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sábado, 14 de mayo de 2011

Canciones prohibidas

Canción elegida al azar por winamp que por alguna bizarra razón, queda.


Todavía me acuerdo bien de cierto joven que, en su iPod, llevaba una carpeta que se titulaba "canciones prohibidas". Nunca me quedó claro por qué les ponía ese nombre, cuáles eran sus razones personales para prohibirse una canción, pero debo admitir que tengo yo también mi lista propia de canciones prohibidas. Por buenas y muchas razones, hay canciones, letras o melodías que evito escuchar, al menos en momentos comunes. Cada canción tiene su momento y hay momentos que no se repiten. Hay canciones que no deben repetirse. Hay canciones que, sin querer, hacen que los momentos se repitan. Hay momentos que no deben repetirse. No quiero ya atarme al pasado, no puedo seguir viviendo así y no sé cómo evitarlo. Y seguiré sin poder evitarlo si para empezar no dejo ir a las canciones que me atan al pasado. Me gusta mi pasado, lo extraño, lo encuentro cómodo pero no me deja seguir andando. Hay cosas, ciertos detalles, que me hacen pensar que tal vez me hubiera gustado jamás haber encontrado esa forma de viajar en el tiempo. Tal vez después de todo viajar en el tiempo no sea tan buena idea; Es sólo una forma de hacer permanente algo que al final no debió haber sido guardado. No puedo seguir viajando en el tiempo y no sé cómo detenerme.

¿Alguna vez has tratado de tener la mente en blanco, de no pensar en nada, y cuando lo haces no puedes evitar pensar "no pienses en nada"? O, ¿Alguna vez te ha pasado que prohibirte tener un pensamiento, lo único que logra es hacer que no puedas pensar en otra cosa?. Es tal vez por eso que los fantasmas no dejan de cazarme. Es tal vez por eso que no puedo evitar pensar en cosas que no quiero ya en mi vida. Estoy cansada. Cansada de ellos, de su recuerdo, de sus fantasmas. Estoy cansada de escucharlos en cada canción, de buscar sus rostros entre la gente sabiendo que no están ahí. Estoy cansada de que las calles me los recuerden, de encontrarlos en detalles de personas que no conozco. Estoy cansada y no sé cómo sacarlos de mi mente. No sé si eso sea posible del todo... sacar algo deliberadamente, lo que sea, de mi mente.

Winamp conspira en mi contra. Yo lo sé.

martes, 28 de diciembre de 2010

Pequeña Sofía, si yo pudiera...




Yo sé que tú sabes que la vida no es fácil. Yo sé cuántas veces te dijeron lo tonta que eres. Yo sé de ti más de lo que tú sabes, yo sé de ti que sabes que huir, es la solución de todos los problemas, si yo pudiera decirte que no lo es. Pequeña Sofía, si yo pudiera estar ahí, estar contigo. Si yo pudiera... Si yo pudiera te diría lo que será de tu vida. Te diría que los errores no siempre son maestros, que evites los caminos peligrosos, que nunca comiences a fumar, que nunca te enamores de un imbécil, que no dejes entrar a tu vida a tal o cuál persona, pequeña Sofía. Si yo pudiera estar ahí, sentarme a tu lado en la misma banca de Coyoacán, y decirte que no estás sola, que no llores, que fumar no es poético, que aunque la muerte te llame, tú en realidad quieres vivir. Pequeña Sofía, si yo pudiera estar ahí. Estar ahí contigo cuando nadie más lo hizo, sentarme a tu lado cuando más lo necesitabas, y escucharte hablar y dejarte llorar sobre mi hombro, pequeña Sofía, si yo pudiera decirte. Decirte que tu madre te ama, que tu papá te amó cuanto pudo, que no tienes por qué llorar, que no tienes que odiar a nadie, que no estás sola. Ay, pequeña, si yo pudiera decirte, que todas esas llagas que tú misma hiciste, te dejarán cicatriz, y que un día ellas dolerán más que la herida misma, pequeña Sofía. Si yo pudiera decirte y si tú me creyeras... si yo pudiera decirte que no estás sola, que tú estás ahí contigo, que yo estoy ahí contigo, pequeña Sofía.

Si yo pudiera decirte cuántas veces te mintieron, si pudiera hacerte ver lo brillante, lo hermosa que eres, si pudiera encontrar la manera, pequeña Sofía, de enseñarte cómo y por qué la gente quiere verte caer. Si yo pudiera decirte que te mintieron. Decirte que la gente es cruel, que confíes pero que nunca dejes que nadie te sostenga. Si yo pudiera decirte que tus piernas son fuertes, que soportan todo el peso que la vida te dio, y un poco más. Si yo pudiera decirte que confíes sólo en ti, que no te derrumbes, que no dejes que nadie te derrumbe jamás.

