasa por conseguirme amigos de treinta en adelante. Luego me dio por pensar que los niños de mi edad podrían ser la respuesta, pero descubrí que ellos tampoco tienen alas. Nadie tiene alas. No sé por qué me da por esperar tenerlas yo. Y me da por enojarme con la vida, con querer gritarle, golpearla, hacer que se rompa un poco y que sienta el dolor que ella me causa a mi. Pero sé que no tiene la culpa. Culpo a los aviones sin corazón que se marchan, que pueblan los cielos de soledades y de ausencias, y a esta estúpida idea que tiene la gente de que tal vez en otros cielos podrán ser felices. No funciona así, y se los digo, pero se marchan de todas formas, me abandonan. No sé si me merezco esta vida, sólo sé que a veces vivir duele, pesa. Cuando éramos niños decíamos que no podíamos esperar para ser adultos, pensabamos que ellos hacían las cosas divertidas, que ellos lo sabían todo, lo podían todo. No nos dijeron que crecer duele, que uno debe aprender a estar solo, acostumbrarse a las ausencias, muertes y abandonos, dejar atrás los sueños y sacrificar sonrisas por éxitos. ¿Por qué no nos dijeron los adultos que vivir duele?, nos atrajeron a la vida con mentiras, fantasías. Se les olvidó advertirnos que los vivos sangran, sufren. ¿Por qué demonios celebran los nacimientos en este maldito mundo mal encuadrado, aséptico, roto? No hay consuelo en la soledad ni en abrazos de desconocidos. A veces tampoco en los brazos amados, y yo, todavía no sé cómo abrazarme a mi misma. Al final, terminaré tal vez sola en una casa grande, blanca, con alberca. Tal vez siempre lo supe y es ese mi destino, tal vez no merezco más. Nadie me empujará en las subidas, ahora lo sé. Tal vez porque yo así lo quise, pero, ¿Cómo vivir dando explicaciones?, ¿Cómo vivir haciendo feliz a todo el mundo y feliz a uno mismo? Eso no se puede, no se puede, mucho menos cuando al final no sabes siquiera qué es lo que te hará feliz. La vida no es un maldito libro de matemáticas. Sabes que el teléfono dejó de sonar porque tú lo ignoraste, y ahora no tienes el valor de levantarlo tu misma y hacerlo sonar del otro lado. Eso te hace cobarde, eso es lo que eres. No hay consuelo en tu habitación, con las cortinas cerradas y la luz apagada, ya pasaste por ahí, ya conoces el círculo, conoces el encierro, pero cuando te ofrecen alas resulta que no sabes cómo volar. Nunca nadie te enseñó a volar, en tu vida, sólo conoces cadenas, eso es todo lo que te ofrecen y todo lo que puedes pedir. Tú no sabes volar como ellos que se marchan. Tal vez eres tú la que está equivocada y si hay felicidad en otros cielos. Tal vez los aviones son sabios y saben que sí hay consuelo en la soledad. Yo no les creería, no puedo hacerlo. No, no hay consuelo en la soledad. Yo no sé por qué la busco tan estúpidamente como ellos buscan en otros cielos. Y me dejan, oh, pobre de mi, niña estúpida que no sabe que en esta vida, todos nacimos y morimos solos.


Se cayó mi colibrí, se le rompió el pico. No quiero tomarlo como una señal.

miércoles, 21 de marzo de 2012

El pasado que me acecha desde el cajón

Hay quien dice que todo miedo se reduce una vez que se le ve de cerca. Es difícil para mi creer esto verdad cuando tantas veces han sido ya las que he lo intentado, las que he visto este miedo particular, desde adentro, desde las entrañas; y cada vez ha sido más vil su tracto digestivo.

Esta tarde, en un vano intento de ordenar el librero blanco, abrí un cajón de esos que uno no abre si no tiene ganas de encontrarse con el pasado, y fue así como me encontré a mi misma tirando mi pasado a la basura. Déjame decirte que no fue tan malo, darme cuenta de que al final una buena parte de ese pasado era ya de por sí casi pura basura. En su mayoría trabajos de la preparatoria, la guía de la UNAM de aquella vez que intenté estudiar artes visuales, un par apuntes de cuando estuve de oyente en la ENAP y cositas que robé de mis compañeros del CETI's cuando me dio por creerme cleptómana. Llegué a la conclusión de que mi miedo al fracaso y ser la vergüenza de la familia, es infinitamente menor que mi miedo a la escuela. La verdad es que no puedo negar que admitirlo publicamente me cuesta trabajo, pero me reconforta saber que nadie que me conoce lee mi blog, y los que sí lo hacen, ya lo sabían. La última vez que traté de hacerme creer a mi misma que soy capaz de terminar (o al menos comenzar) una carrera, fue cuando a mi madre le dio por pensar que tal vez me gustaría ser fotógrafa. Ella no estaba equivocada, al final yo sí. Fueron esas cosas de la Activa de fotografía las que usé para rellenar el espacio vacío que quedó cuando tiré la prepa y la ENAP a la basura, aplazando la fecha, que sé que un día llegará, de tirar también ese pasado tan lejos como me sea posible.


