lunes, 9 de junio de 2014

Tremors

Todo es tan sencillo. Tomas un lápiz, escribes lo que quieres decir, lo redactas. Siguiente tema. Terminas. Luego tomas el teléfono, preguntas, te responden: sí, no. Investigas de otro lugar, llamas, preguntas. Te vas en bici a hacer los pagos. Regresas, compras comida para peces. Llegas al restirador, pintas, pintas y pintas. Tomas el teléfono, llamas. Todo es tan sencillo, cuando tus manos no están temblando demasiado para tomar el maldito lápiz, cuando no puedes articular una maldita palabta, cuando sabes que pronto todo temblará. Como tus manos.

jueves, 5 de junio de 2014

Para que no se me olvide quién soy

Me gusta el morado porque es la mezcla de dos colores que se contradicen. Amo las contradicciones, y mi mes favorito es septiembre, porque también lo odio. Como esquites sólo por el caldo, y es lo único que me gusta sin queso. Amo mi bicicleta porque es lo más cerca que he estado nunca de sentir que vuelo. Casi todas mis cosas importantes tienen nombre y les digo por su nombre en lugar de decir el nombre del objeto. Me gustan las cosas divertidas pero creativas, no las que dicen que son divertidas pero son tontas. Jamás me verás entrar a un antro, ni por accidente, pero algunos bares son divertidos. No hay nada que ame más que el agua, en cualquiera de sus presentaciones, y amo que llueva cuando salgo a andar en bici. Cuando compre una casa, no quiero sea una sin alberca. Digo mentiras de vez en cuando porque me da miedo que los que me conocen vean mi lado oscuro. Mi lado oscuro también es divertido. Me gustan cantar pero hacen falta unas cervezas para que lo haga en público. No me gustan las canciones que no puedo cantar. Cuando era niña, mi mamá decía que soy una flor, porque a cada rato se me paraban encima colibríes y mariposas. Me divierte encontrar errores de ortografía y criticar todos los diseños que veo. Sé que soy bonita, pero cuando me siento triste no me gusta lo que veo en el espejo. Muerdo. Todavía fumo de vez en cuando y siempre me arrepiento. Sólo fumo cuando me siento triste, pero también me gusta tomar cuando me siento bien y no me gusta tomar sin fumar. Uno de mis mayores traumas es que cuando tenía diez años casi llegué a la cruz del marquesado en el Ajusco, pero me quedé a 100 metros por tonta. No puedo dejar de meditar porque me deprimo. Cuando era niña nunca jugué con otras niñas, sólo con niños, y hasta la fecha no entiendo a las mujeres. Me choca usar maquillaje pero lo hago cuando me siento insegura. Me gusta sentirme ignorante porque así no reconozco mis límites y me hace sentir que no los tengo, y cuando los descubro me gusta romperlos. Me encanta hacer las cosas que la gente normal dice que no deben hacerse, muchas veces nada más por joder, por eso puse una canción de Deff leppard en el funeral de mi mamá. Casi nunca me enojo, pero no quieres verme enojada. La razón por la que pinto y no estudié música es porque siempre sentí que la voz de la guitarra era triste y los colores hacen sonreir. Los dos aromas que más amo en el mundo son el de la lluvia y el de las gardenias. Cuando era niña mi mamá me llevaba gardenias para mi recámara. Odio, odio, odio, odio pisar caracoles cuando salen en la lluvia. Cuando era niña quería ser veterinaria, cuando caí en cuenta de que es ver animales enfermos quise ser bióloga, luego quise aprender música y viajar por el mundo con mi guitarra. Siempre pensé que mi mamá no me conocía y cuando murió me enteré de que sabía todo de mi. Me es más fácil comunicarme con plantas o animales que con seres humanos. Me gusta dar abrazos pero es poca la gente que tolero cerca de mi. Siempre en navidad hago una sopa que nunca he probado. Cuando era niña mi familia pensaba que tenía retraso mental porque no podía hablar bien, de hecho, no pude hacerlo hasta por ahí de los 20. Siempre he estado obsesionada con volar, y siempre me he culpado por no tener el valor de intentarlo.