Si yo pudiera decirte que ames con el corazón abierto, que ames sin miedo. Que las respuestas de la vida no están al final de ella sino ahí contigo. Pequeña, pequeña, si yo pudiera estar ahí contigo. Y explicarte las cosas que le preguntaste al viento, si yo pudiera, tú tendrías una vida feliz, pequeña Sofía, si yo pudiera.
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...a mi yo de 15 años, de tu yo unos años después...

jueves, 25 de noviembre de 2010

La gran ciudad




De todos los temas que podría imaginar, de todas las cosas de las que me apetece escribir, de todas aquellas que me gustaría llevar en mi memoria, plasmar en mi blog, estoy segura de que la ciudad en la que nací, no sería de las primeras en las que pensaría. Sé que no la dejaría, al menos no todavía, aún no me ha dado buenas razones para abandonarla. Y es que escucho las quejas de todo el mundo, veo los periódicos amarillistas cuando me toca viajar en metro (cosa por demás desagradable), veo el miedo que tiene la gente, el miedo que le da a mi madre dejarme salir a pasear sola en la ciudad... En las calles sólo se respira miedo. Y eso me hace preguntarme, ¿será que en realidad es tan malo? No lo sé. He llegado a pensar que en realidad no es que el mundo sea tan malo, sino que la humanidad se esfuerza demasiado en ver sólo lo malo, sólo lo que "hay que luchar en contra dé", tanto que pierden la capacidad de ver lo bueno, de ver más allá. Digo que tal vez no hay más muertes de lo normal, es sólo que la sangre vende más que el amor, y por lo tanto, se publica más. Me gustaría tener la certeza de estar en lo correcto, me encantaría saber que esa es la razón del miedo en nuestras calles. Y sin embargo todos los días que salgo a la calle, escucho lo mismo: "Cuídense, las cosas están mal, van de mal en peor, todo va siempre mal, todo mal".

Tal vez es porque yo nunca he salido herida, porque yo jamás he visto algo malo y la gente que me encuentro en la calle siempre me sonríe de regreso cuando yo sonrío. Me gustaría poder sonreir más a menudo, es una lástima que en esta ciudad lo normal es tener cara de enojado. Y tener prisa, ganas de llegar a no sé qué lugar a tiempo, ganas de ganarle al de al lado sin pensar que tal vez el de al lado no necesita un empujón sino un "jalón", hacia arriba, no a un lado, no al piso. Y supongo que no hay mucho que pueda hacer yo sola. A todos, en la escuela, en nuestras casas, incluyéndome a mi, nos educaron con el clásico "todo es cosa de pisotear o ser pisoteado". Y es así como funciona mi ciudad, esta ciudad. O... tal vez es por eso que no funciona... No funciona, lo sé. O funciona a la conveniencia de unos pocos. Demasiado pocos y demasiado poderosos. Creo recordar que fue Salvador Dalí quien dijo que no le gustaba la Ciudad de México porque era más surrealista que él mismo... y a mi parecer no estaba equivocado, aunque no estoy segura de poder definir una "ciudad surrealista".

Y sin embargo tiene sus cosas bellas. Están las tardes como esta que pasé en Coyoacán comiendo pizza con mi novio. Y los días en que salía a andar en bicicleta a la calle cuando era niña. Y está el parque de los venados, con la huella indeleble de cuando cabía en las pequeñas motonetas que rentan(rentaban) ahí. Y también el bosque de tlalpan donde llegué a ir sólamente a estar un rato con la naturaleza. También recuerdo el lugar de comida china, Chon Pak, creo que se llama (y todavía está ahí, después de más de 20 años). Y está el recuerdo de la barda que separaba mi casa de un terreno baldío al lado de mi casa, cuando yo media todavía menos de un metro.  Y mis primeros atardeceres sentada en otra barda, de otra casa, de otro mundo. Y las ferias y los parques y los centros comerciales y los helados, y las calles. Y las calles de Coyoacán, las únicas calles. Todo mi pasado, toda mi vida, la gente que conozco y la que me falta por conocer, todo está aquí, al sur de la ciudad de México. Y entonces viene alguien desconocido e inmaterial que me pregunta si me gustaría irme. La respuesta es no. La respuesta es la misma de siempre.

lunes, 15 de noviembre de 2010

La Chute, Yann Tiersen



Sé que debería estar dormida! Pero por una vez escucharé mis consejos y no me dormiré sin sueño.

jueves, 21 de octubre de 2010

Volver.



