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viernes, 27 de enero de 2012

25 de enero 2012, 2:35 pm

Me acostumbré a verte, creyéndote bolita de pelos en el piso de mi cuarto. Pensé que siempre estarías ahí, esperando a que llegara en las noches, esperando para saludarme. Sabía que un día te irías, y que por saberlo, no dolería tanto. Pensé que estaba preparada. Te lloré antes de tiempo, pero lloro más ahora que ya no tenemos tiempo. Me encierro en mi cuarto, que era nuestro cuarto, y todo lo que veo eres tú. Me siento como respirando agua, te siento aquí a mi lado. Juro que te escucho, pero volteo y ya no estás. Se me olvidó abrazarte más cuando aún teníamos tiempo, caminar a tu lado, rascarte detrás de la oreja que era todo lo que querías. Siempre dije que no tenía amigos de la infancia, vaya día vengo a enterarme de que eso era una mentira.

Dos medallas de obediencia y una de guardia y protección para un poodle de treinta centímetros y una niña de siete años. Un collar blanco nacarado y uno de cadenita. Tres correas amarillas, una almohada deshecha y un swetercito café. Un plato de comida negro y vacío, vacío como mi cuarto sin tí.



Cindy
1997-2012

miércoles, 26 de octubre de 2011

Esperando al borde del camino

He tenido sueños confusos en mi vida. He tenido sueños geniales, sueños en los que vuelo, sueños en los que nado. He tenido sueños de libertad, sueños de prisiones, sueños en los que no soy yo, sueños en los que me descubro a mi misma. Hace muchos años soñé que podía ser feliz. Recuerdo un sueño de un río de azulejos azules, una torre, un mundo alterno y una realidad. Una vez soñé una oruga verde brillante que me miraba, no me preguntes por qué lo recuerdo tanto. Y tuve un sueño de una casa junto a un lago, una casa en la que sólo podía ser feliz.

viernes, 26 de agosto de 2011

Polvos mágicos

(Primer cuento sobrepedido)

Habían pasado ya años desde la última vez que había estado allá. No reconocía el camino y le daba la impresión de que ella no era conocida para él tampoco. Miraba a través de la ventanilla y de tanto en tanto se topaba con su reflejo. Cuánto la habían cambiado los años, ella misma se sorprendía. Vagamente recordaba el olor de las frutas con piloncillo, que su madre cocinaba en navidad. Su segundo primo, recién nacido, que a medida que crecía iba robando uno a uno sus juguetes, que junto con su infancia, poco a poco se iban desvaneciendo. ¿Quién diría que llegaría el día en que crecería tanto, que dejaría de caber en la vieja casa de muñecas tamaño real que de niña le construyó su papá por no comprarle una marca Barbie? ¿Quién diría que un día esa misma casa de muñecas, se convertiría en un cuartel militar? Esta navidad, volver a casa se le antojaba viajar en el tiempo, a un pasado remoto de papeles amarillentos y fotografías viejas. Se preguntó qué sería de ella el día que, por azares del destino, tuviera que volver a la universidad de la qué, hacía no más de unos meses, se había graduado. Se preguntó qué sería de ella cuando este presente se convirtiera, como su casa de muñecas, en un pasado remoto. Puso atención entonces al camino, del que de tanto vagar en el tiempo, se había distraído. No faltaba ya casi nada para llegar a casa. Se preparó entonces para bajar del autobús, ahí, en la esquina de siempre, la estaban esperando.

La tarde transcurrió tranquila, la casa ya no era la misma. En el jardín crecía verde la maleza bajo el columpio que colgaba del capulín, el mismo en el que siendo una niña había aprendido a leer. Lo había olvidado casi por completo. Sus primos habían crecido tanto, y se comportaban ahora como finos caballeros. No más pucheros en la mesa ni crayolas en las paredes. Y ella no sabía decir si eso le agradaba o no. A la hora de la cena todos se sentaron educadamente y oraron como si creyeran en Dios. Había pasado ya tanto tiempo desde su última cena de navidad en familia que todo aquello le parecía surreal. Fue tal vez por eso que no supo si reír o llorar cuando su madre anunció que vendían la vieja casa. Con toda la felicidad del mundo explicó que ella y su nuevo novio se mudaban a vivir a la playa.