Favor de comentar con gentileza.

viernes, 27 de enero de 2012

25 de enero 2012, 2:35 pm

Me acostumbré a verte, creyéndote bolita de pelos en el piso de mi cuarto. Pensé que siempre estarías ahí, esperando a que llegara en las noches, esperando para saludarme. Sabía que un día te irías, y que por saberlo, no dolería tanto. Pensé que estaba preparada. Te lloré antes de tiempo, pero lloro más ahora que ya no tenemos tiempo. Me encierro en mi cuarto, que era nuestro cuarto, y todo lo que veo eres tú. Me siento como respirando agua, te siento aquí a mi lado. Juro que te escucho, pero volteo y ya no estás. Se me olvidó abrazarte más cuando aún teníamos tiempo, caminar a tu lado, rascarte detrás de la oreja que era todo lo que querías. Siempre dije que no tenía amigos de la infancia, vaya día vengo a enterarme de que eso era una mentira.

Dos medallas de obediencia y una de guardia y protección para un poodle de treinta centímetros y una niña de siete años. Un collar blanco nacarado y uno de cadenita. Tres correas amarillas, una almohada deshecha y un swetercito café. Un plato de comida negro y vacío, vacío como mi cuarto sin tí.



Cindy
1997-2012

sábado, 5 de noviembre de 2011

Agua

Podrías cansarte de mis ojos llorosos que te dicen que te necesitan, cansarte de mi silencio eterno, de mi falta de ganas de ponerme de pie. Me ha pasado antes, ser, sentirme, creerme una carga. He escuchado las voces fastidiadas de mis amigos por teléfono que dicen "voy para allá" como diciendo "chingadamadre, otra vez?!" Me ha pasado antes, me ha pasado mucho. Puse una flor y un fondo morado porque me dije que ya no escribiría cosas tristes, ya no, ya no puedo. Pero esta mañana mi pequeña flor de cerezo es la única que no me dice "¿Otra vez estás llorando? ¿No te cansas?". No, ella sólo se sienta y escucha como nadie más lo sabe hacer. No había escrito en semanas, no porque no quiera, no porque no lo intente, sino porque cada vez que pongo las manos en el teclado no puedo evitar llorar. Y escribo post lastimosos que no quieren ser leidos. Así que prefiero el silencio, silencio como agua de lluvia que se arrastra hasta la coladera y se esconde de las calles de la ciudad, porque esta realidad duele demasiado. Yo soy agua de lluvia, siempre lo he sido. Pero hay días en que lluevo sobre campos amarillos, sobre rostros que sonríen, que se alegran por el agua fresca. Hoy no. Hoy soy agua de coladera.

Podrías cansarte de mis letras tristes que no quieren ser leidas, yo lo sé. Podrías cansarte de esa manía mía de guardar silencio cuando no tengo nada interesante qué decir. Podrías pensar que soy aburrida porque no tomo, porque no fumo, porque no como carne roja, porque no voy a antros, porque no me desvelo. Pero aprendi que aquél que se cansa de tus paranoias, de tu silencio, de tu falta de vicios, de tus ganas de llorar, aquél que no está contigo a pesar de todo, no es tu amigo. Y entonces, prefiero el silencio.

