Hay una niña de 15 años, pelo rosa y uñas negras, llorando, abandonada, herida, traicionada. Me pregunto qué fué lo que hice mal, y me respondo. Dejé que fuera muriendo poco a poco, después de tantas promesas, al final resulta que me dejé crecer. No leí el Principito suficientes veces, no fui capaz de dejarme tener faltas de ortografía. Y ahí está, la veo, burlándose entre lágrimas de mi patético intento de no verme como un godinez cualquiera llevando la bicicleta a la oficina. Me grita y me pregunta, ¿Por qué me has tracionado?
¿Qué fue lo que hicimos mal pequeña? ¿En qué lugar del camino se nos olvidaron las promesas? ¿Cuándo fue que se nos perdió la dignidad? Podría culparte, ignorarte, tratarte como a la niña que eres y decirte que no lo entiendes porque no eres un adulto. Lo que pasa es que tú nunca has tenido hambre, y entonces me dirás con tus ojos tristes de siempre que te prometí que nunca tendría miedo. Que sería libre. Que conocería el mundo, que me dejaría ser artisra, que seríamos felices. Hoy me marchito encerrada en una oficina, vestida de gris, quieta y en silencio, como sólo los adultos saben estar.
Hay una niña llorando, aquí dentro, muy muy dentro, que me pregunta una y otra vez si de veras dejaré ganar al hombre del traje gris. Y yo no quiero, no quiero, no quiero. No quiero que mis sueños queden sobre la repisa, tengo miedo. No quiero traicionarme, abandonarme, herirme una vez más, de maneras cada vez más creativas. Y el monstruo al que tanto temí no es más pequeño cuando me le acerco, esta vez, me ataca y muerde cada vez un poco más fuerte.
¿Qué hicimos mal pequeña? ¿Cuándo fue que le agarramos tanto miedo a la vida?
jueves, 22 de enero de 2015
domingo, 18 de enero de 2015
Hoy vi una jacaranda con flores. COn flores color violeta jacaranda. Y tuve por un momento la impresión de que tal vez era una señal, de que tal vez todo había terminado, de que tal vez todo va a estar bien.
No sé si puedo contra este mundo. No nací para este mundo, este mundo estúpido, ilógico, mal encuadrado. Yo no sé cómo es que no se dan cuenta, como es posible que sen tan idiotas, cómo pueden creer que este mudno está bien así como está. Son simios amaestrados que caminan en dos patas y se creen mejores porquecreen que saben sumar dos mas dos. Son pendejos, todos ellos, son ciegos ignorantes, retrasados mentales, necios desalmados irracionales egoistas, son todo lo que desprecian y no son capaces de darse cuenta. Son ellos todo lo que odian y odian como i no hubiera un mañana. Y yo no quiero vivir en este mundo. Ya no quiero vivir en este mundo. Este mundo no srve. Hay que tirarlo a la basura y empezar de nuevo. Hay que tirarlo a la basura y caer en cuenta por fin de que la existencia es un error.
No sé si puedo contra este mundo. No nací para este mundo, este mundo estúpido, ilógico, mal encuadrado. Yo no sé cómo es que no se dan cuenta, como es posible que sen tan idiotas, cómo pueden creer que este mudno está bien así como está. Son simios amaestrados que caminan en dos patas y se creen mejores porquecreen que saben sumar dos mas dos. Son pendejos, todos ellos, son ciegos ignorantes, retrasados mentales, necios desalmados irracionales egoistas, son todo lo que desprecian y no son capaces de darse cuenta. Son ellos todo lo que odian y odian como i no hubiera un mañana. Y yo no quiero vivir en este mundo. Ya no quiero vivir en este mundo. Este mundo no srve. Hay que tirarlo a la basura y empezar de nuevo. Hay que tirarlo a la basura y caer en cuenta por fin de que la existencia es un error.