viernes, 23 de mayo de 2014

Una lluvia de estrellas más

Me es difícil no dejarme caer. Un día de descanso es una buena excusa para dos días de descanso y dos días son suficientes para perder la rutina. Me caen mal las rutinas per me culpo de no seguir las que yo intento imponerme. Me culpo por muchas cosas, me culpo de haberme dejado caer. Podría ser peor, me digo, pero mi cabeza no logra rearmar los pedazos para recontinuar con esa vida feliz y estable que mantuve por unos meses hace unos años ya hora se ve tan lejana. Me siento regresando a mi adolescencia, esos días en que era incapaz de levantarme de mi cama y hacer algo por mi misma, incapaz de ordenar mi restirador y sacar un papel con su pedazo de carbón. Lo que sea, cualquier cosa. Mantengo el desorden en mi recámara porque no haré nada de todas formas y no hago nada porque el desorden no me deja. Siempre es más fácil escapar, me gustaría que mis escapes fueran algo más productivos. Me siento encerrada en esta vida, en mi recámara que antes fue mi refugio. Me siento invadida de realidad. Invasiones que poco a poco se van haciendo costumbre. Y me culpo por acostumbrarme a ceder, a reemplazarme con una marioneta que ya no sabe cómo decidir de qué color quiere vestirse hoy. Tengo que escapar, tengo que romper todo lo que soy para reinventarme, necesito morir para renacer después. Necesito morir ahora.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Regresiones. Un nombre para la guitarra.

Cuando era más joven soñaba con largarme con mi guitarra en su estuche a cualquier lugar, no importaba a dónde, yo quería volar. Tiempo después llegué a la conclusión de que esos eran sueños de adolescente y de que pensar así era peligroso. Y me odié a mi misma, me odié por dejarme madurar. Y odié al hombre del traje gris que amenazaba con condenarme a la oficina, a mirar el reloj fijamente hasta las nueve de la noche, perdiendo el tiempo, jugando a ser adulto. Jugando a madurar. Y le temí, aún lo hago. Curioso, a veces siento que no hay nada que tenga que decir y otras veces soy un río de palabras que se desborda, que se queda sin mares para desembocar. Y otras veces las palabras se deforman en mi boca que pretende retener el llanto. Así ha sido como estos días ha ido ganando el silencio. Dicen que los hijos están biológicamente diseñados para ver morir a sus padres, pero se sabe también que no es fácil, que no importa cuánto se llore siempre habrá más pequeños detalles para extrañar, más allá de la necesidad, más allá de las recetas de cocina y las meditaciones complicadas. No es fácil dejar ir, pero siempre es necesario. Y yo me siento en un rincón con la guitarra de mi madre a escucharla pensando que es su voz que me aconseja, que me cuida. Me distraigo y me doy una excusa para levantarme por las mañanas. No importa el dolor de muñeca y de dedos, me conforta. Me lleva de regreso a mi adolescencia tormentosa pero libre, ahora ajena. ¿Quién soy yo para negarme?, me atrapa, me condenan sus cuerdas a vivir esta vida que me queda, me condena a sonreir y hacerme pensar que soy de alguna manera más libre que hace un mes. Pero ya no sé si quiero esta libertad, no sin su consejo, sin su cariño. Y me condeno a escuchar sus notas aún sin conocerlas porque es su voz, sus fotos de joven, sus aventuras. Su inteligencia y sobre todo su sonrisa. Es por eso que me es tan difícil nombrarla, sería demasiado llamarla Lorena, demasiado poco cualquier otra cosa.