miércoles, 22 de junio de 2011

La misma historia



¿Por qué es que sólo quieres hablar conmigo cuando tengo algo que hacer? ¿Por qué es que sólo me necesitas cuando alguien más quiere salir conmigo? ¿Por qué es que siempre que necesito hablar con alguien tú tienes algo más importante qué decir?. Comienzo a pensar que tal vez los dos lo hacemos a propósito. Yo salgo con mis amigos cuando necesito hablar y tú no estás, tú sólo necesitas hablar cuando yo salgo con mis amigos y al final nunca nadie sabe por qué es que mi bote se hunde. Se hunde sólo, como de costumbre. No me gusta la costumbre. No quiero acostumbrarme a que las cosas salgan mal y sin embargo así pasa. Quise contarte hoy a cerca de mi fracaso, tú sólo supiste decirme que "mañana serás grande". Y estoy cansada de oir eso, estoy cansada de sentirme sola, estoy cansada de estar mal. Estoy cansada de nuevo y ya no sé cómo escapar. Extraño hoy más que nunca aquellas noches en que podía perderme con un coctel de licores, olvidarme del mundo y dejar que el mundo se olvidara de mi. Extraño aquellos días en que eras mi confidente, y podía decirte lo que fuera y tu siempre tenías las palabras correctas para hacerme sentir mejor. ¿Cuándo fue que eso cambió? ¿Cuándo fue que crecimos y dejamos de saber quiénes éramos? Hace mucho que no sé quién eres. Hace mucho que me haces pensar que no sabes quién soy yo. Como hoy cuando me llamaste y me preguntaste si estuve tomando. ¿Realmente crees que eso podría pasar?, no me conoces. Ya no me conoces. Lo peor del caso es que, en este momento, ya no sé si quiero que me conozcas. A veces me gustaría que me contaras las cosas, me gustaría que me hicieras pensar que tú quieres que yo te conozca y no lo haces. Me dices que quieres hablar y cuando quiero hablar contigo me dices que tienes sueño. Yo sé que estás despierto. Yo sé que no quieres hablar conmigo y por eso no te diré que no he dejado de fumar.

domingo, 19 de junio de 2011

To be worthy

Soy como los labios de las personas en una película muda. Soy una fotógrafa sin cámara, dibujante sin lápiz ni restirador. Soy el espacio vacío entre una banca y la otra. Un número en la lista, un papel en un cajón. Nada más. Nunca más. Sóla y de nuevo una sombra. Me dices "eres la onda", me dices que mañana seré grande. Y yo no sé si creerte, yo no sé qué creer. No te quiero creer. Porque, después de todo, de todos estos años, podrías nombrar una sola cosa que haya hecho bien?. Yo no puedo. Hoy no puedo.




No me digas que fumar no es poético. Yo ya lo sé.

domingo, 5 de junio de 2011

Confesiones, favor de no leer.

Me da miedo que cambies. Me da miedo no saber quién eres. Nunca creí saberlo, pero hoy, ya no sé si sé algo, at all, a cerca de ti. Eres un pésimo novio pero un excelente amigo. Pero te amo, y ese es el problema. Me di cuenta de que sólo sé cosas de ti, las cosas que me gustan, las cosas que no me gustan, cuando sabes que sólo somos amigos. Y es tal vez por eso que, a veces, me da por alejarme de ti. Me gustaría que lo supieras pero nunca te lo diré. Me das miedo. Siempre ha sido así. Cuando estoy contigo todo está bien, cuando te veo de cerca sé que eres tú, que no me harías daño, cuando te tengo cerca sé quién eres, sé que te amo. Pero si te alejas, y te veo como eres, me doy cuenta de que no, de que nunca supe nada de ti, que para mi eres un libro cerrado, que sólo muestra su portada, una portada sexy, interesante, pero no completa. Al final sólo una portada. Y ya no sé qué hacer contigo, porque te amo, siempre te he amado, y sin embargo, te temo.

Me gustaría decirte que no volveré a verlo, porque probablemente es la verdad. No lo haré, no te lo diré, como no me dices tú tampoco la mitad de lo que pasa por tu mente. Que yo sé que es mucho, y que no me lo dirás jamás. Me gustaría que supieras que yo sé quiénes son mis amigos, que los conozco mejor que a ti, que algunos me conocen mejor que tú, y que, sin embargo, yo sé que siempre estaré sola. Me gustaría que supieras que, la razón por la que estoy contigo, no es porque seas gracioso, porque seas inteligente, porque sepas tratarme. Estoy contigo porque sé que, a tu lado, nunca estaré sola. Aún cuando de ti sólo conozco la portada, aún cuando sé que no te conozco como debería, que no me dices las cosas que me gustaría saber. Estoy contigo porque te amo, a pesar de que te temo.

viernes, 3 de junio de 2011

Wish you were here



How I wish, how I wish you were here.
We're just two lost souls
Swimming in a fish bowl,
Year after year,
Running over the same old ground.
What have we found?
The same old fears.
Wish you were here.

lunes, 23 de mayo de 2011

Huir de las ganas de huir



Una de las cosas más difíciles que un humano tiene que  saber decir, creo que ya lo había dicho antes, es "lo siento". Yo no sé cómo decirlo, siempre acabo empeorando las cosas. A veces decir "lo siento" no es suficiente para lavar las culpas. A veces tampoco escuchar el respectivo "te perdono" o su equivalente. Hay cosas que duelen demasiado, que no necesitan un perdón ajeno sino uno propio. Y esos son los más difíciles, los más profundos. Y encima de todo no siempre puede hacerse. Hay gente que vive años, vidas enteras, sin encontrar ese truco, ese secreto, esa panacea para lavar las culpas que uno tiene con uno mismo. No quiero ser yo una de esas, no quiero vivir con culpas que no puedo tolerar. Lo hice muchos años y ya no puedo volver.