miércoles, 24 de diciembre de 2014
La ardilla en la pared
Encontré una ardilla escondida sobre los libros que planeo regalar o vender, envuelta en un pedazo de gamuza azul, ahí, haciendo polvo en su rincón. Y me dio por limpiarla, devolverle su luz. La recuerdo colgada en no recuerdo qué pared en alguna casa de las tantas que he habitado, recuerdo también el día en que tuve que rescatarla de las ideas de mi madre de deshacerse de lo viejo para dar lugar a lo nuevo. Y no me había dado cuenta de que estos días he estado haciendo justo lo mismo con una voz detrás de mi que me dice "No, un día podrías volver a usarlo". No se trata de deshacerme de las cosas ni de los recuerdos, sino de avanzar hacia el futuro libre del pasado. No sé si abandono o simplemente perdono, perdono mi pasado, perdono mis errores, me libero de las cosas que creí ser pero hoy no estoy tan segura. No estoy segura de quién soy y ese es el problema. Tal vez sin tantas cosas qué cargar tenga una visión un poco más clara, más ligera. Y sin embargo me encuentro a mi misma limpiando la ardilla de la pared, ¿Qué simboliza más las ataduras con el pasado que una figurilla inútil y vieja que me hace llorar cuando paso el pincel por los pliegues?, me acordé tanto de mi madre, supongo que la entendí de cierta manera. ¿Pero qué se supone que deba sentir cuando es ella a quien busco dejar atrás?, mi infancia, mi adolescencia, mis recuerdos por valiosos o insignificantes que sean. Me hacen falta cajas, bolsas negras, para esconder lo que dejo atrás y evitar la tentación de regresar uno que otro libro a la repisa, para evitarme la pena de ver los rostros tristes de mi pasado saliendo de mi casa.
Me siento como flotando en el limbo, ya no habito esta casa que siempre sentí ajena, que nunca me atreví a decorar por miedo a construir demasiado en un lugar que sabía nunca sería mío. Y no entiendo a los que han vivido siempre en el mismo lugar, estoy segura de que no están concientes de la cantidad de cosas que van cargando a cuestas, que consumen su energía sin que se den cuenta. Y recordé de nuevo a mi madre cuando alguna vez me dijo "uno nunca sabe lo que tiene hasta que se cambia de casa". Y seleccionar de mi pasado lo que se va y lo que se queda ha sido un proceso de autoconocimiento muy interesante. Descubrí que le tengo tanto miedo al mundo exterior que escondo lo más que puedo al grado de que yo misma no sé quién soy, y que le tengo tanto miedo a mi interior que no soy capaz de sacar las cosas de sus repisas para descubrir qué tanto dejé detrás. Y es por eso que quiero tirar tanto a la basura, tengo tantas cosas que es inevitable que muchas se queden detrás de otras, escondidas de mi misma y del mundo. Estoy cansada de eso, estoy cansada de todos los libros que mis dos padres atesoraban y cuidaban, de tantas cosas viejas que los definieron a ellos y que ahora me hastía que me definan a mi, que no me dejan ver qué hay detrás, qué hay donde no hay nada y soy yo en esencia.
Pero, ¿Qué hago con la ardilla de la pared? ¿Debería fríamente mandarla a las bolsas negras entre los rostros tristes?, ella no lo merece, es bonita y siempre me ha inspirado cariño. Y sin embargo tal vez mi madre tenía razón y tendría que haber dejado la casa hace ya muchos años. Pero la veo ahí, tendida sobre el restirador, con qué trabajo está modelada y pintada, es tan vieja que seguramente fue hecha a mano, es hermosa. Me sorprende, y un trabajo así no debería jamás romperse, recuerdos como ese deberían abrazarse, cuidarse como parte de uno mismo, hay recuerdos bellos que nos definen, e historias tristes que nos enseñaron a ser quienes somos. Te dicen "toma lo bueno y olvida lo malo", pero es en lo malo donde están las lecciones más valiosas, las que mejor se instalaron en el corazón, las enseñanzas que jamás olvidaremos. Me pregunto si es por completo inevitable que el pasado nos defina. Pero no puedo evitar sentir que no debería darle tanto valor, que las cosas son solo cosas como decía mi madre y debemos tratarlas como tal. Y que la ardilla no vale nada, que es sólo una ilusión, que el tiempo no existe y la ardilla existirá siempre tal cual como existe ahora, con sus ojos negros parecen mirarte, abrazando su bellota como diciendo "es mía y no dejaré que te la lleves".
Yo creo que es hora de irme, que ya no tengo tiempo de esconderme ni de hojear páginas muertas del pasado ni de no saber quién soy. Tal vez mis tenis rojos, tan nuevos y tan viejos, sean quienes me señalen el camino de regreso a casa.