Es curiosa la forma en que me relaciono más con animales que con seres humanos. Sé que suena raro, pero a veces me da la impresión de que ellos me entienden mejor que los seres de mi misma especie. No sabría explicarte por qué. Si nunca has hablado con un animal, probablemente no lo entenderías. Un animal no te critica porque no sabes maquillarte. A un perro no le importa si fumas o no, si vas a antros de moda o no. Un perro no te pregunta la marca de tus zapatos para saber quién eres, para ponerte una etiqueta. A un perro no le interesa si volviste o no con tu novio, no te pregunta dónde estuviste si llegas tarde a casa, no te juzga si todos tus amigos son hombres y tu eres mujer. A un perro no le importa si sabes vestirte, si los colores de tu ropa combinan, si vas o no a una escuela privada ni qué coche conduces. Ya van varias noches seguidas que se me cae el mundo casi por accidente, y no quiero que se haga costumbre. Hace poco escribí algo a cerca de las desiciones que uno toma en la vida, en cómo ellas pueden hacer que uno pueda o no vivir feliz en el futuro, en cómo ellas tienen el poder de dejarnos o no ser felices en el presente, de darnos o no la capacidad de poder dejar atrás el pasado. Y me quedé ahí, pensando en el pasado. En mi pasado. Cuando uno es niño no se da cuenta de lo que hace, cuando no se tiene pasado es difícil pensar en el futuro. Tal vez es por eso que siendo jóvenes no somos capaces de tomar las desiciones correctas. No sólo por irresponsabilidad, no porque nos importe poco la vida (al menos no en mi caso), sino porque no sabemos qué es el futuro. Porque no conocemos un futuro. Me refiero a que, cuando uno no conoce el concepto de pasado, no puede tampoco conocer el conceptro de futuro, a largo plazo, quiero decir. Cuando alguien es joven, no sabe de futuro. Lo malo del caso es que para cuando uno se da cuenta de sus errores, es demasiado, demasiado tarde. Demasiado tarde para volver. Es curioso que, en el camino de la vida, sólo se puede ir hacia delante. Frustrante, tal vez uno no pensaría entonces que el camino es realmente un camino. Es un camino de una sóla vía. Si hoy quisiera volver, no sabría cómo, ni a dónde, ni por dónde ni por qué. Sin embargo uno vuelve sin darse cuenta, uno vuelve, no cuando quiere volver, sino cuando no le queda de otra. Una vez le dije a alguien que recordar nunca es volver a vivir. No diré que me equivoqué, aún lo creo. Recordar no es volver a vivir. Y es tal vez por eso que volver duele tanto, porque en realidad no vuelves, no vuelves a vivir, no vuelves a ver, cuando uno vuelve a donde se fue feliz, nunca se está volviendo al mismo tiempo. Tal vez al lugar sí, con la misma persona, las mismas calles, las mismas casas, el mismo parque, la misma plaza. Pero el tiempo no perdona. Cuando te equivocas de camino, cuando tomas la desición incorrecta, no tienes forma de corregir, no tienes forma de volver a vivir. Nunca nadie me dijo que, si algún día intentaba volver, no sólo no podría, no sólo dolería, sino que ni siquiera sería capaz de volver. Cuando uno vuelve, vuelve por un camino diferente, y se marcha por otro nuevo. Uno se marcha con la frente marchita, y el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez.

Un perro no piensa que estás loca si te escucha gritar una canción, de esas que desgarran el alma. No dice nada si desentonas demasiado, ni te pregunta por qué lloras. Un perro sólo se calla y escucha.