Sería fácil, muy muy fácil mandar al mundo al diablo. Lo he hecho antes, he encontrado la manera de huir y olvidarme de la culpa. Podría hacerlo de nuevo, podría dejar ir gente que quiero para no tener que solucionar nada. ¿Cómo se supone que se perdona uno un error que ya ha cometido antes, y ni siquiera entonces se supo perdonar?. Perdí de nuevo, y aposté de más. Y lo siento, lo siento y no dejaré de decirlo. Pero tampoco podría mentir y decir que si pudiera volver en el tiempo, no repetiría mis errores. Y también por eso lo siento.

A veces envidio a los alcohólicos, al menos ellos tienen la opción de perderse del mundo. Me gustaría pensar que yo también puedo hacerlo, me gustaría poder escapar, desaparecer por un momento, dejar de sentir. Olvidarme de la culpa y del pasado, de las cosas que dije y no debí, de las cosas que no hice y me hicieron falta. Y lo siento, lo siento porque no puedo volver. No puedo estar acompañada y no quiero estar sola. Sigo dando vueltas en círculos y de nuevo estoy sola. Me estoy volviendo loca y de nuevo tú no estás aquí.

¿Cómo se supone que debe uno pedirse perdón a uno mismo? ¿A caso se puede? ¿Cómo puedo esperar que alguien me perdone si no encuentro la forma de perdonarme a mi misma?

Y lo siento... lo siento tanto...

sábado, 21 de mayo de 2011

Lo siento

Siempre he sabido que soy caprichosa. Sí, ya no me cuesta admitirlo. Siempre he sabido que soy rara, que estoy loca, eso lo saben todos los que me conocen. No, tampoco me cuesta admitirlo. Sé también que estoy sola, que siempre lo he estado. Y sé que eso es así porque yo así lo quise. Y así lo quise porque siempre fue más fácil. No dejar que nadie dependiera de mi, no depender de nadie. Lo que nunca consideré es que tal vez algún día necesitaría depender de alguien. Se me olvidó, no lo pensé. He estado sola antes, y más de lo que estoy ahora. La diferencia es que, esta vez, lo hice a propósito. Yo no sé lo que es tener a un amigo, mucho menos una amiga. Yo no sé cómo cuidarlos, yo no sé ser amiga. Y lo siento, lo siento tanto. Lo eché a perder todo y lo sabía cuando lo hice, y lo siento. Ya no soy la misma de antes, no puedo volver, no hay a qué volver, las puertas se cerraron tras de mi. No hay camino de vuelta y hoy no sé si este nuevo camino me llevará a casa. Yo sé que yo así lo quise. Hoy más que nunca quiero volver. Volver  a fumar, a comer carne, a tomar, a ser irresponsable y poco cuidadosa. Quiero volver a estar sola de a deveras y nunca más lastimar a alguien. Lo siento, lo siento tanto. Yo no sé lo que tener a un amigo, nunca lo he sabido, yo no sé cómo cuidarlos, yo no sé cómo ser amiga. Y lo siento tanto. Siempre he sabido que no soy perfecta, nunca traté de serlo. Es sólo que a veces me gustaría que no me lo recordaran. Me gustaría olvidar por un momento que, últimamente, todo va de mal en peor. Me gustaría olvidar que siempre supe que estoy sola.

martes, 17 de mayo de 2011

The wisdom of the fool wont set you free



Tengo un millón de cosas qué contarte, y tú no estás. Tengo quejas, de tí, de él, del mundo, de todo. Tengo un par de caricias y no sé dónde dejarlas. Me siento sola de nuevo y no sé qué hacer conmigo. Estoy cansada, pero no tengo sueño. Me siento sola de nuevo y no sé qué hacer contigo. Te extraño. Más de lo que me gustaría admitir, más de lo que debería. Y tú no estás. Y no porque te hayas ido sino porque nunca estuviste. Nunca estuviste y siempre lo supe. Me siento sola de nuevo, y estoy cansada. Estoy cansada de sentirme sola. Estoy cansada de estar cansada. Está lloviendo y no puedo abrir la ventana. Quiero fumar pero no tengo cigarros. Estoy cansada, estoy sola y no sé qué hacer conmigo. No tengo ganas de escribir pero lo necesito. Te necesito. Y no sé cómo decirte, no sé si debo decirte.
It wouldn't change anything anyway.