Me siento como flotando en el limbo, ya no habito esta casa que siempre sentí ajena, que nunca me atreví a decorar por miedo a construir demasiado en un lugar que sabía nunca sería mío. Y no entiendo a los que han vivido siempre en el mismo lugar, estoy segura de que no están concientes de la cantidad de cosas que van cargando a cuestas, que consumen su energía sin que se den cuenta. Y recordé de nuevo a mi madre cuando alguna vez me dijo "uno nunca sabe lo que tiene hasta que se cambia de casa". Y seleccionar de mi pasado lo que se va y lo que se queda ha sido un proceso de autoconocimiento muy interesante. Descubrí que le tengo tanto miedo al mundo exterior que escondo lo más que puedo al grado de que yo misma no sé quién soy, y que le tengo tanto miedo a mi interior que no soy capaz de sacar las cosas de sus repisas para descubrir qué tanto dejé detrás. Y es por eso que quiero tirar tanto a la basura, tengo tantas cosas que es inevitable que muchas se queden detrás de otras, escondidas de mi misma y del mundo. Estoy cansada de eso, estoy cansada de todos los libros que mis dos padres atesoraban y cuidaban, de tantas cosas viejas que los definieron a ellos y que ahora me hastía que me definan a mi, que no me dejan ver qué hay detrás, qué hay donde no hay nada y soy yo en esencia.
Pero, ¿Qué hago con la ardilla de la pared? ¿Debería fríamente mandarla a las bolsas negras entre los rostros tristes?, ella no lo merece, es bonita y siempre me ha inspirado cariño. Y sin embargo tal vez mi madre tenía razón y tendría que haber dejado la casa hace ya muchos años. Pero la veo ahí, tendida sobre el restirador, con qué trabajo está modelada y pintada, es tan vieja que seguramente fue hecha a mano, es hermosa. Me sorprende, y un trabajo así no debería jamás romperse, recuerdos como ese deberían abrazarse, cuidarse como parte de uno mismo, hay recuerdos bellos que nos definen, e historias tristes que nos enseñaron a ser quienes somos. Te dicen "toma lo bueno y olvida lo malo", pero es en lo malo donde están las lecciones más valiosas, las que mejor se instalaron en el corazón, las enseñanzas que jamás olvidaremos. Me pregunto si es por completo inevitable que el pasado nos defina. Pero no puedo evitar sentir que no debería darle tanto valor, que las cosas son solo cosas como decía mi madre y debemos tratarlas como tal. Y que la ardilla no vale nada, que es sólo una ilusión, que el tiempo no existe y la ardilla existirá siempre tal cual como existe ahora, con sus ojos negros parecen mirarte, abrazando su bellota como diciendo "es mía y no dejaré que te la lleves".
Yo creo que es hora de irme, que ya no tengo tiempo de esconderme ni de hojear páginas muertas del pasado ni de no saber quién soy. Tal vez mis tenis rojos, tan nuevos y tan viejos, sean quienes me señalen el camino de regreso a casa.
Yo sé que es hora de volar, y los libros pesan demasiado.
Pero, ¿Qué hago con la ardilla en la pared?
miércoles, 10 de diciembre de 2014
Empacar la vida
Contemos.... 1... 2... 3... 4... 5... 6... .... sí, en mi vida me he mudado 6 veces. Y 7 es un buen número, es un número importante, es mi número favorito. Comenzaré por empacar las tortugas, antes, a cada una le tomaré una foto. Y lo haré no porque me vaya justo en este momento, empaque mis tortugas y les enseñe a volar, sino como un símbolo de que la casa en la que habito ya no es más mi casa. Volaremos pronto, sí, y me gusta pensar que comenzaremos una linda aventura. Tendrán una tabla más grande, donde quepan sin amontonarse, y tal vez una vitrina. Espero que no sean sólo ellas quienes estén más cómodas allá donde sea que vayamos a volar, espero que allá los cielos sean azules y haya más locos como yo que quieran volver a sentirse perros. Y quiero creer que mis alas son fuertes ahora y libres como nunca antes lo han sido. Volaré aunque no lo sean, volaré. Pero justo ahora no puedo evitar llorar de pensar en cómo será cuando mi hermano y yo nos repartamos lo poco que queda de una infancia feliz que se fue haciendo pedazos a golpe de muertes, de ausencias y de bolitas de papel. Cómo será cuando al fin en la puerta y con el camión listo nos demos un abrazo y volemos cada quién hacia su cielo, solos como nunca hemos estado antes. Tengo miedo, sí, pero le llamaré vértigo a esta adrenalina de comenzar una historia nueva, una historia donde sólo yo tenga papel y letras. Es triste, no lo negaré, ver una vez más, otra vez y hasta el cansancio, cajas de cartón que encierran todo aquello que por ahora creo ser. Pero ya veré cómo es que va saliendo la vida, por ahora tendré fé, y saltaré al vacío.