jueves, 1 de mayo de 2014

Mamá

A veces todavía espero que por alguna razón misteriosa, inexplicable, te levantes de la cama brincando, que de pronto te sientas mejor y tengas hambre y comas y sonrías como antes. Tu sonrisa siempre me dio fortaleza, confianza. Nunca te dije cuánto te admiro. Cuando era niña quería ser como tú, me esforzaba por imitarte. Luego oí por ahí que los jóvenes reniegan de sus padres, y yo pensé "No, yo no, yo quiero ser como ella". Lo que me tomó unos años fue descubrir que no tenía que esforzarme para parecerme a ti, que aprendí más de ti de lo que pretendiste enseñarme pero menos de lo que me hubiera gustado.Creo que siempre creí que estarías ahí toda mi vida para darme consejos, que tú me enseñarías a criar a mis hijos como me criaste a mi. Yo sé que te arrepientes de cómo me educaste, de las cosas que me enseñaste, pero tampoco te dije lo mucho que te agradezco por darme la oportunidad de ser yo misma, me enseñaste a confiar en mi más que nadie que pudiera dar órdenes y que no siempre es la "gente importante" quien tiene la razón. La persona más inteligente que conocí en mi vida no terminó la preparatoria y fue capaz de llegar más lejos que muchos otros. Pero, más allá de eso, fue esa capacidad de amar inigualable, incondicional, infinita. Me enseñaste que las ratas saben más de amor que los seres humanos y también me enseñaste a amar como rata. No creo que haya nada más importante que eso.

Es fácil desilusionarse de este mundo y entiendo la decisión que tomaste. Nunca te culpé por nada, cada detalle de esta vida tenía que haber sido como fue para que hoy yo sea quien soy, y lo agradezco. Yo sé que hiciste lo mejor que pudiste y no hay nada que yo hubiera querido diferente. Cuando hiciste no sé qué meditación para acortar la línea de tu mano yo creí que acortarías unos pocos años, que aún conocerías a tus nietos, que no era posible alterar tanto la vida. Pero tú tuviste ese poder y creí también que tú tendrías el poder de deshacerlo, de escuchar las palabras de los que te dijeron que podías alimentarte de prana, pero fue tu decisión no hacerlo, y no te culpo, aún cuando no puedo decir que no voy a extrañarte. Yo sé que siempre me harás falta, que nunca dejaré de amarte y que te seguiré viendo cada vez que me vea en el espejo. Sé también que esta vida es pasajera y que probablemente pronto seremos ratas juntas y seremos amigas, hermanas, madres, hijas varias veces más.

miércoles, 30 de abril de 2014

Manifiesto

Manifiesto
Sobre la muerte
Sobre mi muerte

Moriré sana, fuerte y lúcida de un paro cardiaco inexplicable mientras duermo en mi cama.

Moriré antes que mi hija y despues de escribir muchos libros y vender muchos cuadros.

Morire en una casa digna y limpia, abundante en amor, felicidad y comida

Moriré el día que Dios quiera. Evitaré toda acción, palabra y pensamiento que pudiera intervenir en ese proceso.

martes, 29 de abril de 2014

Te soñé

La recámara era de madera y cristales, grande, muy sencilla pero a la vez muy elaborada. Era mi recámara, tenía baño con jacuzzi y un techo doble a lo mínimo de altura. El baño tenía altura normal y sobre el techo de éste había un estudio, computadoras, restirador, escritorio. Yo estaba en la cama cuando llegaste, acostada, mi yo del futuro te llamó pero antes me escuchaste a mi. Tenías la piel blanca, no demasiado blanca, y unos cachetes que podría haber usado de almohadas. Unos ojos enormes, oscuros, como dos almendras gorditas, brillantes. Tenían un brillo conocido, un "algo" especial, y una mirada triste, como la mía. Sobre tus hombros caían caireles negros y brillantes, largos hasta la cintura, resortitos que se movían con tu pequeña cabeza, como volando, cuando volteaste hacia mí. Una nariz pequeña y redondita como todas las narices de niña y labios rosas. Te pregunté cómo te llamabas, me dijiste que Lorena Isabel.