A la mañana siguiente despertó en su vieja habitación. La cama le quedaba chica y más de una vez durante la noche pensó que caería al piso. Con la espalda adolorida se puso de pie, caminó como quien camina dormido al jardín. Debía volver esa misma tarde a la ciudad y decidió pasar el tiempo que le quedaba contemplando el jardín. Llegó a su antiguo columpio y se sentó con parsimonia. ¿Cómo podía ser que lo hubiera olvidado? Que hubiera olvidado aquellas tardes soleadas en su pequeño jardín. Quien la hubiera visto habría pensado que cayó del columpio, pero la verdad era que deliberadamente se había echado a la hierba. Tomó una piedra de ahí cerca y de entre planta y planta raspó un poco de tierra. Se la puso en la mano izquierda y con ella corrió a la cocina a buscar un frasco pequeño de cristal. Lo contempló largo rato hasta que se quedó dormida.

Años más tarde una niña pequeña de grandes ojos y cabello negro le preguntaría que había en aquél frasco. "Polvos mágicos", le respondería ella, y ante la carita de incredulidad de la niña, agregaría, "Te lo juro, hija, que si los miro fijamente vuelvo a tener tu edad".


miércoles, 27 de abril de 2011

16 Pensamientos random



El otro día tuve que pasar un día entero sola en Coyoacán, por motivos que no voy a explicarte. Normalmente tengo la costumbre de llenar las páginas de mi cuaderno completamente, sin dejar espacios en blanco, aunque amontonando las letras de vez en cuando. Es por eso que notarás que todos los escritos con la etiqueta "versión escrita" son cortas; La cantidad de palabras depende del orden y tamaño de las mismas en el papel. Pero el lunes olvidé mi cuaderno en casa, así que lo que hice fue doblar una hoja carta en 8 y usar los cuadritos como si fueran páginas. El resultado fue una serie de pensamientos random, algo misántropos y con cierto sabor a enojo. Originalmente no pensaba publicarlos...



1
No tengo ganas de escribir.
Pero lo necesito. Últimamente
me siento más rara de lo
normal. Los humanos me
aburren, son todos iguales. No
los entiendo, no sé cómo ser
como ellos. Me dicen que no
tengo qué, pero me siento
sola. A veces me dan ganas de
volver al pasado. El presente
me encarcela, me corta alas que
nunca nacieron. Te extraño.
Más de lo que me atrevo a
admitir, más de lo que debería
permitirme. No. No digo que
estaría mejor contigo. Yo sé
que no, pero te extraño.


No sé qué pasa conmigo.


2
Estar rodeada de gente me hace
daño, me hace sentir que no
pertenezco a este mundo. Tal
vez es porque es verdad, tal
vez me gusta de esa manera. No
sé si me gustaría que fuera
diferente. Estar rodeada de
gente me atormenta, y nunca he
tratado de cambiar eso. Hay
quien piensa que la soledad es
triste. Ellos no saben cuánto
más triste es la gente. La
gente es impuntual,
imprudente, egoista, casi
todos, tontos. Lo más triste
es que ni siquiera lo saben.
No tienen por qué saberlo, no
les importa.


Me pregunto si son más felices
que yo.




3
Ya son varias las veces que,
en el msn, te escribo "te
quiero" y luego lo borro. Me
pregunto si algún día le daré
"enter" en lugar de "delete".
No lo sé. A veces me cuesta
trabajo distinguir entre
sensatez y cobardía. No llevo
la cuenta de cuántas veces he
dejado ir a gente que quiero,
por ser cobarde. A veces me
pregunto si es verdad que no
estoy sola. A veces no
recuerdo si sé con certeza qué
es la soledad.




4

(otras cosas que taché y/o no
entiendo)
De más joven me imaginaba a mi
misma como la clásica
"hipster", sentada frente al
café tomando café y
escribiendo en servilletas. Me
alegra saber que me equivoqué;
Ahora tomo chocolate.










