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miércoles, 20 de julio de 2011

Muffin la rata

Modificación del comentario que publiqué en "una alimañan disfrazada de Ros, de Ros en su blog nomás uno era de muerte.


Cuando a la gente le cuento que tengo una rata de mascota, lo primero que me preguntan es si es blanca. Si no lo es, es callejera, les asusta y/o les da asco. Y yo no lo compreno. Ellos tampoco comprenden cuando intento explicarles por qué es mejor mascota que un hamster, que un cuyo o un húrón. Más que mi mascota es mi amigo, es mi Muffin, y amo su pelaje gris, gris rata.

Amanece en mi puerta, esperando para saludarme, o se cuela en las noches a mi cuarto para despertarme  en la madrugada. Siempre quiere que lo acaricie o le rasque detrás de las orejas, es como un perrito en miniatura, sólo que mejor. Durante el día se duerme en mi closset o debajo de mi cama, otras veces en el closset de mi madre. Su casita está en el pasillo entre las recámaras, pero nunca lo encontrarás ahí. De vez en cuado mientras trabajo en la computadora lo escucho estornudar. Y sé que está ahí, dormido, y no me atrevo a moverme porque no quiero despertarlo.

A veces salgo con él a la tienda, y siempre es curioso ver las diferentes reacciones de la gente, desde el asco a la fascinación. Me agradan los que sonríen, los que no simplemente me dan igual. Mide 21 centímetros de cola, y según wikipedia debía medir lo mismo de cuerpo. Yo no lo sé, si se hace bolita mide menos, cuando se estira mide más y nunca me ha dejado medirlo mientras camina. Mi madre le dice Ratito, y creo que él piensa que ese es su nombre. Le dice así porque cuando llegó a la casa siendo un niño, escribí en el pizarrón de la sala "Se busca nombre para rato", y alguien me contestó "al ratito te digo". Por si te lo preguntabas; Sí, es niño. Es mi niño.

viernes, 24 de junio de 2011

Cherry blossom

No recuerdo cuándo fue la última vez que comencé a escribir sin tener idea de qué es lo que quiero decir. Tenía tiempo también que no abría la ventana para ver llover, y hoy hago esas dos cosas como si nunca lo hubiera dejado de hacer. También encendí un cigarro y fumé casi bajo la lluvia. También eso lo extrañaba. Supongo que traté de olvidar un poco de quién era, de quién sigo siendo. Quise pensar que cambiaría de la noche a la mañana y a penas hoy me di cuenta de que las cosas simplemente no pasan así, de la nada. No, nada fue así, de la nada, no esperaba que lo fuera. Se me olvidó quién soy por un momento, se me olvidó que tuve mis razones para convertirme en la mujer que soy ahora, para dejar atrás a la niña que fumaba porque era poético, que traía las uñas pintadas de negro y el cabello rosa para llamar la atención. Sí, sé que dije que no lo hacía por eso, pero supongo que todos en algún momento debemos llegar al punto de reconocer nuestros nuestros desatinos, nuestros errores. Y supongo también que aquél que no lo hace seguirá siendo un niño por siempre. No, tampoco digo que ya no soy una niña, aunque eso sea lo que quiero creer.  Lo que digo es que ya no quiero ser esa niña, que si por alguna razón debería destacar, no es por mi cabello ni mi forma de vestir sino por lo que soy, porque debo ser la mejor aunque los demás no lo crean, que debo al menos intentarlo, sabiendo que aún si no lo logro seguiré siendo yo y que pase lo que pase, no me dejaré vencer por la vida. No de nuevo, no puedo dejarme caer, no otra vez, no pienso hacerlo. Y no pienso tampoco seguir sola por este camino que la vida puso bajo mis pies. Me tardé tal vez demasiado en comprender que, aunque la soledad sea cómoda, siempre será triste. Tienes que entender que pasé sola mucho tiempo y que es difícil para mi acostumbrarme, hacer espacio en mi vida para alguien más, sea amigo, pareja o familiar. Estoy acostumbrada a estar sola y quiero cambiar eso. Estoy acostumbrada a vivir por mi, para mi, como yo quiero y cuando yo quiero. Es cómodo, sí, but it gets really lonely. Y no quiero eso, no otra vez. Ya no quiero que me digan que soy una princesa, quiero tratar de tenerle fé a la humanidad de nuevo, aunque de nuevo me paguen con una mala moneda. Quiero arriesgarme a ser feliz otra vez, y no quiero hacerlo sola.



Would you come with me?

lunes, 4 de abril de 2011

Sombras y razones


Fui una niña con déficit de atención en una época en la que esas cosas no existían. Uno podía ser tonto, loco o inteligente, no había más. Yo siempre fui tratada como retrasada mental. Fueron muchas las veces que mi mismo padre se esforzó por demostrar que yo no podría jamás ser inteligente. Y menos siendo mujer. No como mi hermano, no, nadie como mi hermano. Era él el que siempre tenía algo interesante qué decir, el que siempre sabía un truco nuevo, el que a los ocho años veía programas de ciencia y jugaba ajedrez. Y yo, yo era la bonita, la tontita, la niña tierna e ingenua; La hermana de Gabriel. Aún ahora en mi familia los roles no son tan diferentes. Cuando un tío me preguntó qué estudiaba, y yo le dije que artes visuales, obtuve un "¿Y eso con qué se come? ¿De qué piensas vivir?". Mira a Gabriel que pronto será geólogo, varios años antes de que tu siquiera entres en una escuela de verdad. Tal vez por eso me costó tanto trabajo aprender a creer en mi. Aún hoy cuando miro atrás me sorprende. Me sorprendo.

Aún tengo la costumbre de atribuir a otros mis logros, de dejar que los demás piensen que nada de lo que he hecho, lo he hecho por mi cuenta. Y a decir verdad muchas de las cosas que me festejaron cuando estudié artes no fueron completamente obras mías. Me tardé tal vez demasiado en entender que ese no era mi lugar, en darme cuenta de que tampoco ahí pertenecía. Por eso se siente tan bien cuando tomo una fotografía y alguien me dice "se ve bien, me gusta". Me hace sentir que encontré algo en lo que de ninguna manera jamás seré de nuevo la sombra de nadie. Por eso tengo que ser la mejor... cueste lo que cueste. 

jueves, 17 de febrero de 2011

Tiempos mejores

Si hay algo que extraño de la casa en la que vivía antes, es mi ventana, el poder dejarla abierta en las noches demasiado cálidas, dormir con el arrullo de los grillos, fumar ahí como si estuviera fuera de la casa. Estoy segura de que, si no nos hubiéramos mudado, yo nunca hubiera dejado de fumar. Esta semana descubrí que sí tengo una fotografía de la vista desde mi ventana, pero no es suficiente. Recordar no es volver a vivir. Es un poco frustrante esta ventana que ni siquiera se abre, aún si se abriera, los mosquitos harían imposible dormir aquí. Alguna vez me dije que ningún tiempo pasado fue mejor, que no tiene sentido vivir recordando, vivir en el pasado. Me gusta pensar que vendrán tiempos mejores, con mejores ventanas y mejores vistas. Tal vez incluso un pequeño balcón...

jueves, 3 de febrero de 2011

Amistad

Los humanos deberían aprender de los animales, y no al revés...






















(Que me digan que sólo los humanos sonríen)