jueves, 18 de octubre de 2012

Hay cosas que nunca cambian?

Hace mucho que no escribo poesía. Lo intenté esta tarde y no lo logré. En los tiempos cuando dejé de hacerlo me conforté en saber que nunca fui buena, que aquello era una excusa para embriagarme en las noches cuando nadie tocaría a mi puerta. Y lo intenté no porque crea que escribir poesía me hace mejor que otros, como lo hacía antes. Tampoco por tratar de volver a esos pasados tormentosos que hoy poco a poco han ido quedando bajo polvo. No. Lo hice porque por un momento tuve la misma sensación de tener ganas de escribir algo fuera de lo ordinario, como si yo misma fuera algo fuera de lo ordinario. Como si por un momento aquella vieja amiga, musa de mi adolescencia, volviera para recordarme que hay cosas que nunca cambian. Y me estaba preguntando si es que es verdad que hay cosas que nunca cambian. Recordar mi pasado comienza a ser como mirar hacia atrás por un espejo, como si de pronto todo aquello se volviera aún más inalcanzable, aún más inconcebible, inimaginable. Como si no fuera más esa adolescente que cambió sus tenis rojos por unos morados para arrepentirse después. Como esta obsesión mía de ocultar mi edad cueste lo que cueste porque siempre, desde que tengo memoria, he odiado que se me trate como a una niña, y la contradicción de negarme a crecer o sentirme como se supone que se debe sentir un adulto, y dejar a la gente pensar que soy tan joven como aparento. Tal vez es verdad que hay cosas que nunca cambian, pero tal vez lo importante es que hay cosas que sí, que sí cambian.

viernes, 12 de octubre de 2012

Yo creo que sí

"Tengo un amigo que es como tú y como yo. No sé cómo acabó trabajando en una oficina... me pregunto si se dará asco en las mañanas..."

lunes, 1 de octubre de 2012

...

Ponerme a recordar me hace sentir vieja. No creo querer saber lo que es recordar y al mismo tiempo ser realmente vieja. Nadie fuma ya en casa, o nadie deja aquí sus cigarros. Recuerdo cuando podía fumarme sin problemas en un día una cajetilla, y que tenía escondidos cigarros en lugares de mi cuarto que a veces ni me acordaba. Era una niña en cuerpo de adulto, pensando que no era una niña del todo. No faltaba en esa época quién me invitara un café cuando me sentía sola, abrir el msn y ponerme en línea significaba atender seis ventanas de conversación al mismo tiempo. Tal vez era más bonita, tal vez es verdad que me estoy haciendo vieja. Cuando uno crece, crecen también sus ojos, se alejan del piso, y uno ve la vida de formas que antes jamás se le hubieran ocurrido.



Entré a msn otra vez buscando otro rostro que murió hace tiempo,
sólo para darme cuenta de que ya nadie usa msn.

Maquillaje

Me sobró tiempo en la mañana y no supe con qué llenarlo, me dio pena mi estuche de maquillaje ahí arrumbado por tanto tiempo y decidí abrirlo. Anduve el resto del día sintiéndome como payaso, con una máscara entre mi rostro y el mundo, con una máscara que sonreía cuando yo quise llorar. Me da por fumar de nuevo en estos días fríos de pocos amigos, la escuela me hace daño, yo lo sé. Me es más fácil sonreir cuando estoy de vacaciones. Últimamente se me ocurre que tal vez no debería quejarme de "lo sola que estoy", después de tantos años, viene a resultar que la verdad es que me gusta estar sola (lo que no significa que no me guste la compañía). Yo no sé lo que es ser normal, nunca quise serlo, nunca lo intenté. Mi profesor de no-sé-cómo-se-llama-esa-materia dice que lo normal en los grupos es que se ataque al que es diferente. Recordé que lo dijo un día antes de que me corrieran del equipo en que estaba trabajando, nada más por que sí, porque les caí mal, yo no sé qué les hice. Tal vez no les hice nada, tal vez dije algo que no querían escuchar, tal vez fui grosera sin quererlo, tal vez olvidé algo, tal vez... yo qué sé. Lo normal en mi vida es que no me lleve bien con las mujeres. Lo curioso de ese día es que un humano que antes me había llamado la atención comenzó a seguirme como perrito pensando que me sentiría sola, que me sentiría rechazada. Y tenía razón, pero también estaba equivocado. Desde entonces me sigue cada vez que salgo del salón, y comienza a volverme loca. Pasó también por esos días que me encontré con alguien con quien no esperaba encontrarme. Lo conocí en el CETI's, en esa escuela me mandaron a terapia, y la psicóloga me preguntó si me juntaba con él porque éramos amigos o porque "acompañábamos nuestras soledades". En esa época estaba convencida de que no me gustaba estar sola. Me maquillaba sólo de negro, pero nunca para ir a la escuela, y solía pensar que lo normal debía ser vivir con una máscara, intentando ser normal, intentando no ser yo, porque yo soy rara. Se llama Sergio esa sombra de mi pasado que va a mi salón de vez en cuando a saludarme. Yo no sé si hoy acompañamos nuestras soledades, sé que me gusta estar sola pero que con él, me siento un poquito más acompañada.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Sombras

