miércoles, 7 de noviembre de 2012

Secretos

El número de mi cuenta de banco, cuando la tenga.
Las contraseñas de todos mis correos y cuentas en internet.
Los nombres de todos a quienes he besado.
La lista de las canciones que han marcado mi existencia.
Todo lo que pienso de algunas personas que conozco.
La lista de las mentiras que he dicho y siguen vigentes.
Las cosas que nunca le dije a aquél que no debe ser nombrado.
Una lista de el origen de cada una de mis tortugas.
Una USB con la historia de mi vida en txt.
La llave de mi baúl de tesoros.
Mi testamento.
La forma de desencriptar las cosas que escribo en clave.
Las cosas que escribo en clave ya desencriptadas...
... etc... etc...

Secretero

Lo abro y lo cierro una y otra vez, sólo para verlo por dentro, para saber que se abre y luego se cierra. Voy agarrando práctica. Nunca me había preguntado si tenía algún secreto, y me siento como adolescente observando mi cajita roja, con su "Budapest" escrito en la tapa y el tallado de la madera... me tiene fascinada. Y lo abro y lo cierro, y pienso, ¿Qué le voy a poner dentro? ¿Será que no tengo ningún secreto?... Enrrollé una tira de papel blanco y la puse ahí, debajo del espejo, en el rincón oscuro donde están mis secretos, que yo misma desconozco. Tal vez para mañana se me ocurra algo más creativo...




Gracias César!

La belleza de la muerte

O algo así se llama la película que me prestó un amigo, que es espiritual a medias, a pocos días de haber pasado día de muertos. Pocas ganas tengo de hablar hoy a cerca de la invasión gringa con su halloween y sus espectros del más allá, que no son necesariamente muertos. O de las ofrendas pseudo mexicanas que han caido en decadencia y en el olvido junto con muchos otros detalles de esta tradición tan muerta como el día de muertos. No, no quiero hablar de eso, no por no delatar mi ignorancia sobre el tema, sino porque ya de eso he tenido bastante estos días. Quiero hablar de los muertos, de mis muertos, y no sé por dónde comenzar. Tal vez por el primero, por mi papá, tal vez por el que más duele hoy, el de mi perrita, yo que sé. No sé, tal vez es que no es ese el tipo de muertos de los que quiero hablar, de esos no hay mucho ya qué decir, se fueron y hay veces que los muertos deben quedarse justo donde están los muertos, en el pasado. Podría ser de esa gente que ha quedado ya tanto en el pasado que ya uno no sabe si siguen vivos todavía, si el desgaste de la vida no ha hecho de las suyas. Me gusta pensar que están vivos, y que un día cualquiera caminando por la calle podría encontrarme con alguno, reconocer nuestros rostros y tal vez comparar lo que fue de nuestros destinos desde aquél pasado tortuoso en el que nos conocimos. Estadísticamente, es poco probable que te encuentres a alguien que marcó tu vida, alguien cuyo nombre no tome mucho tiempo recordar. Me pasó una vez, se llamaba Nefi Baron, un joven rubio y muy alto, no muy agraciado físicamente, que me dijo en su tiempo cosas que hoy sé que jamás se me olvidarán. Y yo no sé si me dolió que cuando me lo encontré de frente no sólo no me reconoció, sino que cuando intenté hablarle huyó de mi como si fuera algún tipo de loca persiguiendo desconocidos por la calle. Si, eso puede pasar. También puede pasar que por facebook uno encuentre gente que no se esperaba, gente de la que tal vez uno no hubiera querido volver a saber en la vida. Ha de tener poco más de un año ya que alguien de la secundaria me agregó a facebook, y a partir de ahí otros muchos me enviaron solicitudes. Las acepté todas y culpé a la curiosidad. Organizaron una reunión de la secundaria, lo que me sorprendió fue que me invitaron. Yo no sé si llamarle cobardía, ese afan mío de huir de los muertos no porque les tema... o tal vez... porque les temo más de lo que debería.

sábado, 3 de noviembre de 2012

I'ts no crime to scape!



Decidí que me cansé de estar esperando. Esperando que me llamen, que me confirmen, que tengan tiempo, me respondan el mensaje, les den permiso. Me cansé de quejarme de que desperdicio mi juventud. Porque soy joven y eso es lo que he hecho, desperdiciarlo.

Ya me voy, estaré en Coyo si me necesitas!

miércoles, 31 de octubre de 2012

Un ave

Qué curioso día eligió para morir, el ave que hace unos días cayó a mi patio con un ala sin plumas. Un treintaiuno de Octubre, cuando según dice cierta gente, se abren las puertas del más allá para dejar volver a los seres queridos. Tal vez, usando esa misma lógica, se encontró llendo contra corriente en una carretera que debería ser  estrictamente de un sólo sentido.

lunes, 29 de octubre de 2012

Volar con un ala rota

Solía creer que era posible, simplemente un día abrir las alas y volar, volar tan lejos como fuera posible, sin obedecer a la razón, ignorando las quejas de la prisa. Volar como si no hubiera mañana, volar con mi soledad porque sabía que nadie me acompañaría. En esos tiempos todo era más fácil, tal vez porque he decidido complicarme la vida, tal vez porque decidí que había en qué creer, por qué luchar, una buena razón para quedarme en casa esperando. Simplemente esperando. Solía empacar mi iPod, un sweter y los pocos pesos que pudiera tener, abrir la puerta e irme caminando a donde sea que el destino quisiera llevarme. Nunca me llevó muy lejos, y tal vez ese fue el problema desde el principio. De vez en cuando logro hacer que se me olvide ese tiempo que corroe mis ganas de salir a buscar aventuras. Hoy no es uno de esos días. Es uno de esos otros, en que me da por intentar romper las cadenas del tiempo, ignorarlo como si no hubiera consecuencias, ignorar esa vocecilla en mi cabeza que me recuerda que soy una persona responsable y ordenada, esa vocecilla que tanto fastidia cuando se me ocurre no hacerle caso, la misma que al volver a casa me recuerda porqué no debía haber salido y me repite "te lo dije", una y otra vez.

Un ave gorda

El otro día cayó en mi patio una tortolita a la que le falta un ala. Tenemos la teoría de que la atrapó un gato y escapó, pero dejando atrás muchas plumas. Se sienta junto a mi en silencio y me observa, no sé si me teme. Le di comida y se la acabó, pensé que por eso había venido. Le dí más y no comió pero tampoco se fue. Me pregunto si podrá volar de nuevo, en todo caso qué haré con él/ella si no. No me atrevo a enjaularla, si me acerco mucho me huye, y anda dejando por la casa regalitos de ave. Es así que sé que sigue aquí cuando no la encuentro en mucho tiempo. Mi hermano dice que también con él se queda quieta si no se le acerca mucho, me preocupa que les pierda el miedo a los humanos y alguno vaya a herirla, ya ves cómo son los humanos. Volteo a verla y noto que ella me observa a mi, todo el tiempo. Si no la hago hacer ejercicio pronto será un ave gorda gorda. Me preocupa que si sus plumas vuelven a crecer, pierda condición para volar de nuevo, y se quede en mi casa, gorda, pero querida. Y me preocupa eso también, que vaya yo a encariñarme con ella y un día resulte que sí pudo volar, llegar un día a casa y darme cuenta de que se fue sin despedirse, simplemente un día notar que ya no está.