5
Traté de marcarte al celular,
pero no tienes señal. Sigo en
la plaza y me aburro. Ya fui
por chocolate, ya me senté en
el kiosco, escribí un poco, y
se me agotan las ideas. Me
gusta mi tiempo a solas, no me
quejo. El ipod aún tiene pila
pero por ahora prefiero el
canto de las aves. Escucho un
ruido en la hojarasca, en el
jardín; Eso no es un ave, me
asomo. Una lagartija persigue
a una cucaracha, intenta
comérsela. Algo asusta a la
lagartija; Un gorrión. Él se
come a la cucaracha.


Iré a seguir a un extraño.






6
En esta ciudad es raro
encontrar a alguien
interesante. Casi nunca pasa,
y cuando pasa es raro que
ellos piensen que yo soy
interesante. Eso, o huyen
corriendo en el momento en que
yo menciono a mi novio. No me
molesta en realidad, ¿para qué
querría yo hablar con alguien
que sólo quiere de mi una
cosa? No le veo el caso.
Después de todo, ¿qué es lo
que hace a alguien
interesante? Tal vez algo en
su forma de vestir, su forma
de caminar, de mirar... yo qué
sé. No me gusta equivocarme,
pero pasa muy seguido que
alguien que creí interesante
me desilusione.










7
Me parece curiosa la manera en
que caminan los ciegos,
siempre con su bastón por
delante. ¿Qué sentirán? ¿Qué
pensarán de nosotros que
tenemos el regalo de la vista?
Todo sería diferente si todos
actuáramos con la precaución
de un ciego. Me pregunto cómo
sería mi vida si tuviera el
bastón de un ciego, que
pudiera salvarme de los
errores que he cometido en la
vida. Supongo que sería más
inmadura, más ingenua, pero,
¿para qué querría uno madurez
si tuviera el bastón de un
ciego?




8
No me gusta ver la fuente de
los coyotes apagada. Me hace
sentir que esta plaza es
aburrida. No lo es. No hay
forma de que lo sea, a pesar
de lo que diga cierta persona,
con la que por cierto hace
mucho que no hablo. Me gusta
esta plaza, sus fuentes, las
ardillas trepando en los
árboles, alimentar a las
palomas, el chocolate del
jarocho, sus cafés y sus
restaurantes, la gente rara
que viene aquí, sus
vagabundos, sus colores, la
historia de este lugar al que
llamo hogar, que es mi propia
historia.






9
"Tal vez no estaré aquí cuando
vuelvas", te dije, y tenía
razón. Normalmente no pienso
mucho en eso, pero hoy me
dejaron plantada y al parecer
tendré mucho tiempo de sobra.
Tenía rato que no pasaba un
día como este. Me agrada, me
hacía falta. Te diré la
verdad; No te extraño. Ni a ti
ni a él. Pero me da curiosidad
saber qué ha sido de tu vida;
¿Cómo está tu hijo? ¿Estás
estudiando lo que me dijiste
que querías? ¿Cómo está ella?
¿Volvieron? ¿Se separaron?,
pero, sobre todo, ¿Me extrañas?






10
Ya debería tener práctica en
eso de aguantarme las ganas de
llorar en público. La verdad
es que no. No puedo. Es por
eso que aún uso la excusa de
ir al baño para estar un
momento a solas.
Prometo lanzarme a los brazos
del próximo que me
trate como a una princesa, que
no piense que tratarme mal es
una forma de decir "Te quiero"




11
CENSURADO






12
CENSURADO




13
Son pocos los que saben lo que
significa para mi un abrazo,
lo que vale. Normalmente me
cuesta trabajo acercarme a la
gente. Tocar las manos de
alguien que no conozco puede
llegar a hacerme enojar. Pasa
muy seguido que rechazo o me
alejo de gente conocida, y lo
malinterpretan. No me gusta
que pase eso, como tampoco me
gusta que traten de tocarme
sin mi permiso. Si me pusieras
a pensar, a rebuscar en mi
pasado la razón psicológica,
sociológica de esto, te
respondería que no ----- te me
acerques.