lunes, 11 de abril de 2011

Mujeres

Nunca me vi a mi misma como una persona sociable. Eso ya todo el mundo lo sabe y lo he dicho antes. Siempre he preferido el canto de los grillos sobre las voces de los humanos. Los humanos me hacen sentir incómoda, y que yo recuerde siempre ha sido así. Lo que siempre me ha parecido curioso es que piensen que me gustan las cosas de esa manera y que yo lo quiero así. Tampoco puedo decir que sea lo contrario, no me desagrada ni trataría de cambiarlo. Los humanos me atormentan, me complican la vida, y en particular las mujeres me causan problemas; Nunca he encontrado una que me entienda, a excepción de mi madre, pero siendo mi madre no cuenta. Si bien me di el tiempo de comprender sus protocolos, sus códigos, la forma en que tratan entre ellas y se comunican, la forma en que reaccionan en ciertas circunstancias, un poco de la forma en que piensan y ven la vida, nunca logré convivir con una. Se burlan de mi diciendo que las trato como objetos de estudio más que como seres humanos, como amigas. No es muy diferente de cómo trato a los varones cuando todavía no llego a conocerlos bien. Los pocos que me conocen sabrán, o deberían saber, que hay una serie de requisitos que deben cumplir para ser considerados mis amigos; Nunca he encontrado nada parecido en una fémina. Podría llamarle desconfianza y pocas ganas de cambiar,  digamos evolucionar, lo que me mantiene creyendo que las mujeres, para mi, son y siempre serán objetos de estudio. Y muchas veces me he sorprendido usando esas artimañas que son típicas de las mujeres,  manipulando gente, usando esos beneficios de los que una mujer goza por el simple hecho de ser mujer. Lo soy y estoy orgullosa de ello, y esa podría ser una de las razones por las que encuentro tan inquitante el no poder convivir con ellas.

Muchas veces en mi infancia llegaron a compararme con un niño; jugaba con mi hermano con pelotas en lugar de aprender a peinarme y maquillarme, hacía aviones en lugar de jugar a "la comidita", me regalaban bolsas de mano de juguete y yo las usaba para guardar carritos de juguete. Y de eso culpo en parte a mi hermano, aunque he de decir que de ninguna manera me arrepiento. Tal vez podría decir que me avergüenza un poco el hecho de que aprendí a peinarme a los doce años, y eso porque un día me vi obligada o más bien me obligaron; Yo nunca vi necesidad de tal cosa. Y claro, como consecuencia el resto de las niñas me trataba como si yo fuera diferente. A veces creo que en realidad fui diferente, y que eso me dejó marcada por el resto de mis días. No diría que me arrepiento, claro que no, pero tampoco lo agradezco. Mientras que por un lado este escenario me dio la capacidad de ver las cosas desde un punto de vista diferente, también me hizo ser un alien; Como ha sido siempre, en muchos aspectos de mi vida, no pertenezco ni a un mundo ni al otro. Tal vez nunca lo haré.

lunes, 4 de abril de 2011

Sombras y razones


Fui una niña con déficit de atención en una época en la que esas cosas no existían. Uno podía ser tonto, loco o inteligente, no había más. Yo siempre fui tratada como retrasada mental. Fueron muchas las veces que mi mismo padre se esforzó por demostrar que yo no podría jamás ser inteligente. Y menos siendo mujer. No como mi hermano, no, nadie como mi hermano. Era él el que siempre tenía algo interesante qué decir, el que siempre sabía un truco nuevo, el que a los ocho años veía programas de ciencia y jugaba ajedrez. Y yo, yo era la bonita, la tontita, la niña tierna e ingenua; La hermana de Gabriel. Aún ahora en mi familia los roles no son tan diferentes. Cuando un tío me preguntó qué estudiaba, y yo le dije que artes visuales, obtuve un "¿Y eso con qué se come? ¿De qué piensas vivir?". Mira a Gabriel que pronto será geólogo, varios años antes de que tu siquiera entres en una escuela de verdad. Tal vez por eso me costó tanto trabajo aprender a creer en mi. Aún hoy cuando miro atrás me sorprende. Me sorprendo.