iztapalapa 1
1
iztapalapa 2
2
coyoacán
3
san pedro
4
villa coapa 1
5
villa coapa 2
6
huipulco
miércoles, 19 de noviembre de 2014
Como los árboles
Hay un algo que no termina de irse por completo. Un algo que duele, se acurruca en mi pecho y se niega a dejarme en paz. Sin embargo tropiezo con mis propios pies, me tambaleo, pero ya no caigo, no por completo. Este invierno no podrá vencerme. Me sé fuerte y sin embargo a veces me pregunto cuándo será el día, si llegará el día, en que me sienta de nuevo completa y feliz como creí sentirme alguna vez. Y no, no me considero desdichada. Es sólo que vivo con una sombra que me acecha y ataca si me descuido. Vivo en una lucha constante por mantenerme de pie, y cuando se gasta tanta energía en nada más levantarse de la cama, ya no quedan muchas ganas de hacer muchas otras cosas. ¿Pero qué le voy a hacer?, aquí sigo, de pie, como los árboles. De vez en cuando y por momentos tengo un poco de alivio, ya sea en sus brazos o en algún trance esporádico jugando con mis pinturitas. Salgo, río, tengo amigos, incluso a veces me divierto. Pero no tardo en darme cuenta de que la sombra sigue ahí, acechando. Es un perro negro y grande que ladra y si me descuido muerde. Pero no, yo sé que no podrá vencerme.
martes, 11 de noviembre de 2014
Te amo
Por el amor y cuidado que te veo poner en las cosas que haces, por que no necesitas lujos ni vanalidades para ser feliz, por que contigo me siento libre de ser yo, por que amo cómo sonríes cuando bailas, por que sabes jugar como niño, por la ternura que siento cuando te veo dormir, la confianza que me da sentirme desnuda frente a ti, por que antes de saber de tu existencia ya era tuya una parte de mi alma.
domingo, 9 de noviembre de 2014
If my life is for rent and i dont learn to buy, then i deserve nothing more than i get, nothing i have is truly mine
cómo ahogar el llanto cuando es él quien te ahoga a ti?
ahoga las palabras y las ganas de compañía
Hay cosas que ya no valen cuando tienen que rogarse.
Llega un punto en la vida en el que ya no sirve de nada esconderse en cajas de cartón, simplemente porque ya no existen cajas de tu tamaño.
Alguna vez has tenido esa sensación de haberlo perdido todo?
de estar completamente solo en el mundo?
o de querer estarlo.
o ese punto en el que ya no sabes si lo que quieres es que alguien acompañe tus lágrimas o que tengan la decencia de dejarte llorar en silencio.
Alguna vez has querido rendirte?, simplemente borrarte de la existencia.
simplemente nunca haber existido.
Alguna vez te has arrepentido de haber nacido?
Vivir duele, crecer duele más.
Te has parado frente al espejo y no has sido capaz de reconocer tu rostro?
Alguna vez te has sentido homeless?
hopeless.
heartless.
ahoga las palabras y las ganas de compañía
Hay cosas que ya no valen cuando tienen que rogarse.
Llega un punto en la vida en el que ya no sirve de nada esconderse en cajas de cartón, simplemente porque ya no existen cajas de tu tamaño.
Alguna vez has tenido esa sensación de haberlo perdido todo?
de estar completamente solo en el mundo?
o de querer estarlo.
o ese punto en el que ya no sabes si lo que quieres es que alguien acompañe tus lágrimas o que tengan la decencia de dejarte llorar en silencio.
Alguna vez has querido rendirte?, simplemente borrarte de la existencia.
simplemente nunca haber existido.
Alguna vez te has arrepentido de haber nacido?
Vivir duele, crecer duele más.
Te has parado frente al espejo y no has sido capaz de reconocer tu rostro?
Alguna vez te has sentido homeless?
hopeless.
heartless.
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