14
CENSURADO


15
¿Qué es exactamente lo que
hace de un lugar cualquiera un
hogar? ¿Cuál es la diferencia
entre esta y cualquier otra
plaza? Sé que viniendo aquí me
arriesgo a encontrarme de
frente con los fantasmas de mi
pasado. Ya ha sucedido antes,
y tal vez lo hago a propósito.
Tal vez lo hago porque me da
miedo dejar atrás al pasado.
Podría nombrara a alguien que
quise por cada banca de este
lugar. Podría ->




16
señalarte los lugares en los
que he llorado, en los que he
reido, donde he dormido, el
billar en el que aprendí a
fumar, el lugar donde lo besé
por primera vez, donde aprendí
a alimentar a las palomas de
niña. Está aquí la casa de mis
sueños, la gente que conozco y
la que me falta por conocer.
¿Qué es lo que hace de un
lugar cualquiera un hogar? Te
diré algo; Me he mudado de
casa mil veces, y el único
lugar al que he podido
volver... está aquí.

lunes, 4 de abril de 2011

Sombras y razones


Fui una niña con déficit de atención en una época en la que esas cosas no existían. Uno podía ser tonto, loco o inteligente, no había más. Yo siempre fui tratada como retrasada mental. Fueron muchas las veces que mi mismo padre se esforzó por demostrar que yo no podría jamás ser inteligente. Y menos siendo mujer. No como mi hermano, no, nadie como mi hermano. Era él el que siempre tenía algo interesante qué decir, el que siempre sabía un truco nuevo, el que a los ocho años veía programas de ciencia y jugaba ajedrez. Y yo, yo era la bonita, la tontita, la niña tierna e ingenua; La hermana de Gabriel. Aún ahora en mi familia los roles no son tan diferentes. Cuando un tío me preguntó qué estudiaba, y yo le dije que artes visuales, obtuve un "¿Y eso con qué se come? ¿De qué piensas vivir?". Mira a Gabriel que pronto será geólogo, varios años antes de que tu siquiera entres en una escuela de verdad. Tal vez por eso me costó tanto trabajo aprender a creer en mi. Aún hoy cuando miro atrás me sorprende. Me sorprendo.

Aún tengo la costumbre de atribuir a otros mis logros, de dejar que los demás piensen que nada de lo que he hecho, lo he hecho por mi cuenta. Y a decir verdad muchas de las cosas que me festejaron cuando estudié artes no fueron completamente obras mías. Me tardé tal vez demasiado en entender que ese no era mi lugar, en darme cuenta de que tampoco ahí pertenecía. Por eso se siente tan bien cuando tomo una fotografía y alguien me dice "se ve bien, me gusta". Me hace sentir que encontré algo en lo que de ninguna manera jamás seré de nuevo la sombra de nadie. Por eso tengo que ser la mejor... cueste lo que cueste. 

sábado, 5 de marzo de 2011

Y si las fotos hablaran...

Las noches en que llueve y hace mucho calor; las primeras lluvias de la primavera. Las burbujas, cuando flotan, duran más de lo esperado y sin avisar, se rompen. Las nubes, los atardeceres rosas, y ese momento preciso en que el cielo es del mismo azul que mi azul favorito. Las gardenias, por su olor y su forma, y los tulipanes, por sus colores caprichosos y las formas curiosas de las puntas de sus pétalos. Las fotos viejas, y los tesoros antiguos de gente que no conocí. El olor del café, una buena taza de buen café, no cualquier café. Los músicos callejeros, cuando matizan con sus sonidos exóticos las calles de mi ciudad, Y las noches en que llueve y hace frío, y las tardes en que llueve y hay sol, y las mañanas que amanecen nubladas, con olor a lluvia. Y el olor de la lluvia. Y los colores de la lluvia. Los bosques, con todas su criaturas extrañas, sus colores, sus olores y sus sonidos. Y los cactus, y las plantas que huelen y las que no, las que tienen flores y las que no. ¿Porqué será que las quiero más a ellas que a los seres humanos?... y los perros en la calle que sonríen como si nada malo fuera nunca a pasar. Y los costales de granos que se dejan ser toqueteados, y la sensación que causa hacerlo. Y es que si las fotos transmitieran tacto...

