sábado, 16 de abril de 2011

Sobredosis de realidad

¿Por que escribo? Es una de esas pocas cosas que no me cuestiono. Escribo y ya, fin de la historia. Alguna vez mencioné que era porque esta realidad me aburre. Escribir la hace más interesante. Pero, qué chiste tiene si lo que escribo no es real?. No cambia lo aburrido de mi realidad. Quisiera poder decirte que me siento atrapada. Que contigo no hay bolas de fuego en el cielo, no sueños nuevos ni fantasías ni sorpresas. Que contigo todo es realidad. Qusiera que supieras lo que se siente querer hacer algo loco, algo imprudente, inesperado y tal vez hasta peligroso. Me encantaría que supieras lo que para mi significa estar viva. Para ti todo debe estar agendado, y si no, si no hay un plan, no puedes hacer nada. Me gustaría que entendieras lo que es espontaneidad, que hubiera forma de explicarte por qué a veces me gustaría que fingieras que no hay mundo alrededor de nosotros. Eres perfecto. Sin defectos. Pero contigo todo es tan real. Demasiado real.



whatever words I say... I will always love you

lunes, 11 de abril de 2011

Baby hummingbird

Mujeres

Nunca me vi a mi misma como una persona sociable. Eso ya todo el mundo lo sabe y lo he dicho antes. Siempre he preferido el canto de los grillos sobre las voces de los humanos. Los humanos me hacen sentir incómoda, y que yo recuerde siempre ha sido así. Lo que siempre me ha parecido curioso es que piensen que me gustan las cosas de esa manera y que yo lo quiero así. Tampoco puedo decir que sea lo contrario, no me desagrada ni trataría de cambiarlo. Los humanos me atormentan, me complican la vida, y en particular las mujeres me causan problemas; Nunca he encontrado una que me entienda, a excepción de mi madre, pero siendo mi madre no cuenta. Si bien me di el tiempo de comprender sus protocolos, sus códigos, la forma en que tratan entre ellas y se comunican, la forma en que reaccionan en ciertas circunstancias, un poco de la forma en que piensan y ven la vida, nunca logré convivir con una. Se burlan de mi diciendo que las trato como objetos de estudio más que como seres humanos, como amigas. No es muy diferente de cómo trato a los varones cuando todavía no llego a conocerlos bien. Los pocos que me conocen sabrán, o deberían saber, que hay una serie de requisitos que deben cumplir para ser considerados mis amigos; Nunca he encontrado nada parecido en una fémina. Podría llamarle desconfianza y pocas ganas de cambiar,  digamos evolucionar, lo que me mantiene creyendo que las mujeres, para mi, son y siempre serán objetos de estudio. Y muchas veces me he sorprendido usando esas artimañas que son típicas de las mujeres,  manipulando gente, usando esos beneficios de los que una mujer goza por el simple hecho de ser mujer. Lo soy y estoy orgullosa de ello, y esa podría ser una de las razones por las que encuentro tan inquitante el no poder convivir con ellas.

Muchas veces en mi infancia llegaron a compararme con un niño; jugaba con mi hermano con pelotas en lugar de aprender a peinarme y maquillarme, hacía aviones en lugar de jugar a "la comidita", me regalaban bolsas de mano de juguete y yo las usaba para guardar carritos de juguete. Y de eso culpo en parte a mi hermano, aunque he de decir que de ninguna manera me arrepiento. Tal vez podría decir que me avergüenza un poco el hecho de que aprendí a peinarme a los doce años, y eso porque un día me vi obligada o más bien me obligaron; Yo nunca vi necesidad de tal cosa. Y claro, como consecuencia el resto de las niñas me trataba como si yo fuera diferente. A veces creo que en realidad fui diferente, y que eso me dejó marcada por el resto de mis días. No diría que me arrepiento, claro que no, pero tampoco lo agradezco. Mientras que por un lado este escenario me dio la capacidad de ver las cosas desde un punto de vista diferente, también me hizo ser un alien; Como ha sido siempre, en muchos aspectos de mi vida, no pertenezco ni a un mundo ni al otro. Tal vez nunca lo haré.

lunes, 4 de abril de 2011

Sombras y razones


Fui una niña con déficit de atención en una época en la que esas cosas no existían. Uno podía ser tonto, loco o inteligente, no había más. Yo siempre fui tratada como retrasada mental. Fueron muchas las veces que mi mismo padre se esforzó por demostrar que yo no podría jamás ser inteligente. Y menos siendo mujer. No como mi hermano, no, nadie como mi hermano. Era él el que siempre tenía algo interesante qué decir, el que siempre sabía un truco nuevo, el que a los ocho años veía programas de ciencia y jugaba ajedrez. Y yo, yo era la bonita, la tontita, la niña tierna e ingenua; La hermana de Gabriel. Aún ahora en mi familia los roles no son tan diferentes. Cuando un tío me preguntó qué estudiaba, y yo le dije que artes visuales, obtuve un "¿Y eso con qué se come? ¿De qué piensas vivir?". Mira a Gabriel que pronto será geólogo, varios años antes de que tu siquiera entres en una escuela de verdad. Tal vez por eso me costó tanto trabajo aprender a creer en mi. Aún hoy cuando miro atrás me sorprende. Me sorprendo.

Aún tengo la costumbre de atribuir a otros mis logros, de dejar que los demás piensen que nada de lo que he hecho, lo he hecho por mi cuenta. Y a decir verdad muchas de las cosas que me festejaron cuando estudié artes no fueron completamente obras mías. Me tardé tal vez demasiado en entender que ese no era mi lugar, en darme cuenta de que tampoco ahí pertenecía. Por eso se siente tan bien cuando tomo una fotografía y alguien me dice "se ve bien, me gusta". Me hace sentir que encontré algo en lo que de ninguna manera jamás seré de nuevo la sombra de nadie. Por eso tengo que ser la mejor... cueste lo que cueste. 

Maquillaje

No tiene mucho tiempo que descubrí que, si me maquillo, la gente me trata diferente; Me miran a los ojos cuando hablo, me toman más en cuenta, escuchan lo que digo. Nunca comprendí esa obsesión que tienen las mujeres con el maquillaje, siempre me pareció banal, antinatural, superficial. A decir verdad todavía no lo entiendo. No entiendo al ser humano. A veces siento que, maquillándome, voy en contra de todos mis principios, que abuso de una vanidad que no comprendo y a veces, maquillada, me siento como un  payaso. Es tal vez por eso que me duele tanto que gente que me importa, que no está acostumbrada a verme así, me diga que de hecho me veo como un payaso. Y no me maquillo para cualquiera.



Nunca me sentí a gusto en este mundo, nunca me sentí parte de nada,
 y últimamente me he estado preguntando por qué será.

martes, 29 de marzo de 2011

Extrañando...te

Extrañamos cosas que no deberíamos extrañar. Cierto. O extrañamos cosas que sabemos que no tiene caso extrañar, cosas a las que sabemos no tiene caso volver. Extrañamos cosas que se han vuelto más ecos, costumbre arraigada, sin avisar ni pedir permiso. Extrañamos no porque queramos sino porque así pasa. Y así pasa aún cuando no queremos.





Con esta entrada, tengo la misma cantidad de entradas del 2010 que del 2011. Eso qué significa?