Sergio. Se llama Sergio la sombra de mi pasado que de vez en cuando pasa a mi salón a saludarme. Me pone nerviosa, no acostumbro estar cerca de nadie que sabe quién soy/fui. Hay cosas que nunca cambian, y son precisamente esas las que no suelo mostrar a nadie. Acostumbro dejarme conocer sólo por los que sé que se irán pronto y por aquellos que prometen jamás irse. Lo normal en mi vida, es que todos pertenezcan al primer grupo. Suena triste, tal vez, pero a mi de cierta forma me gusta.
Laura, creo, fue la niña que culpable de que lo conociera. No sé si me pregunto qué fue de ella. En esa época todos éramos niños en cuerpo de adulto, queriendo ser grandes olvidando disfrutar ser jóvenes. Probablemente en realidad fui la única que hizo eso. Verlo de nuevo es como viajar en el tiempo, a uno de esos pasados tortuosos que preferiría no recordar. Y sin embargo saberlo cerca me es grato, siempre fue uno de esos amigos que supe que podía confiar en ellos. Pero aún así decidí darle la espalda como a tantos otros, como si fuera uno más, uno como cualquiera de esos otros. Me da por pensar que el pasado debe quedarse en el pasado, que las letras muertas, muertas deben quedarse, que no vale la pena hojear en archivo muerto porque siempre hay una buena razón para que las cosas sean como son. Yo no sé por qué es entones que me da por querer preguntarle si tiene tiempo de ir conmigo a tomar un café. Tal vez, sólo tal vez, hay rostros entre los muertos que vale la pena regresar a los vivos.

viernes, 31 de agosto de 2012

Forever alone

Pocas veces intenté agradarle a la gente. Siempre me ha parecido algo inútil, poco ético, más que nada falso. Las pocas veces que lo hice acabé tratando de ser alguien que no soy, me sentí como con sonrisa acartonada, riéndome de cosas que no me parecían graciosas. Decidí que debía acostumbrarme a no agradarle a la gente, después de todo, ellos tampoco me agradaban a mi. Y fue así, entre otras cosas, que me fui quedando sola. O casi sola, al menos. Es poca la gente que es como yo, la gente que entendería mis cosas raras de gente rara. Hace poco en mi familia me dijeron que habían hecho cuentas y decidieron que de los 3, yo era la más normal. Eso te deja pensando, no?. Tal vez si hubiera estado presente en la discusión habría podido argumentar por qué soy tan rara como ellos pero, la verdad, es que los hubiera dejado ganar. Tal vez es un poco reconfortante saber que ellos se sienten tan anormales como yo, pero eso de nuevo me deja viviendo entre dos mundos. Siempre ha sido así para mi: demasiado normal para ser rara, demasiado rara para ser normal. Demasiado tonta para ser inteligente y demasiado inteligente para ser tonta. Demasiado esto para ser lo otro y visceversa, y no se me ocurre pensar una cosa en mi vida en lo que no pase lo propio. Antes pensaba que era la adolescencia, ahora no sé qué pensar. Encontrarme con el mundo de la gente normal es un poco curioso, me hablan como si fuera uno de ellos, creo, porque me veo como uno de ellos, pero la verdad es que no los entiendo. He llegado a aceptar que la gente viene y se va, y no tiene mucho que me di cuenta de que hace tiempo que no me esfuerzo por encontrar gente que me agrade. Las mujeres no comprenden como alguien podría tener una rata de mascota y los hombres no comprenden como ser amigos de una mujer sin querer algo más. Y ha sido así, entre otras cosas, que me he ido quedando sola. Uno aprende a aceptar la soledad como parte de la vida, a mantenerse sereno cuando necesita ayuda y sabe que nadie vendrá, a saber que el otro siempre tendrá una buena razón para no estar ahí. Yo sé bien que soy una niña consentida a la que no le gusta estar sola, yo sé que nunca lo he estado.




Y, será que no es normal tenerle cariño a una rata?