Las calles de mi ciudad, cuando las espío sin que lo noten desde la ventana del autobús. Ir a toda velocidad en un coche descapotable, cantando y sabiendo que nadie más escucha. Y los rostros de los niños que aún no conocen sus propios nombres, cuando me miran hacerles caras mientras sus madres miran a otro lado. Y la comida, ese atún en hierbas extrañas de aquél lugar de Coyoacán. Y el sonido de los grillos en las noches en que llueve. Y las noches en que llueve y hace calor, dejar la ventana abierta y dormir arrullada por los grillos. Ay, y es que si las fotos tuvieran sonido...




No hace falta adivinarlo...
hoy llovió.

domingo, 20 de febrero de 2011

Sueños en renta

La casa de mis sueños está en renta. Es una casa blanca con azul, no demasiado grande. Cuando pasé frente a ella con mi novio, le señalé el letrero de "SE RENTA". Él sólo dijo "no me gusta", me cambió el tema. Claro que no sabe que es la casa de mis sueños. Muchas veces, desde muy niña, me dijeron que era demasiado soñadora, que se me pasa el tiempo soñando cuando debería estar viviendo. Y creo que es verdad, paso más tiempo soñando despierta que viviendo o soñando dormida. Nunca me molestó en realidad que ninguno de aquellos sueños nunca se hiciera realidad, nunca hice nada tampoco para hacer real nada de lo que soñé, siempre me quedó claro que en la vida, una cosa son los sueños y otra la realidad, y los sueños y la realidad, no se mezclan. Tal vez es por eso que nunca me puse a pensar en qué pasaría si un día tuviera la oportunidad de hacer realidad uno de esos sueños. La casa de mis sueños está en renta, y yo no me atrevo a saltar al vacío. Eso me lleva a preguntarme qué pasaría si llego a tener la oportunidad de vivir la aventura de mis sueños, de conocer al hombre de mis sueños, de encontrar el lugar de mis sueños, ¿Sentiría entonces estar saltando al vacío? ¿Cómo se supone que le hace uno para separar las fantasías de la realidad? ¿Qué carajo es la realidad a final de cuentas?
.
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Y... si el amor de mi vida es un imbécil?

jueves, 17 de febrero de 2011

Tiempos mejores

Si hay algo que extraño de la casa en la que vivía antes, es mi ventana, el poder dejarla abierta en las noches demasiado cálidas, dormir con el arrullo de los grillos, fumar ahí como si estuviera fuera de la casa. Estoy segura de que, si no nos hubiéramos mudado, yo nunca hubiera dejado de fumar. Esta semana descubrí que sí tengo una fotografía de la vista desde mi ventana, pero no es suficiente. Recordar no es volver a vivir. Es un poco frustrante esta ventana que ni siquiera se abre, aún si se abriera, los mosquitos harían imposible dormir aquí. Alguna vez me dije que ningún tiempo pasado fue mejor, que no tiene sentido vivir recordando, vivir en el pasado. Me gusta pensar que vendrán tiempos mejores, con mejores ventanas y mejores vistas. Tal vez incluso un pequeño balcón...

jueves, 6 de enero de 2011

home?

Recuerdo que cuando era niña, en la entrada de la primaria había un letrero que decía "Tu escuela es tu segundo hogar, cuídala". Yo nunca lo tomé en serio, pero ese pensamiento vino a mi cabeza hace un rato. Hoy es mi primer día en otra universidad nueva, en la que en teoría hay gente como yo, y me estaba preguntando si ese hecho es capaz de convertir un lugar en un segundo hogar. En tu opinión, ¿Qué es esa cosa que puede hacerte odiar o amar un lugar?, al menos hasta ahora, para mi, la escuela siempre fue una tortura. Pero bueno, tengo que ir a la escuela... deséenme suerte.