Aún tengo la costumbre de atribuir a otros mis logros, de dejar que los demás piensen que nada de lo que he hecho, lo he hecho por mi cuenta. Y a decir verdad muchas de las cosas que me festejaron cuando estudié artes no fueron completamente obras mías. Me tardé tal vez demasiado en entender que ese no era mi lugar, en darme cuenta de que tampoco ahí pertenecía. Por eso se siente tan bien cuando tomo una fotografía y alguien me dice "se ve bien, me gusta". Me hace sentir que encontré algo en lo que de ninguna manera jamás seré de nuevo la sombra de nadie. Por eso tengo que ser la mejor... cueste lo que cueste. 

martes, 29 de marzo de 2011

Extrañando...te

Extrañamos cosas que no deberíamos extrañar. Cierto. O extrañamos cosas que sabemos que no tiene caso extrañar, cosas a las que sabemos no tiene caso volver. Extrañamos cosas que se han vuelto más ecos, costumbre arraigada, sin avisar ni pedir permiso. Extrañamos no porque queramos sino porque así pasa. Y así pasa aún cuando no queremos.





Con esta entrada, tengo la misma cantidad de entradas del 2010 que del 2011. Eso qué significa?

domingo, 13 de febrero de 2011

Never



Y justo cuando pensé que la historia había acabado, acabado del todo y por última vez, aparece un nuevo mensaje en facebook. ¿Por qué? ¿Por qué no puede rendirse y dejarme ir? ¿Cómo es que no se da cuenta? ¿Qué demonios pasa por su cabeza? ¿Cómo se supone que yo debo seguir con mi vida si sigue apareciendo? Tal vez si lo ignoro se vaya de nuevo...
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You're beautiful, you're beautiful, its true... but is time to face the truth...
...I will never be with you...

sábado, 29 de enero de 2011

Write to live

Prácticamente no he tenido tiempo para mi desde que empezaron las clases. Para trabajar sí, tomar fotos, no es que tenga opción. Y sin embargo han pasado muchas cosas, del tipo de cosas que si uno no escribe en el momento, después ya no tiene caso. Descubrí también esta semana que no se me da escribir por encargo. Es curioso, ya sé lo que tiene que decir y cómo tiene que decirlo, hay quien dice que así debería ser más fácil. La verdad es que no, para mi, así resulta imposible. Siempre he escrito cuando me da la gana, lo que me da la gana y porque me da la gana, y cuando escribía el tipo de cosas que me piden que escriba, lo hacía bajo los efectos del alcohol. Me pregunto por qué es que no se preguntan por qué ya no escribo como antes, por qué ya no soy como antes. Soy un humano completamente diferente y nadie parece notarlo. Es el tipo de cosas que cuando uno las dice pierden completamente su significado. Como cuando te mueres de ganas de hablar, de quejarte del mundo, de gritarle al mundo, y justo cuando vas a decir es que más te duele, el otro te interrumpe con un "pero no te preocupes, todo va a estar bien". Yo sé que todo va a estar bien, al final todo siempre está bien. La cosa es que a veces uno no quiere ver lo que pasará mañana, sea bueno o malo, no importa, porque lo que quieres es vivir el momento, vivir en el momento, sin importar lo que otros digan o cómo lo digan. Sí, sé que todo estará bien, y hoy sé que si me quedo sola mi mundo no se va a desmoronar. A veces siento que hay quien me dice cómo debo vivir mi vida, por qué debo vivir mi vida y cómo, y comienzo a pensar que no, así no funcionan las cosas. Pero he vivido ya mucho tiempo así y no sé cómo cambiarlo. No sé cómo decirlo, no sé si debo decirlo, porque ya sé cuál será la respuesta; "todo es siempre tu culpa". Y ya no puedo vivir así.

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To live... is just like writing... How is that, that I've lived writing must of my life, but I still don't get to live it?