martes, 12 de octubre de 2010

Only if I care



A veces, cuando la gente me preguta por msn "Cómo estás?", no me dan ganas de contestarles. Y no es que quiera ser grosera, la mayoría de las veces sólo respondo "Bien" por dar el avión. Y cuando me preguntan "Qué ha sido de tu vida?" lo más común es que diga "Nada interesante". Por lo general cuando eso pasa no me queda claro si es verdad que en mi vida no ha pasado nada interesante o si es en realidad que no quiero contarles qué ha sido de mi vida. Y no es que no quiera, porque no quiera decirles, porque me caigan mal o no los considere importantes. Es que la mayoría de las veces hacen esas preguntas más por compromiso que por que realmente les importe mi vida. Me doy cuenta por la forma en que me hablan, porque sé cómo habla/actúa alguien a quien le importa mi vida, aún por msn, me doy cuenta. Yo nunca pregunto "Cómo estás?" si no me importa la persona, muchos no se dan cuenta, pero el simple hecho de tener un lugar en mi msn significa que tienen un lugar importante en mi vida, que no es que tenga pocos contactos porque sea antisocial, sino porque aplico la regla de la economía: Si no me importa, si no lo quiero, si no me es útil, si no lo voy a usar, mejor me deshago de él/ella/eso para siempre. Aplica para objetos y para personas por igual, sé que suena mal pero es verdad. Tal vez es por eso que no me sorprende que esté tan sola. No es que me haga falta tener 584 amigos de facebook, ni 293 numeros de celular de gente que ni siquiera recuerdo o 948 contactos de msn con los que ni siquiera hablo. Como yo lo veo, hay gente que hace eso y está aún más sola que yo. Y no, no digo que me sienta completamente sola, como ha sido antes. Tengo un novio casi-perfecto (que si fuera perfecto ya no sería perfecto) y un buen y único amigo que, tal vez no conoce toda mi vida, tal vez no le cuento todo ni me cuenta todo, pero me reconforta sólo verlo conectarse y hablar de idioteces por las noches. No, no estoy completamente sola. Lo que no sé, es por qué aún así a veces me da por querer hablar con gente de mi pasado que enterré hace mucho mucho tiempo, que para hoy ya debieran estar completamente olvidados, gente que tal vez en el momento ni siquiera importó tanto como para volver a buscarlos. No sé ni siquiera por qué me molesta escribir para nadie, si tal vez yo así lo quise. Aunque tampoco veo por qué a alguien, cualquiera, podría importarle lo que escribo. Tal vez por eso no me sorprende no tener comentarios mas que cuando yo le pido a alguien que lea mi blog. Es ese tipo de cosas que si las explicas, que si las pides, pierden su sentido. Como cierto día que quise bajarme del taxi con mi novio sólo para tomar una foto, un atardecer con las nubes más perfectas del año. Él no quiso bajarse del taxi porque según él, los domingos ese tipo de fotos panorámicas quedan mejor por que el cielo no está tan contaminado. Hasta la fecha no he podido hacerle comprender que la foto, no tenía nada que ver con la foto. Y es que a veces se me olvida que la gente no entiende las cosas raras que yo hago. Raras como escribir un blog que sé que nadie leerá, sólo por el gusto (o disgusto) de hacerlo. Creo que podría hacer la cuenta de a cuántos les he dado el link de mi blog. Una de las reglas del blog, es que ese link es sagrado. No cualquiera lo obtiene, los pocos que lo obtienen no tienen el derecho de dárselo a nadie más, a nadie (o casi nadie) se lo doy más de una vez. Una vez que alguien lo obtiene, jamás le vuelvo a pedir que lo lea, si lo lee bien, si no también. Supongo que muchos no entenderían por qué o cómo es que un blog puede ser tan importante como lo es para mi, y nunca antes lo había explicado, jamás pensé que algún día lo haría, y no lo volveré a hacer nunca jamás. Son pocos seres humanos los que me importan en esta vida, y no sé por qué extraña razón, el que alguien lea mi blog me hace sentir que soy importante para esa persona. Sé que es estúpido, sé que no es normal. Es sólo que a veces me es extraño sentirme tan sola en un mundo tan lleno de gente. De gente rara que no entiende las cosas raras que yo hago. Raras como tener formas tan extrañas como esta de decirte que me importas.

domingo, 10 de octubre de 2010

I will allways love you


¿Cuántas promesas hemos hecho que no nos es posible cumplir? No me lo tomes a mal, nunca hice una promesa que no quisiera cumplir. Sin embargo muchas veces hice promesas sin considerar las consecuencias que traería cumplir, las que traería no hacerlo. Muchas cosas me hacen suponer que no soy una persona impulsiva, normalmente no como nada que no pueda digerir, no digo nada que no pueda sostener, no compro nada que no pueda pagar, no hago nada sin pensarlo antes varias veces. El problema es que, no es así cuando estoy enamorada. Supongo que de eso ya te diste cuenta. Y me imagino que es normal en los humanos, me imagino que es normal en mi... que deje de pensar si me enamoro. Traté de escuchar de nuevo aquella canción que no pude despegarme el tiempo que estuve sin ti, extrañándonte. No pude. No pude sin volver a sentir, a sentirte. Y tal vez eso es lo malo de ligar canciones que me gustan a mi pasado, luego hacen que sea imposible escucharlas sin atarse uno mismo al pasado. Y me han dicho (he dicho) que eso no es bueno. Tal vez sea que todavía te extraño, aún cuando no quiero extrañarte. No quise que fueras uno más de la lista, de todos aquellos a los que he escrito en mi vida cosas que jamás leerán. No quise que fueras otro de aquellos a los que me niego a nombrar por miedo a querer volver, por miedo a llegar a pensar que tal vez sea posible que quiera volver. (En Comala comprendí, que al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de voler.). No quería hacer una promesa que no pudiera cumplir, quería que ese adios que no te dije, fuera un adiós con puntos suspensivos. El problema hoy es que ni dije adios ni quiero los puntos suspensivos. El problema ahora es que ya no puedo decirte que no quiero volver. Que te hice una promesa que debí saber desde el principio, que no debía cumplir.

Whatever words I say...