domingo, 2 de enero de 2011

If




Me pongo a pensar un poco en lo que le dije a mi pequeña yo, y me pregunto si algo parecido me diría yo a mi dentro de diez años. Estoy casi segura que sí. Es sólo que, a pesar de todo, a veces todavía se me desbarata el mundo. Es como si siguiera siendo la misma niña, sabiendo que no lo soy. ¿Cuántas veces habré hecho planes que no pude cumplir? Muchas más de las que habría querido. A veces me da la impresión de no estar viviendo la vida como quería vivirla, como me dije a mi misma que sería cuando tenía 15 años. Estoy segura de que si a los quince años me hubiera escrito una carta para leerla ahora, tendría vergüenza de mi misma. Estoy segura de que si mi yo de quince años supiera lo que soy ahora, estaría decepcionada de mi. Estoy decepcionada de mi. No, no estoy diciendo que no he logrado nada. Estoy diciendo que no soy nada de lo que pensé que sería, que no soy nada de lo que sabía que sería. Algunos podrían decir que mis espectativas eran muy altas, a decir verdad en aquella época muchos me dijeron que soñaba demasiado. Y tal vez sí soñaba demasiado, tal vez todavía pido demasiado. Es sólo que yo siempre pensé ser más de lo normal... hace muy poco me di cuenta de que no lo soy. Si hoy me dijeran que escriba algo a mi futuro yo, ya no sé la verdad qué le diría. Me he dado cuenta de que las metas cambian, el problema es que a veces uno no entiende bien el límite entre un cambio de meta y un error en el camino. La línea es difusa, y es eso lo que me atormenta.

martes, 28 de diciembre de 2010

Pequeña Sofía, si yo pudiera...




Yo sé que tú sabes que la vida no es fácil. Yo sé cuántas veces te dijeron lo tonta que eres. Yo sé de ti más de lo que tú sabes, yo sé de ti que sabes que huir, es la solución de todos los problemas, si yo pudiera decirte que no lo es. Pequeña Sofía, si yo pudiera estar ahí, estar contigo. Si yo pudiera... Si yo pudiera te diría lo que será de tu vida. Te diría que los errores no siempre son maestros, que evites los caminos peligrosos, que nunca comiences a fumar, que nunca te enamores de un imbécil, que no dejes entrar a tu vida a tal o cuál persona, pequeña Sofía. Si yo pudiera estar ahí, sentarme a tu lado en la misma banca de Coyoacán, y decirte que no estás sola, que no llores, que fumar no es poético, que aunque la muerte te llame, tú en realidad quieres vivir. Pequeña Sofía, si yo pudiera estar ahí. Estar ahí contigo cuando nadie más lo hizo, sentarme a tu lado cuando más lo necesitabas, y escucharte hablar y dejarte llorar sobre mi hombro, pequeña Sofía, si yo pudiera decirte. Decirte que tu madre te ama, que tu papá te amó cuanto pudo, que no tienes por qué llorar, que no tienes que odiar a nadie, que no estás sola. Ay, pequeña, si yo pudiera decirte, que todas esas llagas que tú misma hiciste, te dejarán cicatriz, y que un día ellas dolerán más que la herida misma, pequeña Sofía. Si yo pudiera decirte y si tú me creyeras... si yo pudiera decirte que no estás sola, que tú estás ahí contigo, que yo estoy ahí contigo, pequeña Sofía.

Si yo pudiera decirte cuántas veces te mintieron, si pudiera hacerte ver lo brillante, lo hermosa que eres, si pudiera encontrar la manera, pequeña Sofía, de enseñarte cómo y por qué la gente quiere verte caer. Si yo pudiera decirte que te mintieron. Decirte que la gente es cruel, que confíes pero que nunca dejes que nadie te sostenga. Si yo pudiera decirte que tus piernas son fuertes, que soportan todo el peso que la vida te dio, y un poco más. Si yo pudiera decirte que confíes sólo en ti, que no te derrumbes, que no dejes que nadie te derrumbe jamás.

Si yo pudiera decirte que ames con el corazón abierto, que ames sin miedo. Que las respuestas de la vida no están al final de ella sino ahí contigo. Pequeña, pequeña, si yo pudiera estar ahí contigo. Y explicarte las cosas que le preguntaste al viento, si yo pudiera, tú tendrías una vida feliz, pequeña Sofía, si yo pudiera.
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...a mi yo de 15 años, de tu yo unos años después...

jueves, 21 de octubre de 2010

Se retrocede con seguridad, pero se avanza a tientas

Tomar café de más a propósito, pero como por accidente. Tener miedo a dormir por no querer saber que será de mi mañana. Mirar hacia la ventana y sólo ver cortinas. Ganas de fumar, falta de cigarros. La única luz viene de la pantalla de la laptop. Dentdo de mi, aquel viejo vacío vuelve a reclamar su espacio. No lo dejaré, no debo dejarlo. Pero cómo?... Cómo?... Escribo en la oscuridad sin ver el teclado, como avanzo a tientas por la vida. Y sólo el sonido de mis propios dedos sobre las teclas me reconforta. Es como el sonido del aire escapando del globo, dejando escapar la presión de adentro del pecho, dejando escapar el olor de tu ropa y el sabor de tus besos. Debí enterrarte hace mucho, pero no supe cómo. A veces es malo cumplir promesas que no debieron haber sido hechas. Dije que jamás te olvidaría, lo prometí. Y me odio a mi misma por haberte guardado un rincón de mi alma. Ya no quiero volver, no quiero ser de nuevo la ilusa que te esperaba en la ventana. Te dejé ir, te marchaste y estuve a punto de olvidarte. Entonces, por qué vuelves de nuevo de entre el polvo y escarbas en mi pecho rincones que dejaste vacíos al irte, rincones que se llenaron de tierra tras tu partida. Por qué vuelves a complicarme la vida, por qué vuelves a que vuelva a echarte de nuevo. Te pedí que no volvieras, te pedí que me olvidaras. Te pedí que me dejaras ir. Déjame ir, no vuelvas que volver no es bueno. Vete ya, debiste irte, hace mucho, te dejé ir hace mucho. Vete ya, mi puerta está cerrada para ti.

Volver.



Es curiosa la forma en que me relaciono más con animales que con seres humanos. Sé que suena raro, pero a veces me da la impresión de que ellos me entienden mejor que los seres de mi misma especie. No sabría explicarte por qué. Si nunca has hablado con un animal, probablemente no lo entenderías. Un animal no te critica porque no sabes maquillarte. A un perro no le importa si fumas o no, si vas a antros de moda o no. Un perro no te pregunta la marca de tus zapatos para saber quién eres, para ponerte una etiqueta. A un perro no le interesa si volviste o no con tu novio, no te pregunta dónde estuviste si llegas tarde a casa, no te juzga si todos tus amigos son hombres y tu eres mujer. A un perro no le importa si sabes vestirte, si los colores de tu ropa combinan, si vas o no a una escuela privada ni qué coche conduces. Ya van varias noches seguidas que se me cae el mundo casi por accidente, y no quiero que se haga costumbre. Hace poco escribí algo a cerca de las desiciones que uno toma en la vida, en cómo ellas pueden hacer que uno pueda o no vivir feliz en el futuro, en cómo ellas tienen el poder de dejarnos o no ser felices en el presente, de darnos o no la capacidad de poder dejar atrás el pasado. Y me quedé ahí, pensando en el pasado. En mi pasado. Cuando uno es niño no se da cuenta de lo que hace, cuando no se tiene pasado es difícil pensar en el futuro. Tal vez es por eso que siendo jóvenes no somos capaces de tomar las desiciones correctas. No sólo por irresponsabilidad, no porque nos importe poco la vida (al menos no en mi caso), sino porque no sabemos qué es el futuro. Porque no conocemos un futuro. Me refiero a que, cuando uno no conoce el concepto de pasado, no puede tampoco conocer el conceptro de futuro, a largo plazo, quiero decir. Cuando alguien es joven, no sabe de futuro. Lo malo del caso es que para cuando uno se da cuenta de sus errores, es demasiado, demasiado tarde. Demasiado tarde para volver. Es curioso que, en el camino de la vida, sólo se puede ir hacia delante. Frustrante, tal vez uno no pensaría entonces que el camino es realmente un camino. Es un camino de una sóla vía. Si hoy quisiera volver, no sabría cómo, ni a dónde, ni por dónde ni por qué. Sin embargo uno vuelve sin darse cuenta, uno vuelve, no cuando quiere volver, sino cuando no le queda de otra. Una vez le dije a alguien que recordar nunca es volver a vivir. No diré que me equivoqué, aún lo creo. Recordar no es volver a vivir. Y es tal vez por eso que volver duele tanto, porque en realidad no vuelves, no vuelves a vivir, no vuelves a ver, cuando uno vuelve a donde se fue feliz, nunca se está volviendo al mismo tiempo. Tal vez al lugar sí, con la misma persona, las mismas calles, las mismas casas, el mismo parque, la misma plaza. Pero el tiempo no perdona. Cuando te equivocas de camino, cuando tomas la desición incorrecta, no tienes forma de corregir, no tienes forma de volver a vivir. Nunca nadie me dijo que, si algún día intentaba volver, no sólo no podría, no sólo dolería, sino que ni siquiera sería capaz de volver. Cuando uno vuelve, vuelve por un camino diferente, y se marcha por otro nuevo. Uno se marcha con la frente marchita, y el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez.

Un perro no piensa que estás loca si te escucha gritar una canción, de esas que desgarran el alma. No dice nada si desentonas demasiado, ni te pregunta por qué lloras. Un perro sólo se calla y escucha.